26/05/2026
El lunes después de Pentecostés, la Iglesia celebra la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia.
Esta celebración nos invita, iluminados por el Espíritu Santo, a contemplar con mayor profundidad el lugar especial que ocupa María dentro de la vida de la Iglesia y del plan de salvación de Dios. La Iglesia fundada por Cristo está unida profundamente a la Virgen María, quien acompaña con amor de madre a todos los hijos de Dios, protege a sus fieles y los guía en su caminar de fe.
Al reconocer a María como Madre de la Iglesia, recordamos que Ella es madre de todos los creyentes y de todo el Cuerpo Místico de Cristo. Este regalo fue confiado por Jesús desde la Cruz cuando dijo a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y luego al discípulo amado: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 26-27). Desde ese momento, María quedó encomendada como Madre espiritual de todos los cristianos.
Por ello, la devoción y veneración a la Santísima Virgen forman parte esencial de la vida cristiana y deben mantenerse vivas en el corazón de la Iglesia. Así se cumplen las palabras que la misma María proclamó: «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc 1,48).