25/02/2026
LECTURAS Y REFLEXIÓN DEL MIÉRCOLES DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
Jon 3, 1-10; Sal 50, 3-4.12-13.18-19;
Lc 11, 29-32.
Del libro del Profeta Jonás (3, 1-10)
El Señor dirigió la palabra a Jonás: «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».
Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».
Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
La noticia llegó a oídos del rey de Nínive, que se levantó de su trono, se despojó del manto real, se cubrió con rudo sayal y se sentó sobre el polvo. Después ordenó proclamar en Nínive este anuncio de parte del rey y de sus ministros:
«Que hombres y animales, ganado mayor y menor no coman nada; que no pasten ni beban agua. Que hombres y animales se cubran con rudo sayal e invoquen a Dios con ardor. Que cada cual se convierta de su mal camino y abandone la violencia. ¡Quién sabe si Dios cambiará y se compadecerá, se arrepentirá de su violenta ira y no nos destruirá!».
Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.
Palabra de Dios
----------------------------------------------------------------
Salmo responsorial
Sal 50, 3-4.12-13.18-19
℟. Un corazón quebrantado y humillado,
oh, Dios, tú no lo desprecias.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
℟. Un corazón quebrantado y humillado,
oh, Dios, tú no lo desprecias.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
℟. Un corazón quebrantado y humillado,
oh, Dios, tú no lo desprecias.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.
℟. Un corazón quebrantado y humillado,
oh, Dios, tú no lo desprecias.
----------------------------------------------------------------
+ Del Santo Evangelio según San Lucas
(11, 29-32)
En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles:
«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación.
La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
Palabra del Señor
----------------------------------------------------------------
REFLEXIÓN DEL MIÉRCOLES
DE LA PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
Jon 3, 1-10; Sal 50, 3-4.12-13.18-19;
Lc 11, 29-32.
Las lecturas de hoy nos colocan frente a una verdad que puede incomodarnos, pero que es profundamente liberadora: Dios toma en serio nuestra capacidad de cambiar, y espera nuestra conversión real, no solo nuestras intenciones.
En la primera lectura, Nínive, una ciudad pagana, violenta y perdida, escucha la palabra de Dios proclamada por Jonás. Lo sorprendente no es solo que Dios hable, sino que el pueblo escucha. No piden pruebas, no exigen garantías, no negocian. Simplemente creen… y cambian. Desde el rey hasta el último ciudadano, todos se reconocen necesitados de conversión.
Esto nos confronta, porque nosotros, que hemos escuchado mucho más, que conocemos a Cristo, que tenemos su Evangelio, muchas veces permanecemos inmóviles. El Evangelio nos muestra precisamente esto: la gente pide un signo. Quieren ver para creer. Quieren una prueba que elimine toda duda. Pero Jesús revela algo desconcertante: el signo ya está presente, y es Él mismo. El problema no es la falta de luz, sino la resistencia del corazón a dejarse iluminar.
Hay en nosotros una tendencia sutil a posponer la conversión. Pensamos que cambiaremos más adelante, cuando estemos más seguros, cuando sintamos algo más fuerte, cuando la vida nos obligue. Pero la conversión verdadera no nace de un espectáculo, sino de una decisión interior. Los ninivitas no vieron milagros extraordinarios; escucharon una palabra que los tocó, y eso fue suficiente. Esto nos hace preguntarnos si no hemos convertido la fe en una espera interminable de “algo más”, mientras Dios ya nos ha dado todo.
La Cuaresma es precisamente este tiempo de verdad. Es el tiempo en que Dios nos muestra que el cambio es posible ahora. No porque seamos fuertes, sino porque Él nos dirige su palabra hoy. La conversión no es primero un esfuerzo nuestro, sino una respuesta a Alguien que nos llama. Dios no quiere nuestra perfección inmediata, sino nuestro corazón disponible. Lo que salvó a Nínive no fue su pasado, sino su apertura presente.
También es profundamente consolador ver que Dios, al ver la conversión de Nínive, se detiene. Dios no es un juez que desea castigar, sino un Padre que desea salvar. Su mayor alegría no es condenar, sino perdonar. Esto nos revela que nunca es demasiado tarde. Que ninguna historia está definitivamente perdida si el corazón decide volver.
Quizá el mensaje más profundo de hoy es este: lo decisivo no es cuántos signos hemos recibido, sino qué hemos hecho con lo que ya hemos escuchado. Porque la fe no crece cuando vemos más, sino cuando respondemos más.
Hoy, Dios sigue pronunciando su palabra. No como un ruido que obliga, sino como una voz que invita. Y la pregunta que queda en el aire no es si Dios hablará de nuevo, sino si nosotros, finalmente, estaremos dispuestos a escuchar… y a cambiar.
BENDICIONES +
P. Luis Alfonso Ayala Mazariegos
Arquidiócesis de Santiago de Guatemala