Coro Parroquial Jesús Obrero

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25/10/2025
19/10/2025
19/10/2025

El Evangelio de Hoy
Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:"En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: 'Hazme justicia contra mi adversario'.

Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo: 'Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda voy a hacerle justicia para que no me siga molestando'".

Dicho esto, Jesús comentó: "Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?"

Reflexión:

En el texto que leemos hoy, San Lucas nos presenta un pasaje contado por Jesús, que tiene dos momentos, el primero referido a orar sin descanso, sabiendo que el Señor nos dará lo que queremos, pero que nuestra oración debe ser constante; por otro lado, nos lanza, al parecer sin relación alguna con lo anterior, la pregunta “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe sobre la tierra?”.

Sin embargo, si lo relacionamos con el día mundial de las misiones, es decir, el DOMUND, encontraremos que verdaderamente hay una relación entre la salvación y la oración. Si el mundo no tiene fe y camina en la oscuridad, es porque no hay quien predique. Y como la fe, según San Pablo nace de la predicación, se va perdiendo, pues, la fe.

Es pues necesario orar insistentemente a Dios, para que Él mande trabajadores a su mies: hombres y mujeres que quieran consagrar su vida a la predicación de la Palabra y sobre todo, a hacer presente a Jesús en los altares mediante la Eucaristía.

Ambas cosas son indispensables si realmente queremos que, cuando regrese Jesús, haya fe sobre la tierra, es por ello necesario orar sin descanso con esta intención; la oración constante hará que el Señor nos envíe más sacerdotes, así como consagrados y consagradas que quieran entregar su vida al ministerio que hace posible la transformación del corazón.

Oremos, pues, y pidamos al Señor con fe que nos mande más obreros para su mies. Recuerda, Jesús nos invita hoy a recordar que las vocaciones, especialmente las consagradas, necesitan de nuestra oración para que el corazón de los llamados acepte y lo sigan.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Pbro. Ernesto María Caro, .. En colaboración con Evangelización Activa.

18/10/2025
18/10/2025

El Evangelio de Hoy
Lucas 10, 1-9

En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos.

Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Cuando entren en una casa digan: 'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: 'Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios'".

Reflexión:

La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Evidentemente también hoy podríamos descubrir en el Evangelio una llamada a ser, todos los cristianos, trabajadores de la viña del Señor, suscitadores de paz en el mundo, anunciadores del Reino de Dios y promotores de la conversión. Y es así… Todos los cristianos somos llamados a la misma misión de Cristo, es decir, a trabajar por la salvación de cada ser humano.

Pero también es cierto que el Evangelio nos dice que, en esta ocasión, Cristo escogió a otros 72 discípulos para enviarlos en misión. Es decir, que de todos los discípulos que tenía, escogió un grupo particular de hermanos para hacerlos sus colaboradores de manera especial, como ya lo había hecho con los apóstoles, como lo sigue haciendo hoy con aquellos a quienes llamamos sacerdotes.

El sacerdocio, como señalaba monseñor Tihamér Tóth, no fue inventado, como muchos afirman, por hombres ávidos de poder y de honores, no fue inventado por hombres que buscan ser honrados y venerados por el pueblo, sino que fue instituido por el Señor. Es voluntad del divino Jesús que haya hombres que, libres de otros quehaceres, aún más, libres de las preocupaciones de la vida familiar, consagren toda su vida y todos sus instantes a un solo objetivo: a guiar los hombres a Dios y encaminar las almas al cielo.

A los sacerdotes los escoge para que sean los ungidos del Señor, los ministros de Dios, los administradores de la salvación; salvación que, seamos honestos, también en la actualidad sigue en riesgo para miles de millones de personas, porque las necesidades más profundas de la Iglesia y del mundo, siguen siendo hoy muchas, muchísimas y solo pueden ser saciadas en el encuentro del hombre con Dios. Porque la salvación solo es posible al aceptar a Cristo, su persona y su doctrina, porque solo quien come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna; y porque solo los sacerdotes pueden hacerlo posible, y cada vez son menos y más ancianos.

Los jóvenes por su lado, incluso los cristianos, albergan la idea de que ser sacerdote depende solo de si eso es lo que quieren o se les antoja, pero en realidad, lo más importante, no es lo que uno quiere, sino lo que quiere Dios: ¿Cuál es la misión y el camino de plenitud que tiene para cada uno y cómo puede uno hacerle para querer su querer? El sacerdocio es un llamado que Dios hace a algunos, llamado al que solo responden los valientes, pues implica cargar con Cristo la cruz del mundo.

Por eso hoy te digo, si eres un hombre joven, pregúntale frontalmente a Dios, si te creó para ser sacerdote. Si eres una joven mujer, pregúntale con honestidad si te habrá traído al mundo para ser su consagrada. Y si ya escogiste un camino o descubriste tu vocación, ora con todo tu ser para que Dios siga enviando trabajadores a su mies, y para que los sacerdotes que hoy tenemos y nos siguen sean santos.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.

CORO JESÚS OBRERO A PADRE EDDY AVENDAÑO Parroquia Jesus Obrero Buen Pastor.
17/10/2025

CORO JESÚS OBRERO A PADRE EDDY AVENDAÑO Parroquia Jesus Obrero Buen Pastor.

15/10/2025
15/10/2025

El Evangelio de Hoy
San Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!".

Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: "Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros". Entonces Jesús les respondió: "¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!"

Reflexión:

Jesús nos invita a vivir desde dentro. Hoy vuelve a reprender a los fariseos y a los doctores de la ley porque viven de reglas externas. Les invito a que hagamos un chequeo del corazón: ¿Mis acciones externas reflejan lo que hay dentro de mi corazón? ¿Actúo por convicción personal o por el qué dirán, por costumbre, por rutina?

Todas nuestras acciones deben ser motivadas por el amor, si no, no brillan a los ojos de Dios. Pulamos nuestro corazón, que mis acciones, mis palabras, sean un reflejo de lo que hay dentro del corazón. Hay que ser espejos de amor, servicio y caridad.

No vayamos reflejando la imagen de alguien más, seamos auténticos y vayamos por el mundo, dejando nuestra propia huella. No vayamos buscando los puntitos negros, sino vayamos viendo lo blanco, lo positivo, lo bueno, lo bello, pero sobre todo, vivamos desde dentro, de lo bueno, de lo bello y seamos esa imagen de Dios, seamos ese reflejo del amor de Dios, seamos ese reflejo de lo que hay dentro.

Pulamos ese corazón para vivir desde dentro, siendo el reflejo de Dios. Te propongo hacer y decir aquello que mi corazón me dicte.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.

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