02/10/2024
SAN VICENTE DE PAÚL Y LOS NIÑOS
La imaginación popular ve a san Vicente desempeñando la función que parece atribuirle la estatuaria tradicional: teniendo a un niño cogido por la mano, y a otro en brazos. El agradecimiento le ha concedido el nombre de Padre de los pobres, y también de Padre de la Patria. Pero es exaltando, por medio de la imagen, su actuación ayudando a la infancia desgraciada como ha grabado en las memorias el carácter paternal de su bondad.
Su obra entre los niños abandonados, fue uno de tantos sectores, en los que su actividad multiforme se permitió actuar con plena libertad. Pero en el desvelo que se tomó por los niños, en los cuidados previsores que tenía por ellos, en las recomendaciones que hace a propósito de ellos, y hasta en la forma como habla de ellos, vemos desplegarse en él, una ternura inesperada en un hombre de acción como él.
Después de haberse ocupado de otras miserias, san Vicente descubre, al niño que fue él, a los niños de los que se ocupó. Lo descubre como uno de los más pobres entre los pobres, sin voz, sin defensa, sin ni siquiera conciencia de su miseria: el niño abandonado como una cosa que estorba, del que hay que desembarazarse. Se le encoge el corazón, pero para salvar a esos niños, va a usar de todos los medios, a inventar todos los recursos, a prever todos los detalles de su mantenimiento, de su educación.
San Vicente nos recuerda, que todo niño, por muy pobre que sea, por muy marcado que esté por la miseria o también por el vicio, es para nosotros la imagen viviente de aquél que, para hacerse pobre entre nosotros, quiso aparecer primero bajo los rasgos de un niño
Por David Carmona, C.M. · Publicada 19/09/2012 · Actualizado 18/02/2015