02/08/2026
Hoy nuestra Diócesis se reunió alrededor de la mesa de la Eucaristía para celebrar con fe, alegría y gratitud estos 75 años de vida diocesana. Y ante el altar, donde la Iglesia recuerda que todo nace de Cristo y hacia Él se dirige, volvimos la mirada a nuestra historia para reconocer, en cada paso, la presencia fiel de Dios.
Setenta y cinco años no son solamente una cifra. Son rostros, comunidades, templos, caminos recorridos, manos que han servido, corazones que han esperado y generaciones enteras que han recibido la fe y la han entregado como un tesoro. Son también noches de incertidumbre y mañanas de esperanza; momentos de dificultad y tiempos de gracia. En todo ello, Dios ha permanecido fiel.
"En Dios está mi esperanza": una palabra que nos recuerda de dónde venimos y en quién hemos puesto nuestra confianza. Porque la historia de nuestra Diócesis no se sostiene únicamente en nuestras fuerzas, sino en la esperanza de un pueblo que ha aprendido a caminar confiando en el Señor.
Y sobre este pueblo ha soplado el Espíritu, el mismo Espíritu que hace suya la misión de Cristo: "El Espíritu del Señor está sobre mí y me ha enviado a evangelizar a los pobres". Así, nuestra historia se ha convertido en misión; nuestros pueblos, en campo de evangelización; nuestras comunidades, en lugares donde el Evangelio sigue tomando rostro y vida.
Por eso resuenan también aquellas palabras que no permiten que la Iglesia se quede quieta: "¡Ay de mí si no evangelizo!". Porque celebrar 75 años no significa detenernos a contemplar lo que hemos sido, sino renovar aquello para lo que hemos sido llamados. La memoria nos da raíces, pero la misión nos abre caminos.
Y en este caminar hemos aprendido también a "Sentir con la Iglesia: a alegrarnos con sus alegrías, a sufrir con sus dolores, a esperar con ella y a reconocer que nuestra historia particular forma parte de una historia mucho más grande: la historia de la Iglesia de Cristo, que peregrina en el tiempo sostenida por la gracia.
Hoy damos gracias por quienes hicieron posible que esta Iglesia llegara hasta nosotros. Por nuestros obispos y sacerdotes, por los consagrados, por los seminaristas y por tantos hombres y mujeres que, muchas veces en el silencio, hicieron de su vida una ofrenda al Evangelio. Gracias por quienes sembraron la fe sin saber hasta dónde llegaría aquella semilla.
Y junto a nosotros está Nuestra Señora de la Expectación, nuestra Madre y Patrona. Ella, que espera con el corazón lleno de fe el nacimiento de Cristo, nos enseña también a esperar lo que Dios todavía quiere hacer entre nosotros. En María contemplamos a una Iglesia que sabe esperar, que sabe acoger y que, después de recibir a Cristo, sabe llevarlo al mundo.
Que estos 75 años sean memoria agradecida, pero también esperanza renovada. Que el Señor siga escribiendo nuestra historia, suscitando vocaciones, fortaleciendo nuestras comunidades y haciendo de nuestra Diócesis una Iglesia viva, misionera y fiel a su Señor.
Hoy celebramos lo que Dios ha hecho. Mañana seguiremos caminando hacia lo que Dios hará.
🙏 Gracias, Señor, por estos 75 años.
Gracias por nuestra historia.
Gracias por nuestra Iglesia.
Y gracias por permitirnos ser parte de ella.
Nuestra Señora de la Expectación, ruega por nosotros