14/03/2026
Aprovechemos en cuaresma a una buena confesión
¿Por qué confesarse si Dios perdona en la intimidad? En 2011, durante una visita a la cárcel romana de Rebibbia, Benedicto XVI respondió a esta gran pregunta de muchos católicos y explicó por qué el sacramento de la Reconciliación es necesario, especialmente en este tiempo de Cuaresma.
Un preso le preguntó al Papa si bastaba pedir perdón a solas, de rodillas, en una habitación. Benedicto XVI recordó que “si usted se pone de rodillas y con verdadero amor a Dios le pide que lo perdone, él lo perdona”, porque quien se arrepiente de verdad y pide perdón recibe el perdón de Dios.
Sin embargo, explicó que el pecado no es solo algo “personal”, entre Dios y yo: tiene también una dimensión social y “horizontal”. Aunque nadie lo vea, el pecado “ha dañado asimismo la comunión de la Iglesia, ha ensuciado la comunión de la Iglesia, ha ensuciado a la humanidad” y rompe también la unidad del Cuerpo de Cristo.
Por eso, esta dimensión social del pecado “exige que sea absuelto también a nivel de la comunidad humana, de la comunidad de la Iglesia, casi corporalmente”. Aquí entra en juego la confesión: el sacramento de la Reconciliación nos devuelve plenamente a la comunión de la Iglesia viva, la Iglesia de Cristo.
“El Sacramento —decía Benedicto XVI— es el gran don en el que puedo, mediante la confesión, librarme de ese pecado” y experimentar concretamente la bondad de Dios. La absolución sacramental del sacerdote nos da la certeza de que Dios nos perdona y nos recibe de nuevo en su Iglesia. Cuaresma es un tiempo privilegiado para volver.
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