06/04/2026
Nunca tuvo sentido para mí por qué elegirían dejar libre a Barrabás.
Un hombre culpable, un criminal, alguien que de verdad merecía castigo; y, sin embargo, la multitud gritó por su liberación mientras Jesucristo, el único inocente, era llevado a la cruz.
Se sentía injusto, profundamente injusto y absurdo.
Pero entonces se volvió personal.
Porque la verdad es que Barrabás soy yo.
Yo soy el culpable. Imperfecto, injusto, reo de pena merecida. He fallado más veces de las que puedo contar, y si la justicia realmente se cumpliera, yo sería el que estaría allí, condenado.
Y aun así, como Barrabás, yo fui el que quedó libre.
Sin cadenas, sin castigo, sin cruz que cargar; no porque yo fuera inocente, sino porque Jesús tomó mi lugar. Él estuvo donde yo debería haber estado. Fue condenado para que yo pudiera ser perdonado. Cargó la cruz que tenía mi nombre.
Esto es gracia. No algo ganado, no algo merecido, sino un intercambio santo e inmerecido: el culpable liberado y el inocente condenado.
Cuando digo “Barrabás soy yo”, lo digo con total rendición: yo era el que debería haber estado en esa cruz, pero Jesús la tomó en mi lugar.
Y porque Él lo hizo, yo puedo ser libre.
GLORIA A SU BENDITO NOMBRE, JESÚS!! 😇🙌🏻🙏🏻