13/04/2026
INVESTIDOS CON PODER DE LO ALTO
El Epicentro del Fuego de Dios en Guatemala
El 13 de abril de 1932, en la ciudad de Totonicapán, Guatemala, ocurrió algo que trascendió lo natural. No fue simplemente una reunión más, ni un acto religioso rutinario. Fue un momento divino donde el cielo tocó la tierra.
Un grupo de creyentes sencillos, sin fama, sin plataformas, pero con hambre de Dios… fueron investidos con poder de lo alto.
UN COMIENZO SENCILLO, UN IMPACTO SOBRENATURAL
Los primeros creyentes en Totonicapán no tenían estructuras modernas ni estrategias sofisticadas. Lo que tenían era más poderoso:
• Un corazón rendido
• Una fe viva
• Y una profunda dependencia del Espíritu Santo
En medio de oración, búsqueda y entrega, Dios respondió.
Como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo descendió con poder. La presencia de Dios se hizo tangible. Vidas fueron transformadas, corazones encendidos, y una nueva historia comenzó a escribirse en Guatemala.
EL FUEGO QUE MARCÓ UNA NACIÓN
Lo que sucedió ese día no se quedó en un lugar… se convirtió en un epicentro espiritual.
Desde Totonicapán, el fuego comenzó a extenderse:
• A otras ciudades
• A otras generaciones
• A otras iglesias
El mover del Espíritu Santo empezó a levantar una iglesia viva, apasionada y comprometida con la misión.
Ese fuego no era emocional… era transformador.
No era pasajero…era permanente… vino para quedarse.
MÁS QUE HISTORIA, UN LLAMADO
Hoy, al recordar ese momento, no lo hacemos solo para honrar el pasado… lo hacemos para despertar el presente.
Porque el mismo Dios que descendió en 1932…
sigue siendo el mismo hoy.
La pregunta no es si Dios quiere derramar su Espíritu…
la pregunta es:
👉 ¿Hay una iglesia con hambre como la de aquel entonces?
👉 ¿Hay corazones dispuestos como los primeros creyentes?
👉 ¿Hay un altar encendido donde Dios pueda manifestarse?
INVESTIDOS HOY
Ser “investidos con poder de lo alto” no es solo una experiencia histórica…
es una necesidad actual.
La iglesia de hoy no necesita más programas… necesita poder.
No necesita solo conocimiento…necesita presencia.
No necesita solo reuniones…
necesita fuego.
CONCLUSIÓN
Totonicapán no solo fue un lugar…fue un altar donde había fuego de lo alto.
El 13 de abril de 1932 no fue solo una fecha…
fue un derramamiento.
Y ese fuego…
no se ha apagado.
Sigue disponible para una generación que decida buscarlo hoy.