Parroquia San Juan Bautista Oficial

Parroquia San Juan Bautista Oficial Diagonal 14 13-01 zona 5 Jardines de la Asunción
Guatemala, Guatemala. Domingo) - 9:30 am

Horario de Eucaristías:
Martes a Sábado (Sede Parroquial) - 6:00 pm
Domingo (Sede Parroquial) - 8:00 am, 11:30 am y 6:00 pm
Domingo (Filial Sto.

26/05/2026
🙏🏼 Memoria de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’ 🙏🏼El lunes después del domingo de Pentecostés, la Ig...
25/05/2026

🙏🏼 Memoria de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’ 🙏🏼

El lunes después del domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra la memoria de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’.

En este día, fortalecidos por la presencia del Espíritu Santo, tenemos la ocasión propicia para profundizar en una dimensión importantísima de nuestra fe: la Iglesia que Cristo fundó está ligada íntimamente a su Madre y al papel que Ella desempeña dentro del plan salvífico de Dios. María vela por cada uno de los hijos del Cuerpo Místico de Cristo con amor maternal, los protege de las insidias del Maligno y los acompaña durante su peregrinar por esta tierra.

El rostro maternal de la Iglesia

La incorporación de la celebración de la ‘Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia’ en el Calendario Romano General es relativamente reciente. Fue establecida el 11 de febrero de 2018 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, mediante decreto firmado por quien entonces era su Prefecto, Cardenal Robert Sarah.

De acuerdo al documento, “el Sumo Pontífice Francisco consideró atentamente que la promoción de esta devoción puede incrementar el sentido materno de la Iglesia en los Pastores, en los religiosos y en los fieles, así como la genuina piedad mariana”.

Con esto, el Papa Francisco nos animaba a prestar más atención a “la figura de la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”. La razón para ello descansa en la idea de que conociendo más de cerca la maternidad de María seremos capaces de interiorizar también su sentido en las circunstancias propias de nuestro paso por este mundo. Es decir, unidos filialmente a la Madre de Dios seremos más capaces de preocuparnos y trabajar por el bien de quienes nos rodean, dándoles acogida y sirviéndolos.

Que Cristo nazca en todos los corazones

Así como María, que ofreció a su Hijo, cada cristiano debe ofrecerlo también a quienes están a su alrededor. En nosotros está la posibilidad de mostrar a la Iglesia como lo que es, una auténtica madre que vela por sus hijos.

El mencionado decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos añade que “esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

En repetidas ocasiones se ha cuestionado -desde fuera de la Iglesia y a veces desde dentro- el sitial que se le ha dado a la Virgen. Dichos cuestionamientos no tienen lugar si se considera que todo en María está referido a Jesús. María no sería Madre de la Iglesia si no fuera antes Madre de Cristo.

“La gozosa veneración otorgada a la Madre de Dios por la Iglesia en los tiempos actuales, a la luz de la reflexión sobre el misterio de Cristo y su naturaleza propia, no podía olvidar la figura de aquella Mujer, la Virgen María, que es Madre de Cristo y, a la vez, Madre de la Iglesia”, precisa el mencionado decreto.

La Iglesia, verdadera Madre

En una de sus antiguas colaboraciones para ACI Prensa, el Arzobispo de Los Ángeles, EE. UU., Mons. José Gomez, subrayaba que los primeros cristianos “tenían una conciencia profunda de que la Iglesia era su ‘madre’ espiritual, que los daba a luz en el bautismo, constituyéndolos en hijos de Dios a través de los sacramentos”.

Mons. Gomez además recordaba que “los apóstoles a menudo se referían a los fieles como a sus hijos espirituales, reflejando así nuevamente su comprensión de que la Iglesia es nuestra madre y nuestra familia (…) Y en esto, los primeros cristianos entendieron que María era el símbolo perfecto de la maternidad espiritual de la Iglesia”.

En ese sentido la memoria que celebramos hoy puede ser considerada “un profético redescubrimiento de una antigua devoción” (Mons. José Gomez).

Día de la Iglesia

Dedicar un día a la celebración de “la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia” debe entenderse como corolario de la eclesiología del Concilio Vaticano II (1962-1965). Durante el Concilio, el Papa San Pablo VI declaró de manera explícita que María Santísima es Madre de la Iglesia, convicción que quedaría plasmada en el documento final (Ver cap. VIII de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium), con el asentimiento de los padres conciliares.

La memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia subraya que Ella es Madre de todos los hombres, especialmente de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, en virtud a la Encarnación del Verbo. Jesús mismo lo confirmó así desde la Cruz: «Cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo a su madre: “¡Mujer, he ahí tu hijo!” Después dijo al discípulo: “¡He ahí tu madre!” Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Jn 19, 26-27).

Es claro que la veneración de la Iglesia a la Santísima Virgen no solo no debe ser soslayada, sino, por el contrario, debe ser preservada y fortalecida como un elemento intrínseco del culto cristiano. Así se ha de dar cumplimiento a las palabras de la Virgen: “Me llamarán Bienaventurada todas las generaciones” (Lc 1,48).

📸📚 Aciprensa

24/05/2026

Santa Eucaristía de la Solemnidad del Domingo de Pentecostés, 24 de mayo de 2026

🙏🏼 María Auxiliadora 🙏🏼Cada 24 de mayo la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de ‘Santa María, Auxilio...
24/05/2026

🙏🏼 María Auxiliadora 🙏🏼

Cada 24 de mayo la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de ‘Santa María, Auxilio de los cristianos’ [Maria Auxilium Christianorum], conocida popularmente como Santa María Auxiliadora, o, simplemente, María Auxiliadora.

“En el cielo nos quedaremos gratamente sorprendidos al conocer todo lo que María Auxiliadora ha hecho por nosotros en la tierra”, solía decir San Juan Bosco, fundador de la familia salesiana, y el más grande difusor del amor a la Madre de Dios bajo esta advocación.

Ciertamente, esta hermosa expresión de piedad filial ha estado presente en la vida de la Iglesia desde antiguo, cada vez que un cristiano, sabiéndose hijo de la Virgen María, invoca a su Madre del Cielo en medio de alguna dificultad.

Devoción de raíces profundas

Los cristianos de los primeros siglos invocaban a la Virgen con el nombre de “auxiliadora”.

Los dos títulos más frecuentes que podían leerse en las inscripciones de antiguas iglesias o monumentos de Oriente eran: “Madre de Dios” (Theotokos) y “Auxiliadora” (Boeteia). Grandes santos como San Juan Crisóstomo, San Sabas y San Sofronio hicieron uso con frecuencia de ambos títulos a la hora de referirse a la Madre de Dios.

San Juan Crisóstomo, Patriarca de Constantinopla y Padre de la Iglesia de Oriente, definía así a la Virgen María en el siglo IV: “Auxilio potentísimo, fuerte y eficaz de los que siguen a Cristo”; por su parte, San Juan Damasceno, en el siglo VIII, fue el primero en difundir una jaculatoria dedicada a Ella: “María Auxiliadora, ruega por nosotros”.

En el mismo siglo, hacía el año 733, San Germán de Constantinopla escribió este bello texto, en plena coincidencia con el Damasceno: "Oh María, tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda". Estas bellas líneas constituyen en sí mismas una oración filial.

María, Auxilio de los cristianos

En el siglo XVI, el Papa San Pío V (1504-1572), gran devoto de la Virgen, después de la victoria cristiana sobre los ejércitos musulmanes en la batalla de Lepanto, ordenó que se incluya en el corpus de las letanías marianas la invocación a “María, Auxilio de los cristianos”.

Más de dos siglos después, en tiempos de Napoleón, el Papa Pío VII (1742-1823) fue apresado por órdenes del “emperador” francés. El Pontífice pidió el auxilio de María para superar la terrible situación que se había suscitado -una Iglesia secuestrada por el poder imperial-, prometiéndose que, una vez recuperada su libertad, decretaría una nueva fiesta mariana para la Iglesia Católica.

Una vez producida la caída de Napoleón, el Santo Padre retorna triunfante a la sede pontificia el 24 de mayo de 1814 y decreta que, a partir de entonces, esa fecha sea destinada para celebrar la fiesta de María Auxiliadora.

Don Bosco

Un año después de aquellos turbulentos acontecimientos, nacía Juan Bosco (1815-1888), a quien la Virgen se le aparecería en sueños años más tarde, para pedirle que construyera un templo en su honor, usando el título de “Auxiliadora”.

Por esta razón el santo italiano iniciaría la construcción de dos “monumentos”: uno físico, que es la Basílica de María Auxiliadora en Turín; y uno “vivo”, conformado por las religiosas que integran el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora.

¡Acógete a la Madre que siempre nos auxilia!

San Juan Bosco solía educar a los jóvenes contándoles historias en las que él y muchos otros fieles devotos de la Auxiliadora habían obtenido grandes favores del Cielo. Los medios por excelencia para obtener esas gracias -decía el santo- son el rezo de la novena a María Auxiliadora y la repetición constante de la jaculatoria de San Juan Damasceno.

“Confiad siempre en Jesús Sacramentado y María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, afirmaba, sin reparos, el padre fundador de los salesianos.

📸📚 Aciprensa

🙏🏼 Solemnidad de Pentecostés 🙏🏼Hoy, domingo 24 de mayo, la Iglesia toda celebra con gozo indecible la Solemnidad de Pent...
24/05/2026

🙏🏼 Solemnidad de Pentecostés 🙏🏼

Hoy, domingo 24 de mayo, la Iglesia toda celebra con gozo indecible la Solemnidad de Pentecostés, es decir, el descenso del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los Apóstoles – la Iglesia primigenia–, cincuenta días después de la Resurrección de Cristo (ver: Hch 2, 1).

La presencia del Espíritu Santo entre los hombres significa el cumplimiento de la promesa hecha por el Señor al concluir su vida terrena: Dios habría de enviar su Espíritu, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, para que interceda y conduzca a la Iglesia hasta el final de los tiempos (ver: Mt 28, 20).

Con la Solemnidad de Pentecostés se da por concluido el Tiempo Pascual.

La Iglesia reunida a la espera del Espíritu

‘Pentecostés’ es una palabra proveniente del griego: πεντηκοστή, pentēkostḗ, cuyo significado es ‘quincuagésimo’. Es decir, el término alude a la fiesta que se celebra el quincuagésimo día del Tiempo Pascual.

En el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles podemos encontrar el relato de lo que sucedió a los cincuenta días (quincuagésima) de la Resurrección del Señor: “De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 1-11).

Ven Espíritu Santo

La Iglesia Católica expresa el gozo por este acontecimiento histórico cantando la gloria del Espíritu Santo en la llamada ‘Secuencia’, Veni, Sancte Spiritus [Ven Espíritu Santo]; y lo hace dentro de la liturgia dominical (antes de la lectura del Evangelio):

Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped del alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en el trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración
divina los hombres nada
podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestras desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestras frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.

Un nuevo Pentecostés

El Papa San Juan Pablo II, al reflexionar sobre Pentecostés en su encíclica "Dominum et Vivificantem" [Sobre el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y el mundo] recordaba la importancia que tiene este acontecimiento para la vida de la Iglesia a lo largo de la historia. El Papa recordaba en dicho documento que “el Concilio Vaticano II habla del nacimiento de la Iglesia el día de Pentecostés. Tal acontecimiento constituye la manifestación definitiva de lo que se había realizado en el mismo Cenáculo el domingo de Pascua” (DV 25).

“Cristo resucitado -continúa el Papa- vino y ‘trajo’ a los apóstoles el Espíritu Santo. Se lo dio diciendo: ‘Recibid el Espíritu Santo’. Lo que había sucedido entonces en el interior del Cenáculo, ‘estando las puertas cerradas’, más tarde, el día de Pentecostés es manifestado también al exterior, ante los hombres”.

El Santo Pontífice, citando la constitución dogmática del Concilio Vaticano II “Lumen Gentium” [Cristo, Luz de los pueblos] resaltaba que “el Espíritu habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo (cf. 1 Co 3,16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopción como hijos (cf. Ga 4,6; Rm 8,15-16 y 26). Guía la Iglesia a toda la verdad (cf. Jn 16, 13), la unifica en comunión y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cf. Ef 4,11-12; 1 Co 12,4; Ga 5,22)” (LG).

Pidamos un nuevo Pentecostés para la Iglesia hoy de la mano de nuestro Papa León XIV. ¡Salgamos a anunciar el Evangelio al mundo, confiados en el Espíritu Santo! ¡Oremos por la santidad e intenciones del nuevo Pontífice!

📸📚 Aciprensa

24/05/2026

Santa Eucaristía de Sábado de la VII Semana de Pascua, celebrando la Vigila de Pentecostés, 23 de mayo de 2026

🙏🏽 San Juan Bautista Rossi 🙏🏽Cada 23 de mayo, la Iglesia celebra a San Juan Bautista Rossi (1698, Génova - 1764, Roma), ...
23/05/2026

🙏🏽 San Juan Bautista Rossi 🙏🏽

Cada 23 de mayo, la Iglesia celebra a San Juan Bautista Rossi (1698, Génova - 1764, Roma), sacerdote italiano que consagró su vida a llevar el perdón y la misericordia de Dios a todas las gentes, especialmente las más necesitadas de la misericordia de Dios. Fue así como Juan Bautista entendió su ministerio sacerdotal, valiéndose, de manera particular, del sacramento de la reconciliación.

Una nueva vida: ¡A por el cielo!
El Padre Rossi se esforzó en ser un buen confesor: cálido, amable y preciso en el consejo espiritual -virtudes imposibles de lograr si no se es dócil a la gracia-. En el confesionario, quien confiesa y absuelve, así como quien se acerca en busca del perdón, ambos, son objeto del amor de Dios que espera que seamos mejores personas, más santos, y que alcancemos el cielo.

San Juan Bautista Rossi adquirió una sensibilidad especial para reconocer cuánto sufre un alma que se ha apartado de Dios, cuanto daño se hace a sí misma y cuánto daño hace a los demás por el impacto del pecado, de tal forma que se obligaba a escuchar diligentemente a cada persona que se arrodillaba a su costado. Juan Bautista no quería fallarle a Jesús. Administrar el amor y el perdón de Dios son labores que sobrepasan nuestra naturaleza sin duda, pero que Dios ha deseado compartir para que ninguno de sus hijos se pierda.

Compartiendo el gozo de saberse perdonado
Alguna vez el santo afirmó: "Antes yo me preguntaba cuál sería el camino para lograr llegar al cielo y salvar muchas almas. Y he descubierto que la ayuda que yo puedo dar a los que se quieren salvar es confesarlos. Es increíble el gran bien que se puede hacer en la confesión".

El Padre Rossi fue en busca de los pecadores para llevarles la alegría que experimentaba él mismo al verse perdonado, reconciliado, ‘vuelto a nacer’. Por eso deseaba estar disponible siempre para confesar a quien lo necesitara: enfermos, presos -a quien visitaba en la cárcel- y moribundos; y todos aquellos que buscaban dejar atrás una vida de pecado.

Encarnar los ideales propios del sacerdocio hizo que el P. Juan Bautista atraiga a mucha gente de todo tipo y de muchos lugares, quienes solían hacer largas colas para confesarse con él.

Dios nos alecciona con bondad
Juan Bautista Rossi nació en 1698, en un pueblo cerca de Génova, Italia. A la edad de 13 años se mudó a Roma, a la casa de un primo sacerdote, canónigo de Santa María en Cosmedin. Su deseo era estudiar en el famoso Colegio Romano, institución fundada por San Ignacio de Loyola en 1550. En 1714, con 16 años, empezó sus estudios eclesiásticos, que concluyó después con los dominicos, graduándose en Teología. Fue ordenado sacerdote a los 23 años, el 8 de marzo de 1721.

Ya antes de ordenarse, Juan Bautista había desarrollado un intenso apostolado. Los años de formación habían sido también años de actividad pastoral y, como es natural, hubo momentos gratificantes, pero también de los otros, los más difíciles, esos que traen mortificaciones e incluso tristezas.

En los primeros años de sacerdocio -llenos de aprendizajes- Juan Bautista descubrió la importancia de renunciar a ciertas cosas en el orden de las comodidades y los placeres -la buena comida, la bebida o el descanso-. A veces, por un excesivo fervor incurrió en ciertas prácticas penitenciales que dañaron su salud. Esa, quizás, fue la más grande lección: aprendió que la recta mortificación es la que se ejerce al aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día; con espíritu combativo quizás, pero considerando las reales posibilidades de uno mismo y pensando en liberarse de ciertas cosas que impiden amar más, no para hacerse o sentirse “invencible”.

Total desapego de los bienes materiales
El Papa Benedicto XIV le encargó a Juan Bautista el cuidado de un albergue para desamparados. El santo sirvió por muchos años a pobres y necesitados en aquel recinto. Y, preocupado por el bienestar espiritual de los que acogía, combinaba el servicio atento con la enseñanza de la Palabra de Dios y del catecismo, de forma que la vida del albergue siempre giraba en torno a la vida de la gracia, los sacramentos y el amor de Dios.

El 23 de mayo del año 1764, El P. Juan Bautista sufrió un ataque al corazón, a la edad de 66 años. Murió como vivió, siendo un pobre entre los pobres. Ni siquiera hubo dinero suficiente para costear su féretro y la tumba, así que muchas personas caritativas dieron dinero para que fuera enterrado cristianamente. Su funeral fue una suerte de gran acontecimiento: asistieron 260 sacerdotes, un arzobispo, y muchos religiosos; todos acompañados de una multitud de almas agradecidas.

Fue canonizado por el Papa León XIII el 8 de diciembre de 1881.

📚📸 Aciprensa

23/05/2026

Santa Eucaristía de Viernes de la VII Semana de Pascua, 22 de mayo de 2026

Dirección

Diagonal 14 13-01 Zona 5. Jardines De La Asunción
Guatemala City

Horario de Apertura

Lunes 08:00 - 12:00
14:00 - 17:00
Martes 08:00 - 12:00
14:00 - 17:00
Miércoles 08:00 - 12:00
14:00 - 17:00
Jueves 08:00 - 12:00
14:00 - 17:00
Viernes 08:00 - 12:00
14:00 - 17:00
Sábado 08:00 - 13:00

Teléfono

+50223350704

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