28/05/2026
¿Sabías que el jueves después de Pentecostés la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote?
Esta hermosa celebración litúrgica tiene un origen relativamente reciente y busca contemplar a Cristo como el verdadero y perfecto Sacerdote de la Nueva Alianza. Aunque desde los primeros siglos la Iglesia reconocía el sacerdocio de Jesús, fue especialmente en España donde comenzó a difundirse esta devoción litúrgica durante el siglo XX, impulsada por varios obispos y comunidades sacerdotales. Más tarde, la Santa Sede permitió su celebración en distintos lugares del mundo, hasta convertirse en una fiesta muy querida por la Iglesia.
El fundamento bíblico de esta fiesta se encuentra sobre todo en la Carta a los Hebreos, donde se nos presenta a Jesús como el sacerdote perfecto que no ofrece sacrificios ajenos, sino que se ofrece a sí mismo en la Cruz para la salvación del mundo: “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hb 5,6). Jesús es al mismo tiempo sacerdote, altar y víctima. Él es el mediador entre Dios y los hombres, el que intercede eternamente por nosotros y nos abre las puertas del cielo.
El sacerdocio de Cristo consiste en entregar totalmente su vida por amor. No vino a buscar honores ni poder humano, sino a servir, sanar, perdonar y salvar. Cada vez que se celebra la Eucaristía, Cristo sigue actuando como Sumo y Eterno Sacerdote por medio de sus ministros ordenados. Además, por el Bautismo, todos los cristianos participamos también de su sacerdocio común, llamados a ofrecer nuestra vida, oración, trabajo y sufrimientos unidos a Él para gloria de Dios y bien del mundo.