15/03/2026
Hemos llegado al final de estas noches de adoración, pero lo que Dios ha comenzado en nuestros corazones apenas empieza.
Durante estos días hemos levantado nuestras manos, hemos rendido nuestras cargas y hemos reconocido que Dios sigue siendo digno de toda gloria, honra y alabanza. No solo cantamos canciones; entregamos nuestro corazón al Rey de reyes.
Tal vez algunos llegaron con dudas, otros con luchas, otros con una necesidad profunda… pero una cosa es segura: nadie que entra en la presencia de Dios sale igual. Su presencia sana, restaura, fortalece y renueva.
¡Sigamos siendo un pueblo que adora a Dios en todo tiempo!