Iglesia Cristiana De Regreso a la Casa del Padre

Iglesia Cristiana De Regreso a la Casa del Padre Iglesia cristiana

02/08/2026

¿Soy yo cristiano? ¿Es usted cristiano?

Base bíblica: Colosenses 1: 12-14; 2ª Corintios 3: 18; y 1ª de Pedro 2:9
“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.
“Por tanto, nosotros todos mirando cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

¿Soy yo cristiano? ¿Es usted cristiano?

Muchos de mis amigos y familiares me aseguran que yo soy cristiano. Quizá lo dicen porque saben que soy pastor de una iglesia evangélica y porque escribo temas cristianos en mi página. Pero, me pregunto ¿soy yo cristiano? Según las Escrituras ser cristiano es mucho más que ser pastor, más que congregarme en una iglesia cristiana; más que leer la biblia, más que orar por los enfermos y más que realizar milagros.

El gran problema es que puedo ser pastor, sanar enfermos y hacer milagros y sin embargo, no ser cristiano. Y esto es una tragedia, porque puedo estar creyendo que soy cristiano, sin serlo, de manera que puedo vivir engañado por muchos años, pensando que soy cristiano, y lamentablemente no lo soy. Me temo que este es el caso de una gran mayoría de las personas que asiste a iglesias cristianas.

En base a las Escrituras, Dios ha establecido es tres eventos divinos para que un hombre sea un verdadero cristiano, sucesos sobrenaturales que están fuera de la voluntad del hombre.
En primer lugar, los cristianos, antes de la fundación del mundo, fueron conocidos, predestinados, y bendecidos por Dios Padre, para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo Jesucristo.

El apóstol Pablo, afirma que el Padre eterno conoció y predestinó a los cristianos para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo Jesucristo. En la Carta a los Romanos 8: 29 escribe: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. En otra versión de la Biblia leemos: “Pues Dios conoció a los suyos de antemano y los eligió para que llegaran a ser como su Hijo, a fin de que su Hijo fuera el hijo mayor de muchos hermanos”

Además, el apóstol Pablo declara que Dios Padre escogió y bendijo a los cristianos para que fuesen santos y sin mancha delante de él. En la carta a los Efesios 1: 3-5, el apóstol Pablo escribe: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”

En segundo lugar, los hombres y mujeres que fueron escogidos y predestinados por el Padre para ser hechos conformes a la imagen de su Hijo Jesucristo, en un momento de su peregrinación terrenal, son rescatados de las tinieblas por el Señor Jesucristo y trasladados su reino de luz admirable, y pone en ellos el Espíritu Santo.

Recordemos lo escrito por el apóstol Pablo, quien declara que fuimos librados por el Padre celestial de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de su amado Hijo. En la carta a los Colosenses 1: 12-14, Pablo escribe: “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. En otra versión de Biblia leemos: “Y den siempre gracias al Padre. Él los hizo aptos para que participen de la herencia que pertenece a su pueblo, el cual vive en la luz. Pues él nos rescató del reino de la oscuridad y nos trasladó al reino de su Hijo amado, quien compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados”.

En tercer lugar, las Escrituras enseñan que el Señor Jesucristo luego de rescatar de las tinieblas a sus escogidos y trasladarlos a su reino de luz admirable, y poner en ellos el Espíritu Santo, los instituye como sacerdotes del Dios Altísimo, para anunciar las virtudes de aquel los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Al respecto, el apóstol Pedro declara que los verdaderos cristianos, son sacerdotes escogidos para anunciar las virtudes del Señor Jesucristo. En 1ª de Pedro 2:9, el apóstol escribe: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. En otra versión de la Biblia leemos: “Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa”.

Las Escrituras enseñan que nuestro Señor cambia las vestiduras de sus sacerdotes, y los viste con ropas de gala. En el libro de Zacarias se describe la visión del profeta Zacarías, en la cual el Señor ordena cambiar las vestiduras viles del sacerdote Josué por ropas de gala. En Zacarías capítulo 3:1-5 leemos: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, él cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mando a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza y le vistieron de las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie”.

En resumen, los verdaderos cristianos fueron conocidos, predestinados y bendecidos por Dios Padre, en lugares celestiales; el Señor Jesucristo, en un momento de su peregrinaje terrenal, saca a los cristianos de las tinieblas y pone en ellos el Espíritu Santo; y los instituye como sacerdotes del Dios Altísimo, cambiando sus vestiduras viles por ropas de gala. Estos tres eventos divinos realizados por Dios para que un hombre sea un verdadero cristiano, están fuera de la voluntad del hombre.

Mis hijos, mis hermanos, mis amigos: Debemos de comprender que ser cristiano es una decisión soberana de Dios; no es una decisión nuestra ser cristiano. ¡Es una decisión del Padre! ¡No es una decisión personal! Recordemos lo que afirmaba el rey David, en el salmo 65: 4: “Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios”, así como lo que escribe el apóstol Pablo, en la carta a los Romanos 9: 15: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.

El caminar de los verdaderos cristianos

El caminar de los verdaderos cristianos en la tierra, es totalmente diferente a demás hombres. Ellos fueron conocidos, predestinados y bendecidos por Dios Padre, en lugares celestiales; y en un momento de su peregrinaje terrenal, el Señor Jesucristo los saca de las tinieblas, y pone en ellos el Espíritu Santo; y los instituye como sacerdotes del Dios Altísimo, cambiando sus vestiduras viles por ropas de gala. Ellos son diferentes a los demás hombres. Ellos se distinguen de los demás hombres; ellos son diferentes; su marca más visible es que reflejan la imagen de Cristo.

Los cristianos reflejan la imagen de Cristo

Los cristianos verdaderos están conscientes que han sido escogidos por el Padre eterno, para reflejar la imagen de su Hijo Jesucristo aquí en la tierra. Ellos saben que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, lo hizo un poco menor que los ángeles y lo coronó de gloria y honra, con el objetivo de reflejar su gloria; ser una linterna viviente a través de la cual brillaría la gloria de Dios.

Estos cristianos verdaderos recuerdan lo escrito en el libro de Génesis, capítulo 1, donde Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” y también lo declarado por el rey David, en el salmo 8, donde se lee: “Cuando veo tus cielos, obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengan de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies”

Los cristianos verdaderos están conscientes que esta imagen de la gloria de Dios, quedó resquebrajada y empañada, luego de la desobediencia de Adán y Eva. Sin embargo, entienden que aún persiste, aunque distorsionada, la imagen y semejanza de Dios en todos los hombres.

Los cristianos verdaderos tienen claridad que, al tiempo determinado por el Padre eterno, Cristo vino a la tierra para rescatarlos de las tinieblas y poner en ellos, el Espíritu Santo, iniciando el proceso de ser hechos conforme a la imagen y semejanza de su Hijo Jesucristo. Al respecto el apóstol Pablo escribe, en 2ª de Corintios 3:18, “Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloria imagen”.

Ahora los cristianos verdaderos están habilitados para mostrar al mundo la gloria de Dios, reflejando en su diario vivir, la persona y el carácter de Cristo. Ellos, a pesar de sus imperfecciones y desvíos, mediante el Espíritu Santo, están siendo diariamente transformados de gloria en gloria, a la imagen y semejanza del Señor Jesucristo hasta el día de su muerte.

Al respecto, el renombrado pastor inglés Charles Haddon Spurgeon (1834-1892) en su sermón “Gloriosa Predestinación”, explica que Jesucristo al nacer, morir y resucitar en este mundo, llevó nuestra imagen, para que nosotros, por su gracia, pudiéramos llevar la suya; y que Dios está transformando continuamente a sus elegidos, eliminando la contaminación del pecado y moldeándolos según el modelo perfecto de su Hijo, Jesucristo. Añade el pastor Spurgeon, qué así como nuestro primer nacimiento natural nos imbuyó de la semejanza con nuestros antepasados, en el nuevo nacimiento sobrenatural se imprime a los escogidos la imagen de Cristo. El pastor Spurgeon, argumenta que nuestro primer nacimiento nos dio humanidad; en tanto nuestro segundo nacimiento, nos une a la Divinidad; y que así como fuimos concebidos en pecado al principio y formados en iniquidad, así también en la regeneración nuestro nuevo hombre es renovado en conocimiento conforme a la imagen de aquel que nos creó.

Por su parte, el reconocido pastor y teólogo inglés, Arthur Walkington Pink (1886-1952) en su artículo “Conformidad” afirma que la declaración del apóstol Pablo que los creyentes están predestinados para ser hechos conforme a la imagen de Cristo, es sencillamente asombrosa. Ninguna mente humana jamás habría imaginado, que algunos de los descendientes caídos de Adán no solo fueran salvados de sus pecados y librados de la ira venidera, sino que Dios decretara que fueran hechos semejantes a Jesucristo. El teólogo Pink expresa que criaturas depravadas se conviertan en réplicas del Santo; que gusanos de la tierra sean moldeados a imagen del Señor de la gloria, sobrepasa la comprensión humana. Es el punto más alto de la gracia, pues no es posible conferir un favor mayor a sus elegidos. Explica el teólogo Pink que a medida que el alma regenerada se entrega con fe y adoración a esa maravillosa gloria, es transformada a su imagen; no completamente en un instante, sino gradual y progresivamente, de gloria en gloria. No por ningún esfuerzo nuestro, sino por el Espíritu, cuya función es, en primer lugar, unirnos a Cristo y luego transformarnos a su imagen, y que, cuanto más tiempo pasa el santo en compañía de Cristo, más se asimila a su semejanza. Finaliza Pink diciendo que la conformidad a Cristo no se consumará en el cielo a menos que haya comenzado en la tierra.

La restauración de la imagen de Cristo en los cristianos se completará en los cielos

Estos cristianos verdaderos están conscientes que la restauración de la imagen de Cristo en ellos, no se completa aquí en la tierra, a causa del remanente de pecado que permanece en su ser, no obstante que son nuevas criaturas, que el Espíritu Santo mora en ellos. La restauración de la imagen de Jesucristo se completará cuando estemos en los cielos, en donde seremos semejantes al Señor Jesucristo, con cuerpos glorificados, brillando como él brilla, y con mentes renovadas, con el mismo sentir de Cristo.

LAAl as Escrituras revelan qué en los cielos, seremos semejantes al Señor Jesucristo; que el Señor Jesucristo transformará nuestro cuerpo terrenal, semejante al cuerpo de gloria suya. El apóstol Juan, en 1ª de Juan 3: 2 escribe: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. Por su parte el apóstol Pablo, en la carta a los Filipenses 3: 20-21, escribe: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de gloria suya”.

Al respecto, el pastor estadounidense James Russell Miller (1840-1912) en su artículo “Transformado por la Contemplación” afirma que si somos hijos de Dios llegaremos a ser como Él. No importa cuán débilmente brille ahora la belleza divina en nuestras vidas manchadas e imperfectas: ¡algún día seremos como él!
La promesa de los apóstoles Juan y Pablo de que los cristianos al final de sus días, estarán con Jesucristo con cuerpos semejantes a la gloria suya, hacen que vivan confiados y felices en esta tierra, esperando el día, en que se gozarán viendo el rostro de su Señor y Salvador.

Mensaje final

los verdaderos cristianos fueron conocidos, predestinados y bendecidos por Dios Padre, en lugares celestiales; el Señor Jesucristo, en un momento de su peregrinaje terrenal, saca a los cristianos de las tinieblas y pone en ellos el Espíritu Santo; y los instituye como sacerdotes del Dios Altísimo, cambiando sus vestiduras viles por ropas de gala. Estos tres eventos divinos realizados por Dios para que un hombre sea un verdadero cristiano, están fuera de la voluntad del hombre.

El caminar de los verdaderos cristianos en la tierra es totalmente diferente a los demás hombres. Ellos se distinguen de los demás hombres; su marca visible es que reflejan la imagen y semejanza de Cristo. Ellos están habilitados para reflejar y mostrar al mundo en su diario vivir la persona y el carácter de Cristo, a pesar de sus imperfecciones y desvíos. Mediante el Espíritu Santo, los cristianos verdaderos están siendo diariamente transformados de gloria en gloria, a la imagen del Señor, hasta el día de su muerte.

Nuestro Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y lo coronó de gloria y honra, para que reflejara su imagen a través de la persona y carácter de Cristo. Este es el propósito de por el cual fuimos creados: reflejar y mostrar aquí en la tierra y en la eternidad, la persona y carácter de Jesucristo. Este es nuestro destino, y nuestro propósito en la vida: ser semejante a Cristo aquí en la tierra y en la eternidad. No hay otro propósito.

19/07/2026

No me pertenezco a mi mismo

Base bíblica: 1ª de Corintios 6: 17-20

“Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, esta fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

El que se une al Señor, un espíritu es con él

Las Escrituras nos revelan tres grandes misterios. El primer misterio es la unión de tres personas divinas, con personalidades diferentes, constituyendo un solo Dios: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El segundo misterio es la unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en una sola persona, Jesucristo, siendo Dios y hombre.

El tercer misterio, es la unión de Cristo y la iglesia, constituyendo un cuerpo, siendo Cristo la cabeza y los creyentes los miembros.

Las Escrituras nos dicen mucho sobre la unión de Cristo y los creyentes. Por ejemplo, el Señor Jesús expresa claramente que en aquel día conoceremos que él está con nosotros y nosotros estamos con él. En el evangelio de San Juan 14: 20, el señor declara: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

Por su parte, el apóstol Pablo declara que aquel se une con el Señor, un espíritu es con él; y que el Espíritu Santo esta en nosotros y que por lo tanto nuestros cuerpos son templos de Dios. En 1ª de Corintios capítulo 6 Pablo escribe: “El que se une al Señor, un espíritu es con él…¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios?
A pesar de la claridad de las Escrituras sobre la unión eterna de Cristo con sus hijos, muchos cristianos todavía no hemos logrado asimilar, ni muchos menos experimentar, esa asombrosa realidad espiritual de la unión espiritual con el Rey de reyes y Señor de Señores. Es aún más sorprendente que este misterio de la unión entre Jesucristo y los creyentes, casi no se predica en las iglesias.

Al respecto, el reconocido, el teólogo inglés Arthur W. Pink (1886-1952), en su artículo “Unión insuperablemente maravillosa”, afirma que la unión de Cristo con su pueblo, es un tema asombroso, es el más importante, el más profundo, y el mas bendito de todos los temas que se exponen en las Sagradas Escrituras. Declara el teólogo Pink: ¡Qué cosa tan asombrosa que haya una unión entre el ¡Hijo de Dios y los gusanos de la tierra! Sin embargo, expresa el pastor Pink, no puedo sino lamentar que la mayoría de nosotros seamos tan grandes extraños a estas importantes verdades celestiales Hoy en día, somos demasiado negligentes con las verdades y doctrinas divinas que conciernen a la gloria de Cristo. De este modo, somos grandes perdedores. Tenemos tan poco de Su sagrada presencia lo cual puede atribuirse a la negligencia de la predicación sobrenatural, la verdad espiritual y los misterios del Evangelio eterno.

Mis hijos, mis hermanos, mis amigos: Nuestra unión con Cristo es real; no es una metáfora o una ilustración de las Escrituras; es una realidad viva. Ciertamente esta verdad de la unión de los creyentes con Cristo, trasciende nuestro entendimiento, pero la realidad es que los hijos de Dios, estamos unidos a Cristo, desde la eternidad, y se extenderá hasta la eternidad.

Recordemos que esta unión de los creyentes con Cristo se remonta desde antes de los tiempos, cuando fuimos escogidos por el Padre en Cristo y alcanzará su consumación final con nuestra glorificación, cuando los creyentes tendremos cuerpos semejantes al cuerpo de gloria del Señor Jesucristo.

La evidencia de que estamos unidos a Cristo y Él unido a nosotros, es que tenemos su Espíritu. El apóstol Juan declara “en esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros, en que nos ha dado su Espíritu; en tanto el apóstol Pablo afirma, que, si alguno no tiene Espíritu de Cristo, el tal no es de Él”.

El resultado de estar unidos, por el Espíritu Santo a Cristo, es que nuestras vidas serán inevitablemente transformadas. Pronto se hace visible en nuestra vida, el fruto del Espíritu Santo que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza.

No soy dueño de sí mismo, pertenezco a Dios.

Otra verdad celestial que debe estar presente en nuestra mente y corazón, es que nosotros no somos dueños de si mismos; le pertenecemos en cuerpo y espíritu, a Dios.

El apóstol Pablo, claramente nos recuerda que nuestro cuerpo y nuestro espíritu son de Dios, los cuales han sido comprados por precio. En el capítulo 6 de 1ª de Corintios, Pablo escribe: ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

En otra versión de la Biblia leemos: ¿No se dan cuenta de que sus cuerpos en realidad son miembros de Cristo? ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos, porque Dios los compró a un alto precio. Por tanto, honren a Dios con su cuerpo”.

Además, el apóstol Pablo, nos recuerda que somos del Señor, ya sea que vivamos o que muramos; que nadie vive ni muere para sí mismo, que pertenecemos al Señor. En Romanos 14: 7-9 Pablo escribe: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues, si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los mu***os como de los que viven”.
En otra versión de la Biblia leemos: “Pues no vivimos para nosotros mismos ni morimos para nosotros mismos. Si vivimos, es para honrar al Señor, y si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor. Cristo murió y resucitó con este propósito: Ser Señor de los vivos y de los mu***os”.

Por su parte, el apóstol Pedro declara que se pagó un rescate para liberarnos de la vida vacía que heredamos de nuestros antepasados, mediante la sangre de preciosa del Señor Jesús, el Cordero de Dios sin mancha ni contaminación. En 1ª de Pedro 1: 18-19 Pedro escribe: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro y plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación”. En otra versión de la Biblia leemos: “Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que pagó no consistió simplemente en oro o plata, sino fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero que Dios que no tiene pecado ni mancha”

En el Catecismo de Heidelberg Alemania, Confesión de fe de las iglesias reformadas escrita en 1563, en la primera pregunta planteada en el Catecismo: ¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte?, responde que no nos pertenecemos a sí mismos, sino que pertenecemos en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, al Señor Jesucristo. El Catecismo de Heidelberg responde a la pregunta ¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte?, de la siguiente manera: “No me pertenezco a mi mismo, sino que pertenezco en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador, Jesucristo. El pagó por completo todos mis pecados con su preciosa sangre, y me liberó de la tiranía del diablo. Además, vela por mi de tal manera que ni un solo cabello de mi cabeza cae sin la voluntad de mi Padre que está en los cielos; de hecho, todas las cosas deben cooperar para mi salvación. Porque le pertenezco, Cristo, por medio de su Espíritu Santo, me asegura la vida eterna y me hace estar dispuesto y preparado de todo corazón para vivir para él de ahora en adelante.”

El recién fallecido pastor norteamericano John MacArthur (1939-2025) en su sermón “Eres lo que piensas”, afirma que es fundamental tener una perspectiva cristiana de la vida: Los cristianos somos esclavos de Dios, no nos pertenecemos a sí mismos, fuimos comprados a un precio. Explica el pastor MacArthur, que sabemos por el Nuevo Testamento, que los cristianos fuimos escogidos antes de la fundación del mundo, que nuestros nombres estaban escritos en Libro de la vida del Cordero; que fuimos escogidos para ser entregados a Cristo, como su esposa. Cristo pago el precio, su sangre, para que Dios pudiera poseernos y luego se los entregara a su Hijo Jesucristo, como un regalo de amor. Es por eso, que en todo momento, debemos de recordarnos que no nos pertenecemos a nosotros mismos, no somos dueños de nuestro destino, no somos el capitán de nuestra vida; no estamos a cargo de nuestra vida, pertenecemos a Dios”.

Por su parte, el escritor cristiano norteamericano Jon Bloom en su escrito “No eres tu propio dueño” afirma que tú y yo no nos pertenecemos a nosotros mismos; que somos de Cristo en cuerpo, mente y espíritu; que nuestros cuerpos son el templo de Cristo; que somos siervos de Cristo, quien nos ha hecho hijos de su Padre y coherederos de su herencia. Explica el escritor Bloom que cuando nos convertimos en cristianos, nuestros cuerpos se convierten en miembros del cuerpo de Cristo, que el Espíritu mismo de Cristo mora en nuestros cuerpos. Añade el escritor Bloom que el apóstol Pablo al describir que no nos pertenecemos a nosotros mismos, usó las metáforas de un miembro del cuerpo que obedece la voluntad de la cabeza; luego un templo corporal, animado por el Espíritu Santo que habita en él; y finalmente, la figura de un esclavo que obedece la voluntad de su amo, al escribir que fuimos comprados por precio. Un esclavo no es dueño de sí mismo. Se ha vendido a alguien más. Pertenece a alguien más. No hace lo que le place. Su tiempo no le pertenece. No es libre de seguir los caprichos de sus sueños personales. No es libre de satisfacer sus deseos a su antojo. No se pertenece a sí mismo. Pertenece a su amo. Esto es lo que es un cristiano. Termina escribiendo el escritor cristiano Bloom que la forma en que usamos nuestro cuerpo revela nuestras creencias y pregunta: ¿realmente creemos que no nos pertenecemos a nosotros mismos? ¿Nos comportamos conscientemente con nuestros cuerpos como si Cristo estuviera presente en todas nuestras acciones físicas? Y concluye que toda conducta sexualmente inmoral en la que incurra un cristiano involucra al Señor Jesucristo en ella.

Muchos cristianos actuamos como fuéramos dueños de sí mismos.
Las Escrituras enseñan de que los cristianos estamos unidos a Cristo, que aquel que se une al Señor, un espíritu es con Él; que no nos pertenecemos a nosotros mismos, que fuimos comprados por precio, y que, por lo tanto, somos esclavos de Dios y que Cristo está presente en todas nuestras acciones físicas y mentales.
Lamentablemente, no obstante que creemos la Palabra de Dios de que no nos pertenecemos a nosotros mismos, en la práctica muchos cristianos actuamos como si fuéramos dueños de si mismos, libres, dueños de nuestro destino, tal como lo piensan y lo practican, la mayoría de las personas no cristianas en el mundo.

Es una tragedia que muchos cristianos, a causa del gen de rebelión que todavía anida en nosotros, no obstante que mora en nosotros el Espíritu Santo, actuamos con el mismo pensamiento del poeta inglés William Ernest Henley (1849-1903), quien afirmaba, en su famoso poema “Invicto”, que él era el dueño de su destino, el capitán de su alma. El poema Invicto expresa lo siguiente: “De la noche que me cubre, negra como el abismo de polo a polo, doy gracias a los dioses que sean por mi alma invencible. En las garras implacables de la adversidad no me he inmutado ni he gritado. Bajo los golpes del azar mi cabeza está ensangrentada, pero no doblegada. Más allá de este lugar de ira y lágrimas, se cierne solo el horror de la sombra y, sin embargo, la amenaza de los años me encuentra, y me encontrará, sin miedo. No importa cuán estrecha sea la puerta, cuán cargado de castigos esté el pergamino, yo soy el dueño de mí destino, yo soy el capitán de mí alma”.

Al respecto, el escritor cristiano Jon Bloom, en su artículo “Invicto Redimido”, relata que Henley escribió el poema a los 27 años, tras haber luchado durante años contra la tuberculosis ósea, enfermedad que le costó una pierna y que finalmente le causó la muerte a los 53. Bloom afirma que Henley, era un ateo declarado, quien encontró en sí mismo, la única fuente de su fortaleza. No creía que su dolor tuviera un propósito superior. Era simplemente los golpes del destino. Su única esperanza era afrontar esos golpes con entereza, lo que para él significaba una estoica determinación de jamás rendirse.

Por su parte, el autor cristiano Cregan Cooke, en su artículo “Hay un solo Dios Verdadero”, afirma que todos queremos ser reyes de nuestras propias vidas. Explica Cooke que desde los albores de la humanidad en el jardín del Edén, un aspecto del corazón humano permanece inmutable: en lo más profundo de nuestra alma, todos anhelamos ser dueños de nuestro destino. Nos mantenemos firmes en nuestra determinación de destronar al legítimo y único rey verdadero, Jesucristo. La ironía, añade Cooke, es que somos incapaces de gobernar nuestras vidas, tan desordenadas y autodestructivas como somos, pero aun así creemos que somos los indicados para dirigir las cosas. Cuando somos honestos acerca de nuestra verdadera naturaleza, sabemos que no tenemos madera de rey. Y este descubrimiento conlleva a darle a Cristo el lugar que le corresponde como rey de nuestras vidas”

Mis hijos, mis hermanos, mis amigos: Tenemos que luchar con ese espíritu de rebelión que todavía anida en nosotros, el cual nos impulsa a creer y actuar de que somos dueños de nosotros mismos; dueños de nuestro destino y el capitán de nuestra alma.
Nosotros los creyentes verdaderos, los que hemos nacido de nuevo, debemos actuar con la convicción que no somos dueños de sí mismos; que le pertenecemos en cuerpo y espíritu a Dios, y que el Señor Jesucristo está presente en cada una de nuestras acciones, tanto físicas como mentales.

Constantemente debemos de recordar lo escrito por el apóstol Pablo de que somos del Señor, ya sea que vivamos o que muramos, que nadie vive y muere para sí mismo. También debemos de memorizar la respuesta del Catecismo de Heidelberg, ante la pregunta ¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte? Que dice: “Yo no me pertenezco a mi mismo, sino que pertenezco en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador, Jesucristo. El pagó por completo todos mis pecados con su preciosa sangre, y me liberó de la tiranía del diablo… y porque le pertenezco, Cristo me asegura, por medio de su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace estar dispuesto y preparado de todo corazón para vivir para él de ahora en adelante.”

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