Gente de Dios Familiar

Gente de Dios Familiar Somos un Grupo Familiar de Oración Católico, que pertenecemos a la Comunidad Católica San Pablo. Buscamos llevar el mensaje de salvación a todos.

Evangelio del domingoJuan 20, 19-23Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa dond...
24/05/2026

Evangelio del domingo

Juan 20, 19-23
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes». Dicho esto, les mostró sus manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: «La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo». Después de decir esto, sopló sobe ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo; a los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar».

Reflexión
En la solemnidad de Pentecostés, el Evangelio de Juan nos presenta un gesto cargado de simbolismos bíblicos, pues vemos cómo Jesús sopló sobre ellos. Este gesto evoca naturalmente al inicio de la creación, cuando Dios sopló aliento de vida en la nariz de Adán.

Sin embargo, lo que ocurre en el Cenáculo no solo se refiere a la vida biológica, sino al nacimiento de la nueva creación: donde antes había miedo, puertas cerradas y corazones turbados por la culpa de la traición, el soplo del Resucitado instaura un orden nuevo bajo la fuerza del Espíritu Santo.

Al mismo tiempo, este pasaje nos muestra la relación que hay entre el Espíritu Santo y el perdón, pues este perdón sincero solo puede venir de la acción poderosa de Dios que nos inunda con su misericordia.

Este soplo es la respuesta de Dios a nuestro caos interior. El Espíritu Santo llega a la Iglesia no como una idea abstracta, sino como una fuerza vital que purifica y recrea; al recibir el Espíritu, los discípulos son capacitados para la tarea más divina: el perdón de los pecados.

Esto nos enseña que la nueva creación se construye sobre la misericordia. Como comunidad celebrar Pentecostés es permitir que Jesús sople de nuevo sobre nuestra rutina, nuestros cansancios, nuestras estructuras rígidas en la familia, en la sociedad, en nuestros negocios, para que dejen de ser barro seco y se conviertan realmente en comunidades vivas, enviadas a comunicar que en Cristo el mundo ha vuelto a comenzar.

Y recuerda, la fuerza del Espíritu Santo nos da la fuerza para perdonar y así poder construir una nueva sociedad llena de vida y de amor.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Ernesto María Caro.

Evangelio del díaJuan 21, 20-25En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: "Sígueme". Pedro, volviendo la cara, vio que iba det...
23/05/2026

Evangelio del día

Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: "Sígueme". Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: 'Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?' Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¿qué va a pasar con éste?" Jesús le respondió: "Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme".

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: 'Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?'

Ese es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.

Reflexión
Juan concluye la narración del Evangelio con este pasaje en donde él se observa a sí mismo en la escena, nuevamente como el discípulo a quien Jesús amaba; está narrando este momento en la tercera ocasión que se aparece Jesús a sus apóstoles después de su resurrección y vuelve a recordar ese momento tan especial durante la última cena cuando se recuesta sobre su pecho. Con qué emoción debía recordar Juan ese momento que no puede dejar de mencionarlo. Dios nos conceda que así seamos en nuestra vida, nunca olvidar esos encuentros donde experimentamos la presencia del Señor y desde ahí, volver a incendiar nuestro corazón y el deseo de que más personas lo conozcan.

Por su parte, Jesús nunca deja de enseñar, en esta ocasión, después de purificar el corazón de Pedro de la herida que causó el que lo negara tres veces, lo llama nuevamente con contundencia “sígueme”. Pedro no sabe exactamente qué va a ocurrir al atender ese llamado de Jesús, obedece y va con Él, sin embargo, sucede algo inesperado, aunque lo llamó a él, también el discípulo amado inició el camino con ellos. Pedro se extraña y le pregunta a Jesús “¿qué va a pasar con éste?” No sabemos exactamente qué pasó por su mente o su corazón, si pensaba que a este llamado solo debía acudir él, o si incluso le pudiera haber molestado la presencia de Juan, a lo que el Señor responde: “si yo quiero que viva hasta que vuelva ¿a ti qué?” Incluso hay algunas otras versiones que traducen de manera más ruda este pasaje con un ‘¿a ti qué te importa?’.

Y es que a veces nos dejamos llevar por lo que nosotros queremos hacer o queremos que suceda, no vemos la mano de Dios en lo que está pasando a nuestro alrededor, o incluso podemos llegar a envidiar que otro hermano viva nuestras experiencias espirituales o el Señor le llame a una tarea ‘más importante’ que la nuestra. Todos somos importantes, como le escribió San Pablo a los Corintios “El ojo no puede decir a la mano: ‘No te necesito’, ni la cabeza a los pies: ‘No los necesito’”. Todos formamos parte del cuerpo de Cristo y todos tenemos algo que aportar para que unidos como Iglesia, más personas conozcan a Cristo.

Jesús nos recuerda que todo el poder le ha sido dado en el cielo y en la tierra, por eso dice que si Él quiere que viva hasta su regreso, lo podría hacer, puede hacer hablar al menos preparado y puede hacer milagros con quien menos lo esperamos; no menospreciemos el poder de Dios que actúa en los hermanos, al contrario, demos gloria a Él cuando alguno de nuestros hermanos recibe una gracia, un don y lo pone al servicio de los demás.

Hoy te invito a que abras tu corazón al amor de Dios y estés atento a las obras que hace el Señor a través de los que entrarán en contacto contigo y que ese momento te ayude a recordar las grandes cosas que ha hecho en tu vida.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa.

Evangelio del díaJuan 21, 15-19En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que ...
22/05/2026

Evangelio del día

Juan 21, 15-19
En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".

Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme".

Reflexión
Este pasaje es uno de los momentos más intensos del Evangelio porque nos muestra que el perdón de Dios no es solo hacer como que no pasó nada, sino que el sentido que verdaderamente tiene es restaurarnos por completo en su amor. Fíjate cómo es que Jesús le pregunta a Pedro tres veces lo mismo.

Precisamente el mismo número de veces que Pedro lo había negado y no lo hace para hacerlo sentir mal, sino para darle la oportunidad de sanar cada una de las fallas con una declaración de amor. Debemos entender que nuestro pasado no es un obstáculo para lo que viene en el futuro.

A veces nosotros mismos nos ponemos la etiqueta de fracasados o sentimos que ya no somos dignos de seguir a Cristo por los errores que cometemos, pero este texto nos dice que lo único que Jesús necesita para confiarnos una misión, una nueva misión, es que seamos honestos en el amor, aunque sea un amor frágil y a medias; Él no busca gente perfecta, busca gente que esté dispuesta a intentarlo de nuevo las veces que sea necesario.

El Papa Francisco nos enseña algo que nos aterriza muy bien: ‘Jesús no nos pide cosas extraordinarias, sino que le abramos el corazón y le tengamos confianza, diciéndole: Señor, aquí estoy con mis límites, pero te amo’.

La invitación de Jesús sigue siendo la misma: ‘Sígueme’. Al final se lo dice a Pedro. También nos enseña que la fe se traduce en acción, no basta con decir que queremos a Dios, que lo amamos, sino que hay que demostrarlo cuidando a los que tenemos cerca, ya sea escuchándolos, ayudándolos y llegar a hacer lo que nos pide Jesús, pastorear a sus ovejas.

Démonos cuenta de que no somos seguidores de Jesús porque seamos los mejores, sino porque Él, conociendo todas nuestras debilidades, decidió que valía la pena darnos una, otra y otra oportunidad más, y volver a confiar en nosotros, porque nos ama y nunca lo va a dejar de hacer.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo.

Evangelio del díaJuan 17, 20-26En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido por mis ...
21/05/2026

Evangelio del día

Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos."

Reflexión
Hoy te invito a que vuelvas a leer esta lectura y mientras la lees de nuevo, imagina ese momento, ve a Jesús de rodillas orando al Padre, e imagínate a ti mismo acompañándolo junto con sus apóstoles y entonces le escuchas decir esa oración “Padre, te pido por los que van a creer en mí por la palabra de mis discípulos” el mismísimo Jesús, el Hijo de Dios pensando nuevamente en ti y en mí, en un momento tan intenso como la última cena. Ponle tu nombre, “te pido por Laura, Raúl, Oscar, o como te llames, que va a creer en mí por la palabra de un discípulo”.

Hermano, hermana, no sé tú, pero mi corazón se llena de alegría y de gozo de saberme incluido en esa oración, de reconocer que es por esta petición de Jesús al Padre que hoy conocemos y amamos a este Dios tan maravilloso, a este Dios que viene a nuestro encuentro.

Es un gran regalo entender que tuvo que haber una transmisión de la fe desde los tiempos de Jesús hasta nuestra fecha, para que tú y yo escucháramos de Él; cuántos santos, cuántos mártires, cuánta gente enamorada del Señor que se decidió a participar en el anuncio de Jesús y su Palabra, en el anuncio de la buena nueva, con el fin de que hoy podamos unirnos a la Iglesia y mantener esa promesa viva. Tú y yo somos también mensajeros de esta petición que hizo Jesús al Padre, no solo para nuestro beneficio, sino también para que los que están a nuestro alrededor crean también y puedan acceder a una vida de la mano del Señor.

Y esta petición no es sólo para que aspiremos a la felicidad, sino como nos dijo el Papa León XIV “El Señor no quiere que, en esta unidad, seamos una multitud anónima y sin rostro. Quiere que seamos uno: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros»” El Señor quiere que junto con los que están a nuestro alrededor, junto con todos los laicos y consagrados del mundo, seamos uno, que seamos uno para que el mundo lo conozca y quiera conocerlo.

Anímate hoy a ser parte de sus discípulos, comparte con alguien esta alegría de saber que Jesús pidió al Padre para que tú creyeras, anima a esa persona que está cerca de ti a decidirse a conocer más de Jesús y dale gracias por aquellas personas que colaboraron para que tú lo hayas conocido.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa.

Evangelio del díaJuan 17, 11-19En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre santo, cuida en tu nombre...
20/05/2026

Evangelio del día

Juan 17, 11-19
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad".

Reflexión
Nos ubicamos en el discurso de despedida de Jesús al final de la Última Cena. Ahí Jesús no pide al Padre que se nos quite del mundo y para muchos esto puede ser desconcertante, porque muchas veces quisiéramos una fe cómoda, protegida y sin conflicto.

Sin embargo, el lugar del cristiano es precisamente el mundo, ese espacio tal vez difícil, donde la fe se vive y se pone a prueba. Ahora Cristo añade algo aún más exigente: ‘No son del mundo’. Y esto es cierto y debe volverse una realidad en nosotros; es decir, vivimos en medio de todo: trabajamos, convivimos, participamos en la sociedad como ciudadanos, pero nuestra lógica no puede ser la misma que la del mundo, no puede ser igual que las estructuras sociales, culturales y políticas contrarias al Evangelio.

Si pensamos igual que todos, si reaccionamos igual que todos, si buscamos lo mismo que todos, entonces hemos perdido nuestra identidad cristiana. Por eso Cristo le ruega al Padre que se nos consagre en la verdad, es decir, hacernos suyos, separarnos para Él, para la misión. La vida cristiana nunca va a ser un refugio, sino que es un envío.

Solo quien vive en la verdad puede realizar correctamente su misión, porque si no vivimos desde la verdad de Dios, terminamos anunciando opiniones, ideologías o simplemente adaptándonos al ambiente. Por eso Cristo mismo añade: ‘Por ellas me consagro’. Él no pide nada que no haya vivido primero; su consagración en la cruz es la entrega total. Y ahí se revela la verdadera santidad, no en aislarse, sino en darse.

El magisterio de la Iglesia Católica en la Constitución Lumen Gentium lo expresa con gran claridad en cuanto afirma que: ‘todos los fieles están llamados a la santidad’; pero esa santidad no es evasión del mundo, sino transformación del mundo desde dentro.

Por lo tanto, la pregunta necesaria para hoy es ¿Estoy viviendo en el mundo sin ser del mundo o ya me he vuelto indistinguible de él? Porque solo el que permanece en la verdad puede ser realmente enviado, y solo el que se entrega como Cristo, puede dar la vida.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey.

Evangelio del díaJuan 17, 1-11En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, ha llegado la hora. Glori...
19/05/2026

Evangelio del día

Juan 17, 1-11
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dé la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.

Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame en ti con la gloria que tenía, antes de que el mundo existiera.

He manifestado tu nombre a los hombres que tú tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tú me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo salí de ti y creen que tú me has enviado.

Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por éstos, que tú me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estaré más en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo".

Reflexión
En este pasaje de Juan lo que leemos es prácticamente una conversación privada entre el Hijo y el Padre. Como si el Señor hubiera dejado su diario de oración por ahí abierto y pudiéramos leerlo y tener acceso a todo lo que Él habla con su Padre.

Jesús levanta los ojos al cielo y en lugar de pedirle al Padre que lo libere del sufrimiento que viene, se pone a hablar de la gloria. Pero ojo, que su idea de gloria no tiene nada que ver con aplausos o con títulos, para Él la gloria es cumplir la misión que el Padre le ha encomendado, la de dar la vida por nosotros, para que nosotros conozcamos el amor del único Dios verdadero.

Vaya que tenemos mucho que aprender solamente de este primer momento. Jesús lo dice claramente: ‘esta es la vida eterna, que te conozcan a ti’. Es decir, la vida eterna no es algo que empieza cuando nos morimos. A veces pensamos que la fe es como un seguro de vida para el más allá, cuando en realidad es una relación para el aquí y el ahora.

Conocer a Dios es empezar a vivir esa plenitud desde que te levantas, en cómo tratamos a la familia o en cómo enfrentamos un día en el trabajo. No tenemos que esperar al cielo para estar con Dios, podemos empezar hoy mismo abriéndole un espacio en nuestro día: leer o escuchar el Evangelio, como lo estás haciendo ahora y continuar después con una oración sencilla pero dedicada; formándote, preparándote, viviendo una vida sacramental constante y profunda.

Luego Jesús dice: ‘te pido por ellos’. Jesús mismo está intercediendo por nosotros ante el Padre, Él reconoce que somos suyos y que le pertenecemos también al Padre. ¡Qué privilegio tan grande! poder escuchar que no solo ya no somos siervos, sino amigos y que además pide personalmente por ti y por mí.

Sobre la oración, Santa Teresita del Niño Jesús escribió: ‘Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de gratitud y de amor, tanto en la prueba como en la alegría’.

Ella entendió que orar, como lo hizo Jesús en este pasaje que hoy escuchamos, no es decir palabras raras o palabras domingueras, sino simplemente voltear al cielo a mirar al Padre con total confianza, sabiendo que estamos en sus manos y que la gloria se la damos cada vez que cumplimos con su voluntad, aunque ésta nos represente en ocasiones dolor y sufrimiento.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo.

Evangelio del díaJuan 16, 29-33En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: "Ahora sí nos estás hablando claro y ...
18/05/2026

Evangelio del día

Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: "Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios".

Les contestó Jesús: "¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo".

Reflexión
Familia, el Evangelio nos narra cómo los discípulos dicen que creen porque ya entienden, pero Cristo responde con una pregunta casi irónica: ‘¿De verdad creen?’ Porque Jesús sabe lo que viene, en pocas horas lo van a abandonar, van a huir, se van a dispersar; por eso la fe no consiste principalmente en entender, la fe de los discípulos no era tan firme como pensaban, aún a pesar de que ya estaban comprendiendo más.

Y aquí está el primer choque de realidad del Evangelio, creer no es entender ni sentir seguridad, creer es permanecer cuando todo se rompe o se derrumba. Muchos hoy confunden la fe con claridad, con paz emocional, con tener todo resuelto, pero hoy el Evangelio nos demuestra que tampoco va por ahí.

Escuchamos: ‘en el mundo tendrán tribulación’. La tribulación no es señal de ausencia de Dios, es el lugar donde la fe deja de ser idea y se vuelve realidad y en medio de eso, Cristo afirma algo desconcertante: ‘les dejo mi paz’ ¿paz en medio del abandono? ¿paz cuándo todo falla?

Sí, porque no es la concepción que el mundo tiene de paz; el mundo nos hace creer que hay paz cuando no hay problemas, Cristo, por el contrario, llama paz a algo mucho más profundo: estar unido a Él incluso cuando todo se derrumba. Por eso añade: ‘Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo’. Aquí está el centro, Jesús es abandonado por todos, pero no pierde su comunión con el Padre y eso es la verdadera fe: no evitar la cruz, sino no perder a Dios en la cruz.

Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica, cuando habla sobre la fe, lo explica con precisión, la fe puede ser verdadera y, sin embargo, imperfecta; necesita ser probada para fortalecerse, porque no basta con un asentimiento inicial, sino que debe arraigarse en la voluntad y sostenerse en la prueba. No basta con creer, hay que pasar por la prueba para que la fe sea real.

Y el Evangelio termina con una frase que es radical: ‘Ánimo, yo he vencido al mundo’. No dice que va a vencer, sino que ya venció. Antes de la cruz visible, la victoria ya está decidida. Familia, esto cambia todo: nuestro fracaso no es el final, nuestro sufrimiento no es la derrota, nuestra oscuridad no es ausencia de Dios, porque Cristo ya ha vencido, incluso cuando nosotros a veces huyamos o escapemos. La pregunta no es si vamos a caer, la pregunta es ¿Vamos a volver y permanecer en Él?

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey.

Evangelio del domingoMateo 28, 16-20En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el qu...
17/05/2026

Evangelio del domingo

Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús se postraron aunque algunos titubeaban.

Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas la naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».

Reflexión
En este día de la Ascensión del Señor, he querido detenerme sobre un tema importante, sobre todo si hemos entendido que somos enviados a llevar las buenas noticias de Jesús, pues en nuestras comunidades hay personas que se sienten culpables por sus crisis de fe.

Esto no es raro, ni debe ser motivo de tristeza, sino al contrario, de esperanza en el Señor; y es que el Evangelio de hoy nos dice que: ‘los discípulos se postraron para adorarle, pero algunos dudaron’. Esta observación no es una crítica, sino un consuelo profundo para todos aquellos que en situaciones críticas han tenido dudas de su fe.

Esta situación de algunos de los discípulos nos revela que la fe no es un estado de certeza matemática o una emoción inalterable, sino un camino donde la adoración y la duda pueden coexistir bajo la mirada de Jesús. Lo más esperanzador es la actitud de Jesús, que no recrimina esa duda ni aparta a los que vacilan. Y es que en ellos nos podemos ver también nosotros, en donde hay una mezcla de fe ferviente, pero también de fragilidad humana.

Jesús nos deja ver que todos podemos ser sus instrumentos en la evangelización, a pesar de que, en algunos momentos, nazcan algunas dudas en nosotros; la duda cuando se vive frente a Jesús no nos aleja de la misión, sino que nos hace más humildes y dependientes de su gracia.

Es por ello que, conociendo nuestra debilidad, Jesús promete a sus discípulos quedarse con ellos hasta el final. Hermanos, esto nos anima a continuar nuestro camino y nuestra misión, pues ‘si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?’. El Señor no nos mandó a evangelizar porque seamos expertos y sin errores, sino porque somos testigos de un amor que nos sostiene, incluso cuando nuestras fuerzas flaquean.

Recuerda, la misión no depende de nuestras fuerzas, sino de la fe que nos comunica la presencia continua del Señor Jesús.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Ernesto María Caro.

Evangelio del díaJuan 16, 23-28En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en m...
16/05/2026

Evangelio del día

Juan 16, 23-28
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre".

Reflexión
Antes de su Pasión, Muerte y Resurrección, el Señor habla a sus discípulos con ternura, les trata de dar un mensaje que vendrá a ser un gran consuelo una vez que El Espíritu Santo abra su entendimiento, y que es una gran esperanza para nosotros, “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se los concederá”, la garantía de que nuestra oración al Padre es escuchada, está puesta en la boca del mismo Jesús.

¿Por qué nos será tan difícil mantener la consciencia sobre esta gran promesa de Jesús? Lo único que nos pide hacer cuando nos dirijamos al Padre es que lo hagamos en su nombre, porque a Él le ha sido dado todo el poder en el cielo, en la tierra y en los abismos, y por ese poder, por el poder de su nombre, es que nosotros tenemos acceso al Padre. El Papa Francisco, refiriéndose a esta promesa de Jesús decía “esto es un cheque en blanco”, un cheque en blanco firmado por el mismo Jesús, porque Él no miente.

Jesús quiere vernos felices en esta tierra donde estamos de paso y por eso nos anima diciéndonos “pidan y recibirán” su palabra es la garantía de que esto es algo que Él mismo nos ha dejado como herencia, podernos dirigir a ese Padre misericordioso que quiere lo mejor para nosotros. El mismo Jesús en otro pasaje nos repite esta misma invitación “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá” tenemos de nuestro lado a un Dios misericordioso que escucha a su pueblo cuando le busca, que nos ama con ese amor incondicional y que quiere que todos tengamos una vida en abundancia.

Entonces ¿esto quiere decir que cualquier cosa que le pida al Padre en nombre de Jesús nos la concederá? San Alfonso María de Ligorio nos dice que ‘las gracias que pedimos deben ser gracias que miren a nuestra salvación eterna, la promesa no se refiere a favores temporales: nuestro Señor los concede cuando son provechosos para nuestro bienestar eterno’. Busquen los bienes de arriba, nos dice la palabra de Dios.

Hoy te invito a poner en las manos del Padre, en el nombre de Jesús, aquellas cosas que inquietan tu corazón, aquello que no te permite vivir en paz, déjalo actuar en tu vida para que se cumpla en ti su voluntad y tú sigue adelante, con la seguridad de que El Padre te ha escuchado porque su Hijo te lo prometió, para que, como dice este pasaje de la Escritura, tu alegría sea completa.

Esta reflexión del Evangelio es una producción de Evangelización Activa

Evangelio del díaJuan 16, 20-23En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entr...
15/05/2026

Evangelio del día

Juan 16, 20-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.

Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada".

Reflexión
Hay momentos en nuestra vida que se sienten como un callejón sin salida, donde el dolor o la angustia parecen ser lo único que hay en el camino. Jesús sabe que sus discípulos están pasando por un momento que no entienden, apenas están asimilando todo lo que está pasando y Él sabe lo que les está provocando este momento de separación y de no conocer lo que les va a suceder.

Llorarán y estarán tristes mientras el mundo se alegra, pero esa tristeza se transformará en gozo. Y Jesús usa la comparación de la mujer que está dando a luz, que sufre mucho en el momento, pero en cuanto ve a su bebé, deja a un lado el dolor y todo el sacrificio que vivió, por la alegría de la vida nueva y tener a su hijo en brazos.

Esto nos enseña que la crisis, esos viacrucis personales o sacrificios que hacemos por amor, no son en vano, no es un sufrimiento vacío, es el costo de algo mucho más grande que está haciendo en nosotros y la alegría será tanta que nadie la podrá quitar.

Diferente a lo que ofrece el mundo, porque la alegría del mundo es una alegría desechable y momentánea, porque depende de que todo salga bien, pero la alegría de Jesús es una alegría a prueba de todo.

Revisa hoy ¿de qué depende tu felicidad?, si depende solo de cosas externas, del dinero, la fama, la posición en el trabajo; siempre vas a vivir con miedo a perderla, pero si tu alegría viene de saber que Dios ha vencido a la muerte, que ha resucitado, que vive y que está contigo, entonces tienes una paz que nada ni nadie podrá arrebatarte, aunque te llegue a faltar algo.

San Juan Pablo II decía: ‘no se abandonen a la desesperación, somos el pueblo de la Pascua y el Aleluya es nuestra canción’. Él lo vivió en carne propia y dio testimonio de esto: aunque pasemos por valles de sombras, si tenemos a Dios en nuestro corazón, el destino final siempre es la luz.

Podemos estar tristes y pasar momentos difíciles, pero esto es pasajero. Como Jesús dice al final: ‘ese día ya no me preguntarán nada’. Se acabarán las dudas porque la presencia de Dios lo llenará todo.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo.

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