18/01/2026
Por si ustedes no lo conocian....
BEATO JUAN BARRERA MÉNDEZ 🇬🇹
CATEQUISTA MÁRTIR DE GUATEMALA
18 DE ENERO DE 1980
Juanito Barrera es el más joven de los Beatos Mártires del Quiché. Su memoria litúrgica se celebra con todo el grupo de mártires el 4 de junio, pero un día como hoy, Juanito pasó a la vida eterna con Dios, contando apenas con 13 años de edad. Se enfila con los jóvenes mártires latinoamericanos: San José Sánchez del Río, de México, y el Beato Nelson Rutilio Lemus, de El Salvador.
NACIMIENTO Y VIDA
Nació el 4 de agosto de 1967 en El Tablón, Zacualpa (Quiché, Guatemala), hijo de Santos Barrera y Ana Méndez. Era el sexto hijo de ocho que fueron. Fue creciendo apegado a la vida de sus padres, a las faenas del campo y a la fe que se profesaba en la familia.
Aprendió de sus padres la delicadeza de la vida y las agradables formas propias de la educación de un niño indígena; saludaba a los mayores con la cabeza inclinada para recibir la bendición. Hablaba el bello y sonoro idioma k’iché y, con el tiempo, incorporó a su lengua también el español. Alimentó su viva inteligencia y sus particulares destrezas para el trabajo, que le permitieron colaborar en casa con esmero y responsabilidad. Era particularmente apegado a su mamá, una mujer reconocida en la aldea, siempre con preciosa indumentaria propia de las mujeres indígenas de Zacualpa.
Intuitivo y perspicaz, nunca se quedaba con preguntas, le gustaba aprender. Al mismo tiempo, era de temperamento afable y tranquilo; pronto, en su conciencia inocente de niño que descubre la vida, se fueron grabando paulatinamente los signos y las raíces de su fe y el apego a las actividades de la Iglesia, decisión en la que se mantuvo firme durante su vida. Era un niño inquieto, con iniciativas casi de adulto. En sus trabajos se escondían ya semillas de un ideal grande todavía no realizado, con el sueño de ver a su pueblo adornado con los valores de la paz, la justicia y la fraternidad que permitieran a todos una vida más digna.
Su gran gozo era ir al templo y participar en la Misa. Juanito evangelizó poco a poco a sus propios padres. Los catequistas lo tenían por un niño muy correcto y bueno. Antes de cada Misa se arrodillaba delante del Sagrario para hacer su adoración eucarística. Llegó a ser catequista y participaba en la comunidad parroquial, asistiendo también con los adultos a la formación. Su sueño era tener un terrenito para construir en él un templo digno, dedicado a San Sebastián, para su comunidad y, sobre todo, cerca de casa, para que toda su familia pudiera reunirse y escuchar la Palabra de Dios. Se puede intuir con qué ilusión y devoción hizo Juanito su Primera Comunión.
PERSECUCIÓN A LA IGLESIA EN EL QUICHÉ
La muerte del Beato Juanito se inscribe dentro de una escalada militar contrainsurgente del ejército durante el gobierno de Romeo Lucas García, en confrontación contra el pueblo y la insurgencia revolucionaria o subversión, como era conocida. El gobierno de este general corrupto y despiadado atrajo la guerra sobre el país, y no dio ningún paso para buscar la paz. La crisis económica se agravó en extremo. El departamento de Quiché fue uno de los escenarios donde el enfrentamiento armado interno mantuvo el pulso de las confrontaciones, casi hasta las inmediaciones de la firma de los Acuerdos de Paz en diciembre de 1996.
Con este militar en la cúpula del gobierno, el país no tenía un presidente, sino un dictador, que muy posiblemente ganó las elecciones de 1978 de forma fraudulenta. Desde su llegada al poder, la violencia de la represión gubernamental iba alcanzando todos los rincones del país, porque hasta la familia más apartada caía bajo la sospecha de dar cobijo a los guerrilleros.
Zacualpa era un municipio de campesinos humildes. Durante 1979 se dieron múltiples asesinatos selectivos, secuestros, ejecuciones extrajudiciales, o detenciones a manos de comisionados militares, infiltrados dentro de la población. Al año siguiente el ejército llevó a cabo la primera masacre en la comunidad del Cantón Segundo Centro de la Vega, en el Tablón, luego los soldados, con el aparato de fuerza que les era característico en todas esas operaciones de “limpieza”, registraban casa por casa. Esos eran los momentos más dolorosos para todas las familias. Toda la gente caía bajo la sospecha de ser un subversivo, pero si en la casa encontraban Biblias, catecismos, libros de cantos, cartillas de alfabetización, cuadros religiosos, altares con velas…la evidencia era suficiente. Es posible que algún traidor les guiara e indicara las familias católicas.
EL MARTIRIO
La familia de don Santos y doña Ana estaba todavía sentada a la mesa cuando, el 18 de enero temprano, los soldados se presentaron sin avisar en la puerta; dos ráfagas de metralleta los paralizaron. Las balas sembraron el terror en todos los miembros de la familia, entraron violentamente en la humilde casa, consiguieron atrapar a los hijos varones; en medio de los gritos, el llanto de la madre y los niños pequeños todo se volvió confusión y pánico. En el forcejeo los que peor salieron fueron Jacinto y su hermano Juanito, que se quedó inmóvil del susto. Los soldados con sus armas, gritos y amenazas, hacían alarde de poder, creando un ambiente de terror y pánico. Doña Ana quedó inmovilizada por el susto, pero con gran entereza. Observó impotente como agarraron por la fuerza a tres de sus hijos: Jacinto, Miguel y Juan. Miguel logró escapar, pero Jacinto y Juan no. Los amarraron con violencia, arrastrándolos lejos para interrogarlos, amenazarlos y golpearlos. Querían dar con el resto de la familia y sacarles más información de otras personas de la aldea, cosa que ellos no sabían. A Jacinto lo amarraron y golpearon hasta que se cansaron, pero pudo escapar en una distracción.
Se quedaron con el Beato Juanito, contra quien arremetieron con mayor violencia. En realidad, los soldados sabían donde se encontraban los guerrilleros, pero querían dar un golpe demostrativo de fuerza y violencia, para que la gente de las aldeas entrara en pánico y, a base de sembrar el terror, asegurarse de que no iban a colaborar con los insurgentes. La Iglesia debía sufrir el escarmiento y sus directivos y catequistas eran los primeros señalados.
El Beato Juanito sufrió una terrible tortura: fue perdiendo los zapatos en la arrastrada, terminando descalzo, forzando todo su cuerpo. Los soldados actuaban como fieras, como si una violencia hubiera poseído su alma empequeñecida por la barbarie, y de tal manera estaban adiestrados, que la compasión por un ser humano no tenía cabida en ellos. Cerca del medio día, el papá de Juanito y otros aldeanos pudieron esconderse a cierta distancia, de tal manera que escuchaban los gritos y las preguntas que le hacían. Juan lloraba llamando a sus papás mientras ellos, impotentes, no podían acercarse. Cerca del medio día lo fueron arrastrando hacia el cauce de un riachuelo, pateándolo y empujándolo por entre las piedras, luego de haberle rebanado las plantas de los pies y arrancarle trozos de piel. Le cortaron una oreja, le quebraron una pierna a la altura del tobillo y finalmente, lo arrastraron a un terreno baldío y debajo de un gran pino lo colgaron. Su pequeño y débil cuerpo no ofrecía gran resistencia a tanta violencia. Con un lazo lo amarraron alrededor del cuello, lo levantaron, abrieron sus brazos sobre el pino, como un crucificado, lo amarraron de manos y pies al árbol. Miguel, su hermano que veía a lo lejos, insiste en dar el dato de que lo clavaron al pino literalmente. Mientras los vituperios contra su fe católica no cesaban.
El cuerpo de Juanito ya estaba desfigurado. Alguien recuerda que, en ese momento, al levantarlo con violencia sobre el pino, se le cayó el rosario que llevaba en su bolsillo del pantalón; un soldado lo empuñó con rabia y se lo mostraba en la cara, ofendiéndole. Arrojó de nuevo el rosario al suelo y en cambio recibió una ráfaga de metralleta sobre su cuerpo. Luego abandonaron el cadáver unos kilómetros más delante de su casa. Aquel día mataron a unos 25 miembros de la comunidad. Su cuerpecito fue sepultado en una fosa compartida días después. La tierra directa fue su tumba, signo de un gran despojo, tal fue su configuración con el Crucificado. Muchos años después sus restos se exhumaron y trasladaron al cementerio de Zacualpa. En ocasión de la beatificación sus restos han sido colocados en una bella y modesta urna para ser venerados en la Parroquia de Zacualpa.
Juanito fue beatificado junto a otros 9 mártires (tres sacerdotes misioneros y seis laicos catequistas) el 23 de abril de 2021.
OREMOS
Dios y Padre nuestro,
te damos gracias por tu siervo,
el Beato Juanito Barrera,
un niño que con valentía
y fe inquebrantable,
enseñó el catecismo
y guió a sus hermanos en la fe,
incluso en medio de la persecución
en el Quiché.
Por tu gracia y los méritos de Juanito,
te pedimos que infundas en nosotros
un amor profundo a tu palabra
y un gran valor,
para hacer tu voluntad sin temor,
aun cuando enfrentemos dificultades.
Que por su intercesión, podamos unirnos
a la cruz de tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Oh, Beato Juanito Barrera,
martirizado por tu fe, ruega por nosotros.
Intercede ante Dios
para que seamos valientes,
para vivir como verdaderos cristianos
y para que tu ejemplo nos impulse
a amar a Cristo sobre todas las cosas.
Pedimos tu pronta canonización,
para que tu vida y martirio
sean un faro de esperanza
para toda la Iglesia,
especialmente para Guatemala.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Señor, por la intercesión
del Beato Juanito Barrera,
te pido humildemente por
[menciona tu necesidad o favor aquí].
Juanito Barrera, niño catequista
y mártir, ruega por nosotros. Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.