29/03/2026
Hace un año, un 29 de marzo del 2025, el corazón latía distinto. Tras más de diez años de ausencia, en un momento íntimo y profundamente simbólico, Jesús fue revestido con un nuevo ajuar, luciendo una túnica corta como nunca antes... y entonces parecía que el tiempo se detenía porque en ese momento como aquella esperanza que siempre tuvimos la puerta principal de la capilla comenzaba abrirse, se veía nuevamente al señor de una forma gloriosa como el Protector Perpetuo que es, donde la luz también abría paso como promesa viva de esperanza.
Entre el incienso que elevaba nuestras oraciones, el sonar de campanas y matracas se anunciaba que estaban listos, digna y majestuosamente preparados para su salida, donde al día siguiente, el sol volvería a acariciar sus sagradas imágenes. Hoy, con el alma llena de gratitud, compartimos este recuerdo con la feligresía, pidiendo a Dios que nos conceda muchos años más de gracia para seguir llevándolos por nuestras calles, agradeciendo que este 2026 fue el segundo año que se nos permitió una vez más su solemne procesión.