21/04/2026
LAUDES DEL OFICIO DE DIFUNTOS
Aniversario Luctuoso de Papa Francisco
21 de abril
Un aniversario luctuoso es la fecha en la que se recuerda la muerte de una persona, conmemorando cada año el día en que falleció.
La palabra “luctuoso” viene de luto, que significa duelo o tristeza por la pérdida de alguien. Por eso, este tipo de aniversario suele tener un tono respetuoso y solemne. Por su parte, el oficio de difuntos es una oración litúrgica de la Iglesia, que se reza para pedir por el descanso eterno de las personas fallecidas; forma parte de la Liturgia de las Horas y consiste en una serie de salmos, lecturas bíblicas, responsorios y oraciones especiales que reflexionan sobre la muerte, la esperanza en la resurrección y la misericordia de Dios. Está conformado por laudes, vísperas y oficio de lectura de difuntos, y a veces se acompaña de la misa de réquiem; al rezarlo, los fieles interceden por las almas de los difuntos para que alcancen la paz y la vida eterna. A continuación, compartimos el rezo de Laudes con una meditación tomada del Oficio de Lectura.
℣. † Señor, ábreme los labios.
℟. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Verdaderamente ha resucitado
el Señor. Aleluya.
HIMNO
Tú, Señor, que asumiste la existencia,
la lucha y el dolor que el hombre vive,
no dejes sin la luz de tu presencia
la noche de la muerte que lo aflige.
Te rebajaste, Cristo, hasta la muerte,
y una muerte de cruz, por amor nuestro;
así te exaltó el Padre, al acogerte,
sobre todo poder de tierra y cielo.
Para ascender después gloriosamente,
bajaste sepultado a los abismos;
fue el amor del Señor omnipotente
más fuerte que la muerte y que su sino.
Primicia de los mu***os, tu victoria
es la fe y la esperanza del creyente,
el secreto final de nuestra historia,
abierta a nueva vida para siempre.
Cuando la noche llegue y sea el día
de pasar de este mundo a nuestro Padre,
concédenos la paz y la alegría
de un encuentro feliz que nunca acabe.
Amén
SALMODIA
Salmo 50: Misericordia, Dios mío
Ant: Se alegrarán en el Señor
los huesos quebrantados. Aleluya.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.
¡Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Se alegrarán en el Señor
los huesos quebrantados. Aleluya.
Isaías 38,10-14;17-20: Angustias de un moribundo y alegría de la curación
Ant: Líbrame, Señor,
de las puertas del abismo. Aleluya.
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar
hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo.
Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»
Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió paz
cuando detuviste mi alma
ante la tumba vacía
y volviste la espalda a todos mis pecados.
El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días en la casa del Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Líbrame, Señor,
de las puertas del abismo. Aleluya.
Salmo 145:
Felicidad de los que esperan en Dios
Ant: Alabaré al Señor mientras viva. Aleluya.
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Alabaré al Señor mientras viva. Aleluya.
LECTURA BREVE
1Ts 4,14
Creemos que Jesús ha mu**to y resucitado; del mismo modo, a los que han mu**to, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
MEDITACIÓN
TOMADO DEL OFICIO DE LECTURA
Cristo transformará nuestro cuerpo humilde
San Anastasio de Antioquía, obispo
(Sermón 5, sobre la resurrección de Cristo, 6-7.9 : PG 89, 1358-1359.1361-1362)
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y mu***os. Pero, no obstante, Dios no es Dios de mu***os, sino de vivos. Los mu***os, por tanto, que tienen como Señor al que volvió a la vida, ya no están mu***os, sino que viven, y la vida los penetra hasta tal punto que viven sin temer ya a la muerte.
Como Cristo que, una vez resucitado de entre los mu***os, ya no muere más, así ellos también, liberados de la corrupción, no conocerán ya la muerte y participarán de la resurrección de Cristo, como Cristo participo de nuestra muerte.
Cristo, en efecto, no descendió a la tierra sino para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro, que, desde antiguo, aprisionaban al hombre, y para librar nuestras vidas de la corrupción y atraernos hacia él, trasladándonos de la esclavitud a la libertad.
Si este plan de salvación no lo contemplamos aún total mente realizado -pues los hombres continúan muriendo, y sus cuerpos continúan corrompiéndose en los sepulcros-, que nadie vea en ello un obstáculo para la fe. Que piense más bien cómo hemos recibido ya las primicias de los bienes que hemos mencionado y cómo poseemos ya la prenda de nuestra ascensión a lo más alto de los cielos, pues estamos ya sentados en el trono de Dios, junto con aquel que, como afirma san Pablo, nos ha llevado consigo a las alturas; escuchad, si no, lo que dice el Apóstol: Nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Llegaremos a la consumación cuando llegue el tiempo prefijado por el Padre, cuando, dejando de ser niños, alcancemos la medida del hombre perfecto. Así le agradó al Padre de los siglos, que lo determinó de esta forma para que no volviéramos a recaer en la insensatez infantil, y no se perdieran de nuevo sus dones.
Siendo así que el cuerpo del Señor resucitó de una manera espiritual, ¿será necesario insistir en que, como afirma san Pablo de los otros cuerpos, se siembra un cuerpo animal, pero resucita un cuerpo espiritual, es decir, transfigurado como el de Jesucristo, que nos ha precedido con su gloriosa transfiguración?
El Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad, gracias a Cristo, el cual transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Si, pues, esta transfiguración consiste en que el cuerpo se torna espiritual, y este cuerpo es semejante al cuerpo glorioso de Cristo, que resucitó con un cuerpo espiritual, todo ello no significa sino que el cuerpo, que fue sembrado en condición humilde, será transformado en cuerpo glorioso.
Por esta razón, cuando Cristo elevó hasta el Padre las primicias de nuestra naturaleza, elevó ya a las alturas a todo el universo, como él mismo lo había prometido al decir: Cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.
RESPONSORIO BREVE
℣. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado. Aleluya, aleluya.
℟. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado. Aleluya, aleluya.
℣. Cambiaste mi luto en danza.
℟. Aleluya, aleluya.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
℟. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado. Aleluya, aleluya.
BENEDICTUS
Ant: Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque haya mu**to
vivirá; y el que está vivo y cree en mí
no morirá para siempre. Aleluya.
† Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo,
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación
que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró
a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable
misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant: Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque haya mu**to
vivirá; y el que está vivo y cree en mí
no morirá para siempre. Aleluya.
Preces
Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los mu***os y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:
Señor, danos la vida en Cristo
- Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva, que aún después de nuestra muerte vivamos siempre con Cristo
Señor, danos la vida en Cristo
- Padre providente, que nos has dado el pan vivo bajado del cielo, para que lo comamos santamente, haz que al comerlo tengamos vida eterna y resucitemos en el último día
Señor, danos la vida en Cristo
- Oh Señor, que enviaste un ángel para que confortara a tu Hijo en la agonía de Getsemaní,
dígnate consolarnos en nuestro tránsito con la dulzura de tu esperanza
Señor, danos la vida en Cristo
- Tú que libraste a los tres jóvenes del fuego ardiente, libra también las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados
Señor, danos la vida en Cristo
- Dios y Señor de vivos y de mu***os, que resucitaste a Cristo del sepulcro, resucita también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria
Señor, danos la vida en Cristo
Señor Dios, rico en misericordia, que llamaste a tu siervo, el Papa Francisco, a servir a tu Iglesia como pastor universal, concédele ahora el descanso eterno y la luz perpetua; perdona sus faltas con tu infinita bondad y recíbelo en la alegría de tu Reino.
Señor, danos la vida en Cristo
Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
OREMOS
Dios nuestro, que recompensas con justicia a todos los hombres, concede que tu servidor, el Papa Francisco a quien constituiste sucesor de Pedro, y pastor de toda la iglesia g***r eternamente en el cielo de los misterios de la gracia y del perdón, que él administró fielmente en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
℣. Concédele, Señor, el descanso eterno.
℟. Y brille para él la luz perpetua.
℣. † El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.