24/01/2026
ES LA CIENCIA (como dijo Einstein), LO MÁS VALIOSO QUE TIENE LA HUMANIDAD? O ES LA FE EN LA BIBLIA, EL LIBRO SAGRADO PARA JUDIOS Y CRISTIANOS, LO MÁS VALIOSO?
En una edición de la Biblia Hebrea (el Tanaj), traducida al español, que podemos obtener en línea, al final, a manera de epílogo, leemos el título:
"Simbolismo y metáforas".
Y en esta corta descripción de los editores sobre lo importantes que son los símbolos y metáforas que contiene el Tanaj, ellos nos hacen ver, por ejemplo, el simbolismo que se encuentra tras la narrativa del Génesis sobre la caída de Adán y Eva, los primeros padres que dan origen a la humanidad.
Nos dicen respecto de la desobediencia al 1er. mandato divino de "no comer del fruto del conocimiento del bien y del mal" (Gn.2:17): En el relato de Adán y Eva en el Jardin de Edén, el árbol no se limita a ser un objeto físico, sino que representa el libre albedrío y la capacidad humana para elegir entre el bien y el mal. Su fruto, del que no debían comer, simboliza la tentación y la caida de la humanidad en el pecado".
Y en relación a las metáforas, las definen como: "figuras retóricas que utilizan palabras o expresiones para representar algo diferente de su significado literal".
Y dan como ejemplo el Salmo 23, en el que Dios es descrito como el divino Pastor: "Esta metáfora evoca la imagen de un pastor cuidando y protegiendo a sus ovejas, y sugiere la relación confiable y cercana entre Dios y su pueblo".
Pudiera ser, que algunos ateos y nihilistas permitan que se les tuerza el brazo y acepten, al fin y al cabo, que es posible que Dios si haya sido el Creador del universo, la tierra y la humanidad, pero aseguran que si tal cosa sucedió, Dios se fue, y abandonó a su suerte a la humanidad después de crearla.
Por el contrario, de acuerdo con las Escrituras, ese Dios invisible, pero "omnipresente", nos creó "a su imagen y semejanza", por lo que los judios creen (porque ellos son, bajo inspiración divina, los autores de la Torá: Ex. 24:4; 34:27; Nm. 33:2; Dt. 31:9,24; Jos. 1:7,8; 2R. 14:6; Es.7:6; etc.), ser su "pueblo escogido".
Los cristianos, el "Israel espiritual" de Dios, e Iglesia de Cristo (Ro.2:28; Gal.3:29; 6:16; Ef.5:25-32; 1 P.2:9,10; Ro.11:17-21; 2 Co.11:2; Ap. 17:7-9; etc.), predicamos que nuestro Dios es un Dios cuyo amor es de tal magnitud, que fue capaz de entregar a su Hijo Unigénito, hace 2 mil años, para que muriera en una cruz por los pecados de la humanidad (Jn. 3:16,17).
Pero sin pretender ser demasiado inteligentes, podemos deducir, al analizar el proceso de fundación del pueblo de Israel, a partir de una pareja de caldeos (de la ciudad de Ur), Abram y su esposa Sarai (Abraham y Sara), llevados a la ciudad de Harán por el padre de Abraham (Gn. 11:31), que el objetivo de Dios, al concederle a su amigo Abraham que su estéril esposa le diera un hijo, a Isaac, era que posteriormente de uno de sus 2 hijos, Jacob, pudieran nacer los 12 patriarcas, de los cuales prosederían las 12 tribus de Israel, que luego conformarian todo un pueblo numeroso "como el arena del mar" (Gn.23:17; Os.1:10; 1 R. 4:20).
En resumen, la familia numerosa de Jacob logra sobrivivir a 7 años de hambruna gracias a la administración de José (vice faraón del Egipto de entonces), el hijo de Jacob vendido por sus hermanos, y gracias a él, su padre Jacob, sus hijos, nueras y nietos (unas 70 personas), se trasladaran a Egipto donde, luego de 400 años se multiplicaron, para luego ser liberados por Moisés de la esclavitud a la que fueron sometidos por diferentes faraones posteriores (Gn. 15:13,14).
Si nos concentramos únicamente en el relato bíblico del Génesis y del Éxodo, así como en todo el contenido de los libros históricos de la Tanaj, sí tendríamos que aceptar que los ateistas tienen razón en parte, en relación a reconocer que Dios creó a la humanidad y la dejó actuar libremente sin involucrarse más, es decir, sin intervenir en absoluto en la historia de las civilizaciones ajenas al pueblo de Israel.
En cierto sentido, parecería que todas las culturas anteriores a la creación de nación de Israel (de Abraham a la época de los reyes de Israel, pasando por la liberación de Moisés), y los millones de habitantes de las culturas de los 5 continentes alrededor de la región de Palestina, hubieran sido dejadas por Dios en absoluta libertad de acción, tan solo ciñéndose a su libre albedrío (esto explicaría la creación de las complejas mitologías de las diferentes religiones politeistas, de todas las culturas no judías).
Mientras que en el caso de Israel, Dios se concentró en formar a un pueblo para que fuera su "heredad" (Dt. 32:9), su "esposa" (Os. 2:2; Jer. 3:6-8), y un pueblo de "sacerdotes y gente santa", exclusivo para él (Ex. 19:5,6), pero que desde el principio le tentó dudando de él, y al final le fue infiel, volviéndose una y otra vez a la idolatrìa, atestiguado una y otra vez por todos los profetas hebreos, para ser consecutivamente castigados a través de invasiones, guerras y exilios.
Solo existen pocas excepciones a este proceder divino del que estoy hablando (divina "elección"), y son registros bíblicos de eventos sobrenaturales como el Diluvio Universal (Gn.6:1-22; 7:1-24; y 8:1-17), la dispersión de los constructores de la Torre de Babel con la confusión de lenguas (Gn. 11:1-9), la destrucción con asufre y fuego de Sodoma y Gomorra (Gn. 18:16-33; y 19:1-29) y enviar a un ángel a matar 185 mil asirios (2 R. 19:35; Is. 37:36; 2 Cr. 32:21).
Por supuesto que existen razones para que Dios determinara su no intervención en la historia de la humanidad. Analicemos algunas:
En primer lugar, el hecho de que Dios le compartiera al hombre "su imagen y semejanza" es un principio trascendental, porque le hace independiente, capaz de actuar y tomar decisiones.
Y por ello la 1ra. Ley o Pacto de Dios para el hombre (Os. 6:7), fue precisamente la de elegir obedecer o no obedecer, comer o no comer del "fruto del conocimiento del bien y del mal" (Gn. 2:16,17).
Pero además Dios le señaló a Adàn la consecuencia de una mala o equivocada elección, juntamente con el mandamiento que le prohibia comer (Gn. 2:17), diciéndole: "...el día que de él comieres, ciertamente morirás"...Y a partir de ese momento, todo ser humano muere! Si, a partir de esa desobediencia, ningún ser humano se ha librado de la muerte, ni se librará! (He. 9:27; Ro. 5:12).
Fue por esta libertad de acción y sobre todo, por la facultad de elección con que Dios nos dotó, juntamente con todas las habilidades de nuestro cuerpo, y facultades intelectuales que nos hacen superiores a los animales (como hablar, pensar, razonar, imaginar, inventar, crear, etc.), que demuestran que desde el principio, el plan de Dios era no estar presente de manera visible con la humanidad continuamente, sino ser un Espectador Divino de los actos de cada uno de los seres humanoa a quienes dio vida, y a quienes, a su debido tiempo, recompensaría o castigaría justamente por sus actos, en su calidad de Juez Supremo.
Otra razón de esta ausencia divina de la vida de la humanidad desde las primeras culturas, fue expresada por Dios mismo en el libro del Génesis, cuando Moisés escribe: "Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón", porque "todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal" (Gn. 6:5-7).
Y evidentemente, así como desde el principio se anuncia la venida de un Salvador (Gn. 3:15), que redimiría a la humanidad de las consecuencias del pecado (Ro. 6:23; 5:19; 3:10), la Escritura nos dice cuál fue la razón por la que vino la condenación, al declarar que: "...los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas" (Jn. 3:19), además, "la intención de la carne es muerte" (Ro. 8:5,6), y que "...por la transgreción de uno vino la condenación a todos los hombres" (Ro. 5:18); etc.
Dios crea a Adán como su hijo (Lc. 3:38), pero aunque Dios es amor (1 Jn. 4:8,16), y ama profundamente a su creación, no por ello la creó junto a él, allá en su "morada" celestial (Jn. 14:2-3), en la luz "innaccesible" en la que él habita (1 Ti. 6:16), sino que lo colocó en el huerto en Edén (Gn. 2:8-16), y no fue sino después de haberle dado instrucciones al hombre, y el mandamiento de no comer del fruto prohibido, que descendió para hablar con el hijo que había creado, porque sabía de la desobediencia de Adán y Eva, quienes cuando "...oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día... se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto" (Gn. 3:8).
Algo similar sucede años después, cuando a raíz del as*****to de Abel a manos de su propio hermano Caín, Dios habla con Caín preguntándole: "Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, ma***to seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano" (Gn. 4:9-11).
Y a lo largo de los libros históricos y proféticos, vemos que básicamente Dios se manifiesta únicamente a jueces, reyes y profetas, ya no como lo hizo en el Monte Sinaí, cuando dio la Ley a su pueblo, de una manera como nunca más volvió a hacerlo, tan majestuosa y poderosamente que los ancianos de Israel tuvieron que pedirle a Moisés: "Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos" (Ex. 20:19).
Ahora bien, aunque me gustaria extenderme más en esta demostración de las razones para la no intervención directa e inequívoca de Dios en la historia de la humanidad, debo aclarar que este artículo, más que para el pueblo cristiano, o para los teistas, está dedicado a los ateos y nihilistas, porque son ellos los que necesitan, aunque no lo deseen, ni lo acepten, que se les demuestre por qué Dios, en quien ellos no creen, y quien ellos creen que se alejó, dejando a la humanidad a su suerte, sin impedir todo el mal que ha sufrido, sufre y sufrirá el mundo, realmente no ha sido, como he anotado antes, solo el Divino Espectador, sino por el contrario, el Omnipresente que si "está", y siempre ha estado presente, quien aunque invisible, es real, más real que todo lo que existe, tanto que sin él, "nada de lo que existe, existiría" (Jn. 1:1-3).
Es más, absolutamente todo lo que existe, el universo infinito, nuestro mundo, todo y todos los que en él están, son la prueba, para los que tenemos fe en él, de que fue nuestro Dios quien creó absolutamente todo (Ro. 1:20).
Los que amamos a Dios y hemos aceptado a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, al igual que Job, podemos dar gracias a Dios, tanto "por el bien como por el mal" que recibimos (Job 1:21), y podemos orar como nos enseñó Jesucristo: "que se haga su voluntad" (Mt. 6:10), sin importar si lo aceptan y lo creen o no los ateos y nihilistas.