07/03/2025
El día 7 de marzo, pero de hace 60 años, se dio el primer gran paso visible de la reforma litúrgica, con la celebración de la misa según el rito de transición según las directrices de la instrucción "Inter Oecuminici" (5 de septiembre de 1964), que contemplaba ya el papel regulador de los obispos en sus diócesis en materia litúrgica y otros aspectos como la simplificación de los ritos, la anulación de besos en la mano del celebrante, la incensación solo al altar mayor, etc.
Otro aspecto sobresaliente fue que las lecturas de la liturgia de la Palabra finalmente podían decirse en lengua vernácula, y los fieles podían acceder al ambón a leerlas, además de que finalmente la Plegaria Eucarística se hacía en voz alta, y los fieles podían escucharla.
También es aquí que la concelebración regresa de lleno a la liturgia latina.
Cabe mencionar que las comisiones litúrgicas de todas las Conferencias Episcopales trabajaron muy duro para realizar las traducciones de los textos litúrgicos a las lenguas vernáculas, y ni se diga San Pablo VI, que, después de la validación del Consilium –la comisión creada para elaborar los textos litúrgicos–, tenía que leer cada texto para darle su visto bueno.
En este periodo, surgen las comisiones diocesanas de liturgia.
El capítulo 2 de Inter Oecuminici muestra a grosso modo el esquema que debía tener el Ordo Missae, además de que también expone las partes de la misa que en su momento podían decirse en lengua vernácula: lecturas, Kyrie Eleison, oración de los fieles, antífonas del introito, ofertorio y comunión, junto con las acclamaciones, saludos y fórmulas de diálogo, el Ecce Agnus Dei y el Padre Nuestro. Cabe mencionar que el uso de la lengua vernácula nunca fue impuesto, sino que, como dice la misma Inter Oecuminici: "En las misas con canto y las misas rezadas que se celebran con asistencia del pueblo, la competente autoridad eclesiástica territorial puede permitir el uso de la lengua vernácula, después de que la Sede Apostólica haya aceptado o confirmado las actas", por lo cual, es un mito el decir que la lengua vernácula fue impuesta arbitrariamente desde Roma.
Uno de los aspectos más sobresalientes fue la sección dedicada a la construcción de las nuevas iglesias, que marcaba algo que a muchos incomodó: la construcción de los altares versus populum, según el uso de las antiguas iglesias maronitas. Cabe mencionar que esta indicación fue muy mal entendida por muchos párrocos, pues la instrucción ordenaba que los templos construidos a partir de 1964 tuvieran altares separados de la pared, y fue lamentable cómo muchísimos altares ad orientem anteriores fueron destruidos en un afán sincero, pero equivocado, de reforma. De haberse cumplido al pie de la letra la indicación, tendríamos actualmente misas ad orientem y versus populum, según la antigüedad del recinto.
También la reducción de altares laterales o la construcción de un solo altar mayor fue significativa, para concentrar la atención de los fieles en un solo altar con una cruz al centro, así como la reserva del Santísimo Sacramento fuera del altar mayor para que los fieles no interrumpieran la participación en la misa rezando estaciones o novenas.
Finalmente, el 9 de enero de 1965, es promulgado el decreto "Nuper Edita", que da a conocer el texto del Misal de Transición, sus rúbricas y el tratado "De Defectibus in Celebratione Missae Occurrentibus" (Sobre los defectos que pueden ocurrir en la celebración de la Misa), el cual fue dado a conocer y a estudiar a todos los sacerdotes y obispos, con abundante material didáctico.
Ya en la fecha que nos ocupa, 7 de marzo de 1965, se celebró por primera vez la misa simplificada, en buena parte en lengua vernácula y de cara a los fieles, que fue bien recibida por la mayoría de los fieles, aunque hubo quienes, como el periodista italiano Tito Casini, que en su libro "La Túnica Rasgada", criticaron vehementemente la nueva forma del rito latino, argumentando una insostenible conspiración judeo-comunista, creando bulos y mitos que siguen creyendo muchos incautos hasta el día de hoy.
El Misal de Transición tuvo un paso fugaz (4 años), hasta que fue promulgado el Misal Novus Ordo definitivo en noviembre 1969.
En la actualidad, es difícil encontrar material sobre este misal, pues mucho de este material fue desechado, y raramente se puede encontrar algo.
A pesar de haber perdido su vigencia, la Abadía benedictina de Ntra. Señora en Fontgombault y la Abadía de Solesmes, siguen celebrando privadamente según el Misal de 1965, obviamente, con el permiso de la Santa Sede.
En la imagen, San Pablo VI celebra por primera vez según el Misal de 1965.