14/07/2026
MANTENER AL MUNDO FUERA DE LA IGLESIA.
¿Les parece bien? Quiero mantener al mundo fuera, donde debe estar…Satanás siempre está seduciendo a los miembros para que se alejen de la Iglesia con alguna forma de mundanalidad. Si logra apartar nuestra mirada de la Palabra y ponerla en el mundo, pronto se afianzará en nuestros corazones y nos desviará del camino de la santidad, sin la cual nadie verá a Dios…
No puede usted vivir en esa invención de Santanas
llamada “zonas grises”. Dios no vive en las zonas grises.
Solo va allí para intentar sacarnos de allí antes de que
caigamos en las zonas oscuras que destruirán nuestras almas.
Pero Santanas vive y prospera en esas invenciones de
nuestras mentes que le gusta hacernos pensar como
zonas grises. Pero los santos de Dios en la Iglesia
nunca deberían preocuparse por las zonas grises.
Nuestros corazones deben estar puestos en el cielo:
en las cosas piadosas, en las cosas santas, en la obra
de salvar almas, en difundir el evangelio al mundo…
Que se sepan todos y cada uno de los mundanos que intentan rebajar los estándares de La Iglesia de Dios: nosotros no comprometeremos nuestra doctrina. Nos aferramos a la sabiduría divina en nuestro Consejo a los Miembros. Seguiremos predicando la santidad,
sin la cual nadie verá a Dios. No seremos manipulados de nuevo para rebajar los estándares de Dios. Seguiremos predicando, enseñando y, por la gracia de Dios, viviendo como el pueblo llamado, separado y peculiar de Dios; ¡Su nación santa! Qué terribles palabras cuando Pablo escribió:
“Porque Demas me ha desamparado, amando este siglo” (2 Ti. 4:10). La mundanalidad fue lo que destruyó a este hombre.
Una vez fue salvo. Estaba en la Iglesia. Fue compañero y amigo del gran apóstol Pablo, pero ahora había apostatado y se había ido, evidentemente para nunca regresar. ¿Y por qué se alejó del cielo? ¿Por qué perdió la vida eterna? Fue por su amor a este mundo presente. Cayó en sus seducciones y vanidad. Todo se centraba en la gratificación carnal en lugar de las bendiciones espirituales…
…Si estamos donde debemos estar en nuestra relación
con Cristo, no seremos vencidos por ninguno de los pecados que son tan comunes en nuestro mundo. Al mantenernos en la gracia de Dios, ¡el maligno no podrá tocarnos! Al contrario, podremos abrirnos paso entre sus filas y ver almas liberadas del cautiverio… ¿Para qué vino Jesús? ¡Vino a salvar a los pecadores! Y la Iglesia está llamada y tiene el privilegio de ir a todos los pecadores y decirles:
“¡Jesús Salva!” “¡Jesús salva!”. Él ama a cada uno de ustedes, y si invocan su nombre, ¡los limpiará de la culpa y la vergüenza de su pasado! ¡Él los liberará! ¡Aleluya! ¡Él los guiará al cielo! ¡Alabado sea el Señor! (Mensajes Anuales Históricos del Supervisor General, Stephen E. Smith, ante la 108ª Asamblea, extractos del 2013, págs. 132,
139, 146, 147).