03/03/2021
EL MIÉRCOLES DE CENIZA
¿ES ACEPTABLE?
Por Juan Salvador Lemus Palma
En los últimos años se ha suscitado inconformidades en un sector de la feligresía de la Iglesia del Nazareno, especialmente en ámbitos de América Latina, al observar que algunos hermanos nazarenos celebran el Miércoles de Ceniza, que es el inicio de Cuaresma como preparación espiritual para la celebración de la Pascua. Rechazan esta celebración porque la identifican con la práctica católico-romana basada en la tradición y no en la Biblia. La pena de estos creyentes los lleva a pensar que la iglesia del Nazareno está cayendo en un ecumenismo que puede conducir al deterioro de la ortodoxia. ¿Tienen razón nuestros hermanos de pensar así? Para ofrecer una respuesta, necesitamos dar unas explicaciones.
El Miércoles de Ceniza es el inicio de la Cuaresma la cual es un periodo de cuarenta días de espiritualidad cristiana como preparación para recibir la comunión de Semana Santa (la Pascua). La Cuaresma, desde el año 384 de nuestra era, ya enfatizaba el arrepentimiento y la reconciliación con Dios y evocaba el arrepentimiento “en cilicio y en ceniza” de los israelitas en el AT (Is. 61:3; Dn. 9:3; Mt. 11:21). Así que, como la ceniza simbolizaba arrepentimiento en la Biblia, que era el objetivo de la Cuaresma, se le denominó Miércoles de Ceniza al día que iniciaba ese periodo cuarenteno.
La Cuaresma es parte de las actividades del año litúrgico. El año litúrgico es el calendario compuesto por días y periodos especiales del año (Cuaresma, Pascua, Adviento, Navidad, Epifanía, Pentecostés) que comenzó a formarse a inicios del siglo II en la iglesia cristiana primitiva. Tomémoslo como una continuación del calendario litúrgico del pueblo judío que incluía fiestas anuales: la pascua (Jn. 2: 23), los tabernáculos (Jn. 7:2-10), el día de la expiación (Lv. 16:34), el Purim (Est. 9:32), la dedicación (Jn.10:22) a las cuales Jesús se unió en su celebración. Con estas celebraciones los judíos conmemoraban los grandes hechos salvíficos del Dios del pacto para el pueblo de Israel. De igual manera, el año litúrgico de la iglesia cristiana conmemora progresivamente los grandes actos de Dios en la redención del mundo por nuestro Señor Jesucristo.
El año litúrgico se considera muy valioso: pone énfasis en los eventos por medio de los cuales fue consumada la redención del hombre, según el NT; expresa las doctrinas fundamentales de la fe cristiana; satisface en su totalidad la necesidad espiritual del hombre. De esta forma ayuda a evitar el surgimiento de herejías en el seno de la iglesia, ya sea por descuidar algunas doctrinas o por sobre enfatizar otras, que tanto han dañado la iglesia del Señor en tiempos modernos.
El año litúrgico, con el Miércoles de Ceniza al inicio de la Cuaresma, lo ha celebrado la iglesia católica, y las iglesias protestantes (evangélicas) históricas, anglicana, luterana, presbiterana, metodista, nazarena y bautista. Sin embargo, los líderes de las congregaciones nazarenas y bautistas de América Latina consideran prudente no hacerlo para mantener la diferencia con la Iglesia Católica, que lo celebra según sus dogmas particulares, y evitar confusiones de identidad en los creyentes. Tampoco lo celebran las iglesias evangélicas latinoamericanas de origen autóctono por no haber heredado la liturgia (año litúrgico) del cristianismo histórico.
Pese al valor que el cristianismo histórico le da al Miércoles de Ceniza, en el contexto evangélico latinoamericano sufre un rechazo. En su contra se alega que es una actividad ajena a la liturgia evangélica y que pertenece a la tradición católico-romana. Pero ya se ha explicado que esta fiesta está establecida en el año litúrgico del cristianismo en general, que no es propiedad particular de la Iglesia Católica, y que tiene el propósito fiel de iniciar un tiempo de espiritualidad que incluye arrepentimiento, reconciliación, renovación y santidad. Sin embargo, debido a que el Miércoles de Ceniza es tan solo un medio didáctico de la fe cristiana, no un dogma, y que genera confusión en nuestro contexto evangélico hispano, es muy sabio que los pastores determinen no celebrarlo.
Ahora bien, si dejamos de lado las actividades del año litúrgico que enfatizan de manera didáctica los fundamentos de la doctrina cristiana, tenemos que ser responsables en la exposición total y equilibrada de la fe cristiana para conducir a los creyentes a la creencia ortodoxa y a experiencias espirituales profundas. Ante este reto, es deber de los pastores tener un buen dominio de las verdades bíblicas expresadas en los grandes temas de la teología cristiana, como la base para la plena formación de los creyentes.