05/04/2026
Lucas 24:6-7 nos presenta uno de los momentos más trascendentes de la fe cristiana: “No está aquí; ¡ha resucitado! Recuerden lo que les dijo en Galilea: ‘El Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día.’”
La tumba vacía como signo de vida, el anuncio de los ángeles confirma que Jesús no pertenece al mundo de los mu***os. La tumba vacía no es ausencia, sino presencia transformada: Cristo vive y su victoria sobre la muerte inaugura una nueva creación.
Los ángeles invitan a las mujeres a recordar lo que Jesús había dicho en Galilea. La fe pascual se sostiene en la memoria de la Palabra de Dios. Recordar es volver a confiar en que lo prometido se cumple, aunque parezca imposible.
El texto subraya que la resurrección no se entiende sin la cruz. Jesús fue entregado, humillado y crucificado, pero precisamente a través de ese camino de sufrimiento se manifestó la gloria de Dios.
El anuncio “¡Ha resucitado!” exige una respuesta. No basta con escuchar; hay que creer y anunciar. Las mujeres, primeras testigos, se convierten en mensajeras de esperanza. La resurrección nos llama a ser testigos vivos en nuestro tiempo.
Esperanza en medio de la oscuridad cuando todo parece perdido, la Pascua nos recuerda que Dios siempre abre caminos de vida.
Confianza en la Palabra es recordar lo que Jesús dijo nos fortalece en la fe y nos ayuda a perseverar.
El testimonio activo es así como las mujeres corrieron a anunciar la noticia, nosotros estamos llamados a proclamar con alegría que Cristo vive.
Lucas 24:6-7 es un grito de victoria Cristo ha resucitado, y su promesa se cumple. La tumba vacía nos invita a dejar atrás el miedo y la desesperanza, y a vivir con la certeza de que la vida triunfa sobre la muerte.