14/03/2014
“¡Que molestia con los viejos!”
Dos amigas se encontraban tomando un café y una le comenta en tono de queja a la otra:
«Mi mamá me llama mucho por teléfono para pedirme que vaya a hablar con ella, o para pedirme que la lleve a tal lugar, o que vaya a comer a su casa. Yo voy poco y en ocasiones siento que me molesta su forma de ser y de pedirme las cosas. Ya sabes cómo son los viejos: cuentan las mismas cosas una y otra vez. Además, nunca me faltan compromisos: que el trabajo, que los amigos…».
—«Yo, en cambio —le dijo su compañera—, hablo mucho con mi mamá. Cada vez que estoy triste, voy con ella; cuando me siento sola, cuando tengo un problema y necesito fortaleza, acudo a ella y me siento mejor».
«¡Oh!—se apenó la otra—, eres mejor que yo».
«No lo creas, soy igual que tú, respondió la amiga con tristeza, visito a mi mamá en el cementerio».
Los viejos no son una molestia, ellos nos necesitan. Lo primero que necesitan de nosotros es nuestro cariño.
Ningún padre es perfecto y sin duda alguna ellos cometieron sus errores y es por eso que necesitan compresión y cariño. De nada te sirve guardar resentimientos y amarguras para con ellos. Si por alguna razón está resentido con sus padres, hoy es el día perfecto para solucionar esto.
También necesitan comprensión.
Ellos hicieron lo mejor que pudieron con el conocimiento y recursos que tenían. Ellos necesitan escuchar de ti que, a pesar de todo, hicieron lo que pudieron para hacer de ti lo que hoy eres.
Ellos también necesitan apoyo.
Apóyalos con tu tiempo, con tu atención. Sin prisas ni apuros. Invítalos a tu casa a comer. De vez en cuando ofréceles un regalito. El escritor mexicano Alejandro Orozco dijo: “Tus viejos necesitan poco, pero ese poco lo necesitan mucho”.
De manera que si aún tienes a tus padres con vida Llámalos, visítalos y diles cuánto los quieres. Platica con ellos y disfruta de su compañía. Quizá ya no pueden conducir y necesitan que los lleves al médico o al supermercado. Ayúdalos. Involúcrate en sus vidas.
Hazlo, antes de que sea demasiado tarde. Y recuerda: “Nuestros viejos necesitan poco, pero ese poco lo necesitan mucho”.