05/04/2026
| En este Domingo de Resurrección, mi corazón se desborda de alegría y mi alma entona un himno de alabanza. Te adoro, Señor, ya no como el Nazareno cargado con la cruz de nuestros pecados, sino como el Resucitado, el vencedor de la muerte y del pecado.
Hoy, la oscuridad del sepulcro se ha disipado ante la luz deslumbrante de tu divinidad. Tu resurrección es el fundamento de nuestra fe, la certeza de nuestra esperanza y la prueba irrefutable de tu amor infinito. Al verte triunfante sobre la muerte, mi alma se llena de consuelo y gratitud.
¿Dónde está mi muerte, dónde su victoria?