Parroquia San Miguel Arcángel de Casetas

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14/06/2026

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO
​La palabra de Dios en este domingo nos sitúa en el desierto del Sinaí, el pueblo ha sido liberado de la esclavitud de Egipto, pero anda desorientado por el desierto, no entiende la liberación para el abandono. Pero Dios no ha abandonado al pueblo, así se lo manifiesta: “os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí”, con esto el Señor nos quiere decir que Dios no nos libera para el abandono, sino para la vida, Él quiere establecer con nosotros una Alianza y enviarnos a la misión, así nos lo recuerda también la primera lectura: “seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
​Pero la Alianza que Dios establece con nosotros, el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, no es ya una Alianza sellada con sangre de animales, sino con la sangre del único “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, nos recuerda Pablo en la segunda lectura que la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. Somos el nuevo pueblo de Dios que está constituido por hombres reconciliados con Dios que toma de nuevo, y definitivamente, la iniciativa. Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, es decir, sin capacidad alguna para atraer la atención del Dios salvador, él se adelantó enviando a su Hijo y ha sellado su amor por los hombres con la alianza definitiva en su sangre El Padre de Jesús, que lo será también en delante de cuantos acepten su oferta.
​Siendo conscientes de la salvación realizada en Cristo Jesús, el Evangelio nos presenta lo que podemos llamar el discurso de la misión en el evangelio de Mateo, donde nos presenta la magnitud de la misión y la escasez de misioneros: la mies es abundante pero los obreros pocos. En primer lugar, Jesús observa la situación en que se encuentran las gentes. La tarea evangelizadora es ingente y apasionante, pero también dificultosa. Por eso nos exhorta a la oración. Jesús, nos orienta a nosotros, sus discípulos de hoy hacia un diálogo con el dueño de la mies. Jesús refiere todo a su Padre y quiere que sus discípulos hagan lo mismo. Su Padre sabe la necesidad que tienen los hombres. Y lo primero que hay que hacer es ponerse en su presencia y en sus manos porque Él se encargará de enviar obreros a su mies. Todos los hombres interesamos a Dios. Todos somos objeto del envío de su Hijo y como a los apóstoles nos llama por nuestro nombre para que vayamos a anunciar a los hombres la presencia del Reino de Dios: “llamó a los que quiso; los llamó para que le acompañaran; y los llamó para enviarlos a predicar”. Tenemos que partir de “estar con Jesús” de la intimidad con Él para poder ser testigos del Reino para que, con nuestra palabra y con nuestra vida, podamos ser obreros fieles en la mies del Señor.

09/06/2026

En nombre de todos los que formamos parte de esta parroquia, agradecemos vuestra amable donación a nuestra campaña de recaudación por los bancos y por las campanas.
Aquí puedo nombrar a los de catequesis
de comunión y confirmación, a las catequistas, a la cofradía de Semana Santa, cofradía Virgen de la Rosa, cofradía San Juan Bautista el coro parroquial y todos vosotros que habéis hecho una oferta generosa.
Ha habido personas que nos han ofrecido a través de la cuenta de la parroquia sus donativos y a esas también se les doy las gracias porque han sido muy generosos.
Hemos conseguido pagar los dos
proyectos que nos hemos propuesto y os damos las gracias por vuestra generosidad.
Que la Virgen de la Rosa nuestra patrona os bendiga y os acompañe con sus bendiciones por el generoso donativo.

05/06/2026

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI:
PAN PARTIDO Y COMPARTIDO
​Esta festividad del Corpus Christi tiene su origen en Holanda en 1208 y tenía por objeto venerar la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas, y así se perpetúa hasta nuestros días.
​Pero hoy no es necesario realzar la presencia real de Cristo en la Eucaristía, pues, en la Iglesia, nadie la niega. Entonces, para vivir realmente con autenticidad, hoy, esta festividad y esta procesión tenemos que tomar conciencia, de verdad de lo que significa esta presencia de Cristo en la Eucaristía, darnos cuenta que el Cristo que está presente en el pan y en el vino es el Jesús que tuvo que nacer en un establo, el perseguido por la ambición y crueldad de un rey déspota, que no tiene ningún problema en asesinar inocentes, es el Jesús pobre, hijo del carpintero de Nazaret, es el Jesús sufriente en la Pasión, el Jesús mu**to en cruz del Gólgota, en fin, el Cristo resucitado que permanece con nosotros hasta el final de los tiempos.
​Por eso, contemplar hoy la Eucaristía y manifestar nuestra fe en la presencia de Cristo en el pan y en el vino es recordar que este pan es pan partido y compartido, es el Cuerpo de Cristo partido por todos nosotros y compartido para que tengamos vida, el vino es la sangre derramada, por nosotros. Pan partido y compartido para crear comunidad, para constituirnos en Pueblo de Dios, unido por vínculos de amor. Porque, recordemos que cuando el Señor instituye la Eucaristía, nueva Pascua de la nueva Alianza, establece también el código de esta Alianza: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. O sea que contemplar hoy el Misterio de la Eucaristía es contemplar a un Dios que nos ama para que, sintiéndonos amados, seamos capaces de amarnos los unos a los otros, pero amarnos a la manera de Dios, “como yo os he amado”, y esto implica que tenemos que darnos totalmente a los demás porque “nadie tiene mayor amor que el que da la vida”. Amar a la manera de Dios supone también amar a todas las personas, pero sobre todo, a los más necesitados, a los preferidos de Dios porque son los que más necesitan este amor de Dios, este amor de los hermanos. Y en esto nos distinguiremos los discípulos de Cristo, “... en esto conocerán que sois mis discípulos...”
​Entonces, si hacemos que la Eucaristía sea pan partido y compartido con todos los hermanos tendremos que partir y compartir el pan material con todos los que carecen de lo más necesario, partir y compartir el pan del alimento, pero también y, sobre todo, el pan de la dignidad humana, pisoteada muchas veces por el egoísmo y la injusticia de unos pocos. Por lo que debemos tener claro que partir y compartir el pan de la Eucaristía implica el compromiso de alimentarnos con el pan de la vida para luchar contra la pobreza y trabajar por la justicia.
Así nos lo dice el documento de Aparecida: “El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana. De la Eucaristía ha brotado a lo largo de los siglos un inmenso caudal de caridad, de participación en las dificultades de los demás, de amor y de justicia”.

29/05/2026

AVISOS 31 MAYO 2026
1. El domingo 7 de junio es la fiesta del CORPUS. Las misas son como los domingos solo cambia la hora de la misa de las 12.00. Que será a las 11.30 seguido por la procesión por el barrio con el Santísimo.

2. La colecta del día de 7 junio es para Cáritas diocesana de Zaragoza.

29/05/2026

REFLEXION PARA LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.
Hoy la liturgia de la Iglesia nos pone ante el mismo misterio de Dios, por tanto, nuestra actitud tiene que ser de contemplación y de alabanza, tenemos que mantener la actitud de los místicos: buscar esa unión profunda con el amado, de la que hablaba Teresa de Ávila. Ante Dios experimentamos nuestra pequeñez, nuestra debilidad y solo nos queda la contemplación silenciosa del Misterio y que, de nuestros corazones, surja la alabanza, el reconocimiento de la grandeza de Dios, expresándolo con todas nuestras facultades y sentidos.
También tomar conciencia de que estamos ante un Misterio de Comunión: Dios Uno y Trino es revelado como comunión que ha hecho al hombre a su imagen y semejanza y espera que realice en el mundo este proyecto de comunión en la diversidad de pueblos, de culturas, razas, lenguas y personas. Dios es Uno y Tres Personas. Es comunión y diversidad. Urgir en los creyentes el sentido de comunión en la diversidad es una forma actual de celebrar el Misterio de la Trinidad.
Estamos, pues, ante un Misterio de comunión que es, a la vez un Misterio de amor, Este Misterio de amor se hace presente en el mundo, ya desde la misma creación, Dios crea por medio de su Palabra cuando el Espíritu se cernía sobre las aguas que cubrían la faz de la tierra. Ya los padres de la Iglesia hablaban de la acción de la Trinidad en la creación del hombre, san Ireneo de Lyon decía que Dios ha plasmado al hombre del barro de la tierra modelándolo con sus propias manos que son el Hijo y el Espíritu, afirmación que repetirá Ambrosio de Milán. La Trinidad que actúa también en el comienzo de la nueva creación, cuando se oye la voz del Padre en el Jordán, el Hijo sale de las aguas y el Espíritu desciende en forma de paloma.
Nosotros que formamos la comunidad de los creyentes, la Iglesia del Señor que formamos los que hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, formamos un cuerpo, cuya cabeza es Cristo y que tiene que ser en este mundo la imagen viva de la Trinidad. Así define el Concilio Vaticano II, lo que es la Iglesia, recogiendo las palabras de san Cipriano de Cartago: “…toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” Nos recuerda Pablo en la segunda lectura que, en un momento, cuando los corintios vivían en circunstancias difíciles con problemas graves de convivencia y comunión entre ellos, por encima de las disidencias, diferencias y tensiones es posible la unidad y la comunión entre todos porque la comunidad es una imagen de la Trinidad que vive en perfecta comunión. Por eso, cuando entre nosotros surjan dificultades en nuestras comunidades, recordemos que somos una comunidad de personas distintas unidas en una comunión de amor, imagen de la Trinidad.

27/05/2026

REFLEXION PARA LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS
Desde los primeros siglos de la Iglesia, la solemnidad de Pentecostés ha sido la festividad de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y el arranque misionero de la Iglesia.
En ella recordamos lo que aquella primera comunidad cristiana ha experimentado: que Jesús está vivo y, fieles a su palabra, esperan la promesa del Padre: El Espíritu Santo, pero el evangelista nos señala que la venida del Espíritu Santo acontece cuando están juntos y en oración con esto nos está diciendo que la oración es el ambiente adecuado para recibir al Espíritu y nos recuerda que también hoy es, solo desde la oración, como podemos esperar recibir al Espíritu de Dios.
También nos hace notar el libro de los Hechos que cuando los apóstoles salen a predicar, entre los que se encontraban allí había gentes de muy diversas procedencias y sin embargo nos dice el libro de los Hechos: “cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”. Frente a la confusión de Babel, el Espíritu de Dios trae la unidad, frente al pecado que supone el intento del hombre de ser como Dios, el Espíritu restituye la unidad y la comunión entre los hombres.
El evangelio nos recuerda que esta comunión entre los pueblos se llevará a cabo por la evangelización impulsada por el Espíritu el día de la Pascua, cuando Jesús se manifiesta a los discípulos para que le reconozcan y se den cuentan de que está vivo y entonces Jesús les dice: “Paz a vosotros. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos”. El aliento o el viento, en toda la tradición hace referencia al Espíritu de Dios. Es el Espíritu que viene sobre la Iglesia para ser enviada al mundo.
El Espíritu de Dios distribuye en la Iglesia sus dones o carismas que tienen que ponerse al servicio de la edificación del Pueblo de Dios y Pablo en la segunda lectura está clarificando cuál debe ser el uso correcto de los carismas ante los abusos que se habían producido en la comunidad de Corinto. Nos aclara que el Espíritu es el continuador de la obra de Jesús, el que nos hace comprender quién es Jesús y nos hace confesar que Jesús es el Señor, confesión de fe que solo podemos hacer bajo la acción del Espíritu Santo.
Pero celebrar hoy Pentecostés no es contemplar algo del pasado sino vivir la eterna novedad del Espíritu, como nos recordaba el Papa san Juan XXIII en la convocatoria del concilio Vaticano II: “dígnese el Espíritu divino escuchar de la manera más consoladora la oración que todos los días sube a Él desde todos los rincones de la tierra: «Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés”. Tenemos que tomar conciencia de los carismas que hemos recibido y que manifiestan la diversidad, pero para conseguir la unidad y la comunión. Pentecostés hoy nos invita a abrir fronteras y ensanchar horizontes a acoger a nuestros hermanos de cualquier cultura y condición, pues en el Espíritu todos somos uno en Cristo Jesús. Así viviremos en la Iglesia lo que anunció el papa san Pablo VI: Vivir en la Iglesia un perenne Pentecostés.

Recordando las Fiestas de la Virgen De la Rosa!!!🌹
16/05/2026

Recordando las Fiestas de la Virgen De la Rosa!!!🌹

15/05/2026

REFLEXION PARA LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSION DEL SEÑOR.
Celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor a lo más alto de los cielos. Decía san Agustín que esta fiesta se remontaba a los mismos apóstoles. Aunque no sea así exactamente, sí que es cierto que esta celebración está atestiguada desde principios del siglo IV y lo que se celebra es la glorificación definitiva de Cristo.
​El culmen de esta glorificación es su Ascensión a la derecha del Padre y esta glorificación de Cristo implica de alguna manera, nuestra propia glorificación, pues la naturaleza humana que asume Jesús en la Encarnación es la carne pecadora de Adán que ha sido redimida y glorificada en Cristo para nuestra salvación. Esta carne ha sido elevada en Cristo, a la derecha del Padre. Por tanto, podemos afirmar que la Ascensión del Señor a los cielos supone la plenitud de la Encarnación pues se ha cumplido plenamente el intercambio que tuvo lugar en la Encarnación: “El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre venga a ser hijo de Dios” Esta filiación divina llega a plenitud cuando la naturaleza humana asumida por el Hijo, en las entrañas de María es elevada a la derecha del Padre.
Pero la Ascensión de Jesús no supone abandonar el mundo y abandonar a sus discípulos. A estos les promete la venida del Espíritu de Dios, la promesa del Padre que les hará recordar y entender la Palabra de Jesús y que los mantendrá unidos a Jesús hasta la consumación de los tiempos. Los discípulos no han entendido todavía el plan de Dios, todavía piensan en un reino terreno, de poder y dominio. Será el Espíritu el que les haga entender la Palabra de Jesús, por eso dice el Señor a los discípulos: “Os conviene que yo me vaya porque si me voy os enviaré al Paráclito”.
​El Señor no nos deja huérfanos, nos envía el Espíritu para que seamos sus testigos en el mundo, no podemos quedarnos plantados mirando al cielo, sino que tenemos que recibir el Espíritu para ser los testigos de Cristo hasta los confines de la tierra. La presencia de Cristo en medio del mundo se hará tangible por la acción del Espíritu y por el testimonio de los creyentes, por ello nosotros, discípulos de Cristo, hoy, tenemos que abrir nuestro corazón a la acción del Espíritu para ser los testigos del Reino de Dios, un Reino que comienza en la humildad del grano de trigo que cae en tierra y se destruye para dar fruto abundante en la cosecha. Glorificación de Cristo y misión de la Iglesia guiada por el Espíritu están estrechamente unidas. Por ello esta fiesta tiene que terminar en la espera del próximo domingo para vivir un nuevo Pentecostés.

08/05/2026

REFLEXIÓN PARA EL SEXTO DOMINGO DE PASCUA
En este domingo el evangelio continuo en los discursos de despedida del cuarto evangelio y, ante la proximidad de Pentecostés nos presenta una figura misteriosa: el Paráclito, que la tradición identifica con el Espíritu santo y que el evangelista deja sin traducir, debido a la diversidad de significados que le da el evangelista: Sería abogado defensor, maestro, intercesor y testigo. Hoy el evangelio nos lo presenta como el Don por excelencia que Jesús lo pide al Padre para su comunidad y se presenta como el "Don" por excelencia que Dios da a los hombres a ruegos de Jesús. El Paráclito-Espíritu de la verdad es el Don por excelencia tanto del Padre como del Hijo que rubrica definitivamente la salvación que trae la Muerte – Resurrección de Jesús. Es el espíritu anunciado por los profetas (Isaías, Ezequiel y Joel) que cuando se realizase definitivamente el proyecto salvador de Dios el Espíritu sería derramado sobre "toda carne", es decir, sobre todos. Por tanto, el Don que es el Espíritu que Jesús Resucitado-Glorificado ruega al Padre envíe a la comunidad certifica y testimonia de que Dios es fiel a su Palabra. En consecuencia, hay que recibirlo como un don gratuito de la generosidad de Dios.
El mundo no puede recibirlo porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está en vosotros. El Espíritu habitará, estará, permanecerá siempre con vosotros, al lado vuestro y dentro de vosotros, esto nos son solo las palabras de Jesús a aquella primitiva iglesia, son las palabras del resucitado a cada uno de nosotros. Es el Espíritu que, en primer lugar, estará al lado de la comunidad para ejercer en su favor el oficio de Defensor, al igual que el abogado defensor está junto a su defendido durante el juicio. En segundo lugar, el Paráclito-Espíritu estará en medio de la comunidad para crear y garantizar la unanimidad en la diversidad, la comunión en la distinción. La Iglesia, que es comunión unánime en la diversidad y pluralidad de carismas, recibe el Espíritu y se hace garante de la unidad. En tercer lugar, el Espíritu habita en la intimidad de cada creyente. Cada discípulo de Jesús es templo del Espíritu.
Por eso, nosotros hoy que hemos recibido la Unción del Espíritu tenemos el compromiso ineludible de ser evangelizadores de nuestro tiempo como el diácono Felipe que nos presentaba la primera lectura. Felipe va a evangelizar a Samaria, allí había gentes heterodoxas, los judíos odiaban a los samaritanos. Los consideraban herejes y, sin embargo, se llenaron de alegría al escuchar la Palabra. También la Iglesia de hoy tiene que abrir puertas y ventanas para proyectar el Evangelio generosamente y para percibir y asumir las grandes necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. El Evangelio es para todos y no tiene fronteras ni se le puede recluir en un cenáculo.

01/05/2026

REFLEXIÓN PARA LA SOLEMNIDAD DE LA VIRGEN DE LA ROSA
Hablar en Casetas de la Virgen de la Rosa es hablar de nuestras mismas raíces: Desde el siglo XVIII se venera a la Virgen en nuestro barrio, primero bajo la advocación del Rosario y, a partir del siglo XIX, bajo la advocación de la Rosa que perdura hasta hoy. El amor a la Virgen de la Rosa ha marcado la historia de nuestro barrio desde su mismo nacimiento, pero este amor, transmitido de generación en generación, no puede ser solo un recuerdo del pasado, sino punto de partida hacia Dios.
​Las oraciones y sacrificios ofrecidos manifiestan el latir vital de un pueblo que expresa ante María, a lo largo de la historia, sus gozos, tristezas y esperanzas. Así la presencia de María que, no solo en nuestro barrio ni siquiera en Aragón sino en España entera, se ha ido arraigando a lo largo de los siglos, está ya presente en el inicio de la evangelización de nuestro país. Nacimos y crecimos en la fe, a la sombra de María, que es así, columna de esa fe y guía segura a la salvación.
​Somos, por tanto, depositarios de una herencia que tenemos que transmitir. Por eso tenemos que reflexionar, a la luz de la Palabra de Dios, sobre la presencia de María en nuestra vida. No nos basta con honrar la figura de la Virgen de la Rosa sino de imitarla en nuestra vida. Ya decía san Ambrosio de Milán en el siglo IV que María es modelo del perfecto discípulo de Cristo en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo. Y así, nos dirá el papa san Pablo VI que contemplando a María, Madre, siempre Virgen, del Verbo encarnado, nos acercamos a Cristo, pues en la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de Él. Ella es elegida y predestinada en Cristo desde toda la eternidad para ser la Madre de Dios. Así, siendo María Madre de Dios, es Madre de Cristo, por ello, al ser María Madre de Cristo-Cabeza y estando unida a la estirpe de Adán, es también Madre de los que han de ser salvados, como dijo san Agustín: “por haber cooperado a que naciesen en la Iglesia los fieles que son miembros de aquella Cabeza”. Por eso es proclamada como Madre de la Iglesia. Así, siendo madre de la Iglesia, María, unida a Jesucristo resucitado, ejerce actualmente una función maternal con todos los que integran la Iglesia como cuerpo de Cristo. María acompaña maternalmente a los hombres en su caminar hacia Cristo presente en la Iglesia.
​Por ello, todos nosotros que, siendo Iglesia, constituimos la comunidad cristiana de Casetas, bajo el amparo y protección de nuestra Madre de la rosa debemos unirnos a Cristo, transformando nuestra vida de familia y de trabajo, nuestra conducta cívica y social, nuestra vida entera, en un ejercicio permanente de fe, de amor fraterno, de entrega total a los planes de Dios, en un sacrificio espiritual de alabanza a Dios.

Dirección

Avenida Logroño, 12
Zaragoza
50620

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Lunes 09:00 - 14:00
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Martes 09:00 - 14:00
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Jueves 09:00 - 14:00
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