04/09/2025
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En la tradición judía, durante la cena de la Pascua siempre hay una silla vacía y una copa de vino llena para el profeta Elías. Se espera que él regrese antes de la venida del Mesías, según Malaquías 4:5-6. La Pascua recuerda la liberación de Egipto y, de manera simbólica, se aguarda que Elías llegue en esa celebración para anunciar la redención.
Sin embargo, nosotros sabemos que tanto el Mesías como Elías ya vinieron. Cristo trajo la verdadera redención y Juan el Bautista cumplió el papel de Elías. Por ello, la perspectiva cambia: ya no preparamos una silla para esperar, sino que reconocemos que Cristo es el Señor de la mesa.
En muchas casas cristianas se lee: “Cristo es supremo en este hogar, huésped invisible de nuestra mesa”. Pero esa frase lo presenta como invitado y no como dueño. El evangelio enseña lo contrario: por el bautismo hemos mu**to a nosotros mismos y ahora vivimos en el reino de Dios, esperando el hogar celestial. La mesa, y nuestra vida, pertenece a Cristo.
El Salmo 23 nos recuerda que es Dios quien prepara la mesa para nosotros, brindándonos protección, alimento y acogida. Lo mismo vemos en el Nuevo Testamento: en la última Pascua, Jesús actúa como anfitrión; en Emaús es Él quien parte el pan; y en la orilla del lago prepara alimento para sus discípulos. Incluso en Apocalipsis 3:20, cuando habla de cenar con quien abre la puerta, queda claro que Él es quien da la bienvenida.
La culminación será en las bodas del Cordero (Ap. 19:5-9), donde los redimidos participarán en la gran cena celestial. Ya no como invitados comunes, sino como la Esposa de Cristo.
El bautismo es testimonio público de aceptar a Cristo como Señor y Salvador. No necesitamos preparar nada para alcanzar la salvación, porque todo ha sido hecho por Él. Nuestro papel es aceptar su invitación y, con la ayuda del Espíritu Santo, permanecer firmes en su camino, dejando atrás las seducciones del mundo para vivir como hijos de Dios.
La mesa de Dios es lugar de paz, victoria y vida eterna. Nadie puede arrebatarnos el lugar que Él ha dispuesto. La única condición es aceptar su invitación. Y si aún no lo has hecho, este es el momento de dar ese paso.
Que el Señor te bendiga.
En la tradición judía, durante la cena de la Pascua siempre hay una silla vacía y una copa de vino llena para el profeta Elías. Se espera que él regrese ante...