16/06/2026
Somos vasos de barro. El barro es frágil. Se agrieta. Se desgasta. Se rompe.
Pero el tesoro que llevamos dentro no se rompe, no se agota y no pierde su poder.
Dios nunca nos pidió que fuéramos perfectas. Nunca nos llamó a sostener nuestras familias con nuestras propias fuerzas. Él quiere mostrar Su poder precisamente en nuestra debilidad.
Las madres más poderosas espiritualmente no son las que nunca lloran, nunca se cansan o nunca atraviesan pruebas. Son aquellas que, aun con el corazón herido, siguen levantando oraciones por sus hijos, siguen creyendo las promesas de Dios y siguen confiando en Su fidelidad.
¿Alguna vez te has sentido cansada, agotada o incluso rota mientras...