11/01/2022
UNA NUEVA FORMA DE PENSAR
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4.8)
“Muchas personas prefieren morir a pensar. En verdad, les ocurre a muchas…” (Bertrand Russell). Pensar es una tarea difícil, no gratificante de inmediato, como tantas veces anhelamos. Pero tenemos que reconocer que no se puede vivir sin pensar, que no podemos imponer decisiones a otros, sobre la base de las modas, las mayorías o la tradición. Y el problema que surge en nosotros, es que cuando cesamos en la tarea de pensar, lo que nos invade es la negatividad. Te acercas al examen, la prueba médica, la entrevista de trabajo, la nueva etapa de la vida…, con el pensamiento de que no has hecho las cosas bien, y te dices a ti mismo: “¡Todo va a salir mal, todo es un desastre!”
Es posible aprender a pensar de otro modo. El apóstol Pablo lo reclama de los creyentes en Filipos, cuando les dice: “En esto pensad”, es decir, tomad el control de vuestros pensamientos, no os dejéis llevar por la negatividad. Y para ello, se requiere un esfuerzo de poner la mirada en cosas muy distintas.
En primer lugar, es pensar en lo auténtico. Vivimos rodeados de ilusiones, engaños, ficciones que nos prometen paz que nunca llega. Por ello tenemos que aprender a centrar nuestro pensamiento en Aquel que nunca defrauda, que te ofrece paz que nadie puede destruir. En segundo lugar, es pensar en aquellos que está revestido de santidad, es la honestidad que actúa con rectitud en todos los campos de la vida. En tercer lugar, es pensar en lo justo, aquello que es recto en nuestra relación con Dios, pero que se ajusta a lo correcto en nuestras relaciones unos con los otros. En cuarto lugar, es pensar en lo puro. Vivimos rodeados de tanta obscenidad, blasfemia, inmundicia. Todo aquello que no supera el escrutinio de Dios, no debe formar parte de nuestro pensar. Y en quinto lugar, es pensar en lo amable. Pensar en lo bueno, lo agradable de los demás. Tenemos la mente tan concentrada en el castigo y la venganza que solo refleja amargura y miedo en otros. Tenemos la mente tan orientada a la crítica, la bronca o la burla, que solo genera resentimiento. La mente cristiana debe concentrarse en lo amable, la simpatía, la tolerancia, la comprensión, de tal modo que los actos que produce sean amables para todos.
¿Cómo podemos aprender a pensar así? Solamente dos consejos muy sencillos. Primeramente, aprendiendo a orientar nuestra meditación constantemente hacia Dios (Jo 1.8; Sal 4.4). En segundo lugar, cuidarse uno mismo, de no permitir que los pensamientos ajenos a la guía de Dios tomen el control de nuestro pensar (Sal 139.23-24; 1ªTi 4.15-16).
Es posible pensar en forma que reporte gozo y bendición para nuestra vida, y que transmita esperanza y vida a los que nos rodean. Pablo afirmaba que: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1ªCo 2.16) Por tanto no tenemos por qué vivir dominados por pensamientos negativos de queja, murmuración o derrota. Podemos reflejar la esperanza del cielo. ¿Te animas a pensar como Cristo?