27/08/2017
Sabemos, pues, como descansa el cuerpo, pero ¿y el alma, cómo lo hace? El amor del Señor es el verdadero descanso del alma. Escuchemos a san Juan de la Cruz cómo nos lo dice: "El que ama, ni cansa, ni se cansa". Ahí tenemos la invitación de Jesús a ir a él.
Esta misma invitación te hago yo. De parte del Señor te digo: si estás agobiado, si hay algo que realmente te preocupa, que no te deja descansar, que te está quitando la vida, si hay acontecimientos que no entiendes, si has perdido la esperanza, si tu vida está falta de sentido; VENID A ÉL QUE OS ALIVIARÁ Y OS HARÁ DESCANSAR.
Cuántas veces nos hemos puesto en manos de tanta gente que nos han prometido bienestar, sin embargo, después de un poco tiempo nos hemos visto de nuevo donde estábamos o peor, ¿por qué? Porque no tenían poder para tocar el alma, era supeficial, material, etec. Sin embargo, necesitamos descansar. Esto es lo que nos ofrece Jesús: descanso. ¿Cómo? Simplmente amándonos. Dios te ama con infinita misericordia. No te ama más unos momentos que otros, sino que lo hace incondicionalmente. Dios no te pone ninguna condición, Cristo se entregó por tí siendo un pecador. ¿Quién más haría esto? Es la pregunta que se hace san Pablo, ya que por un hombre de bien alguien más sería capaz, pero ¿por un sinvergüenza? Pues Dios nos ha amado incluso donde tu no eres capaz de amar, este es el amor a los enemigos del que habla en el Sermón de la montaña.