Parroquia Santiago el Mayor - Santiago de Vigo

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36201, Vigo
Pontevedra, España Templo Parroquial

9 de Septiembre, Miércoles XXIII Lucas 6,20-26: Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros los ricos Al bajar Jesús de l...
08/09/2026

9 de Septiembre, Miércoles XXIII

Lucas 6,20-26:
Bienaventurados los pobres.
Ay de vosotros los ricos

Al bajar Jesús de la montaña, donde había elegido a los doce apóstoles, empieza en Lucas lo que los autores llaman "el sermón de la llanura" (Lc 6,20-49), que leeremos desde hoy al sábado, y que recoge diversas enseñanzas de Jesús, como había hecho Mateo en el "sermón de la montaña".
Ambos empiezan con las bienaventuranzas. Las de Lucas son distintas. En Mateo eran ocho, mientras que aquí son cuatro bienaventuranzas y cuatro que podemos llamar malaventuranzas o lamentaciones. En Mateo están en tercera persona ("de ellos es el Reino"), mientras que aquí en segunda: "vuestro es el Reino").
Jesús llama "felices y dichosos" a cuatro clases de personas: los pobres, los que pasan hambre, los que lloran y los que son perseguidos por causa de su fe. Pero se lamenta y dedica su "ay" a otras cuatro clases de personas: los ricos, los que están saciados, los que ríen y los que son adulados por el mundo.
Se trata, por tanto, de cuatro antítesis. Como las que pone Lucas en labios de María de Nazaret en su Magníficat: Dios derriba a los potentados y enaltece a los humildes, a los hambrientos los sacia y a los ricos los despide vacíos. Es como el desarrollo de lo que había anunciado Jesús en su primera homilía de Nazaret: Dios le ha enviado a los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos.

Nos sorprende siempre esta lista de bienaventuranzas. ¿Cómo se puede llamar dichosos a los que lloran o a los pobres o a los perseguidos? La enseñanza de Jesús es paradójica. No va según nuestros gustos y según los criterios de este mundo. En nuestra sociedad se felicita a los ricos y a los que tienen éxito y a los que gozan de salud y a los que son aplaudidos por todos.
En estas ocasiones es cuando recordamos que ser cristianos no es fácil, que no consiste sólo en estar bautizados o hacer unos rezos o llevar unos distintivos. Sino en creer a Jesús y fiarse de lo que nos enseña y en seguir sus criterios de vida, aunque nos parezcan difíciles. Seguro que él está señalando una felicidad más definitiva que las pasajeras que nos puede ofrecer este mundo.
Es la verdadera sabiduría, el auténtico camino de la felicidad y de la libertad. La del salmo 1: "Dichoso el que no sigue el consejo de los impíos: es como un árbol plantado junto a corrientes de agua... No así los impíos, no así, que son como paja que se lleva el viento". O como la de Jeremías: "Ma***to aquél que se fía de los hombres y aparta de Yahvé su corazón... Bendito aquél que se fía de Yahvé y a la orilla de la corriente echa sus raíces" (Jr 1 7,5-6). O como la de la parábola del pobre y del rico: ¿quién es feliz en definitiva, el pobre Lázaro a quien nadie hacía caso, o el rico Epulón que fue a parar al fuego del castigo? Jesús llama felices a los que están vacíos de sí mismos y abiertos a Dios, y se lamenta de los autosuficientes y satisfechos, porque se están engañando: los éxitos inmediatos no les van a traer la felicidad verdadera.

¿Estamos en la lista de bienaventurados de Jesús, o nos empeñamos en seguir en la lista de este mundo? Si no encontramos la felicidad, ¿no será porque la estamos buscando donde no está, en las cosas aparentes y superficiales?

Martes, 8 DE SEPTIEMBRE: LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA Mateo 1, 1-16. 18-23: La criatura que hay en Ella viene del Esp...
07/09/2026

Martes, 8 DE SEPTIEMBRE:

LA NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA

Mateo 1, 1-16. 18-23:
La criatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo

El 8 de Septiembre, celebramos con alegría la Natividad de la Virgen María, es decir, la fiesta del nacimiento de nuestra madre del Cielo.

En las Sagradas Escrituras no se habla directamente del nacimiento de María, ni tenemos detalles de la fecha o el lugar. Esta fiesta, que es antiquísima, nace del amor de los cristianos a su madre. En la Iglesia de Oriente marca el comienzo del año litúrgico.

Toda la Iglesia celebra con amor esta solemnidad, tal como los hijos festejan el cumpleaños de la madre, aunque no tengan una idea precisa de las circunstancias y de las condiciones de su nacimiento o de su infancia.

Cuando se festeja el cumpleaños de la madre no se hace hincapié en una circunstancia en particular, sino en su ser de madre, en la maravilla del hecho de que tenemos una madre, y que tenemos precisamente esta madre. La enorme alegría de todos los cristianos nace de pensar que tenemos como madre a esta madre, que es María.

Durante todo el año, pero especialmente en sus fiestas invocamos repetidamente a nuestra Madre del Cielo, pidiéndole con más frecuencia lo que necesitamos, agradeciéndole sus gracias, encomendándole a amigos y familiares que necesitan su intercesión...

El hombre aspira en la tierra a lograr una felicidad no pasajera, una felicidad honda, serena, humana y a la vez sobrenatural. María logró esa felicidad durante su vida porque Dios la creó sin pecado original.

María, que nació en Palestina, que desde niña se entregó al Señor, que recibió el anuncio del Arcángel San Gabriel, que dió a luz a Nuestro Señor, que estuvo junto a El, al pie de la Cruz, está hoy, en cuerpo y alma junto al Padre, y nos ama y nos protege como una madre a sus hijos.

En María se hacen realidad todas las perfecciones. San Bernardo dice que fue tan grande María en santidad y belleza, que no convenía que Dios tuviese otra Madre, ni convenía tampoco que María tuviese otro Hijo que Dios. Y San Buenaventura escribió que Dios podría haber hecho un mundo mayor, pero no podía hacer una madre más perfecta que la Madre de Dios. Pero no debemos creer que por su grandeza y por su santidad, María se vuelve inaccesible y distante. Ella es la llena de gracia, pero también es Madre. Con su poder delante de Dios, nos alcanzará lo que le pedimos. Como Madre quiere dárnoslo. Y también como Madre entiende nuestras debilidades, y por eso nos alienta, nos excusa, y facilita nuestro camino hacia Jesús.

Si logramos tratar de verdad a María, crecerá en nosotros nuestro amor a su Hijo Jesús. No nos basta saber que María es nuestra Madre, debemos tratarla como a una Madre, contarle lo que nos pasa, honrarla, quererla.

Hagamos propósitos de confiarnos siempre a María, de acudir a ella en todas las circunstancias de nuestras vidas, sabiendo que ella es el camino más corto para llegar a Jesús.

La Madre Teresa de Calcuta contaba con frecuencia durante su vida que cuando la congregación de las Misioneras de la Caridad acababa de ser fundada, necesitaban en forma urgente de un edificio para su casa matriz. Entonces ella, para conseguirlo, prometió rezar a la Virgen 85.000 veces el Acordaos, que es esta corta oración

Acordaos, oh piadosísima Virgen María
que jamás se ha oído decir
que ninguno de cuantos han invocado tu protección,
implorando vuestro auxilio
o suplicando vuestra intervención,
haya sido abandonado de vos.
Animado por esta misma confianza, recurro a vos,
oh Virgen de las Vírgenes y Madre mía.
A vos acudo, ante vos me postro, triste y pecador.
Oh, Madre del Verbo Encarnado,
no desprecies mis peticiones,
sino que, por vuestra bondad,
dignaos escucharme y socorrerme.
Amen

7 de Septiembre LUNES XXIIILucas 6,6-11: Estaban al acecho para ver si curaba en sábadoDe nuevo la tensión en torno al c...
06/09/2026

7 de Septiembre LUNES XXIII

Lucas 6,6-11:
Estaban al acecho para ver si curaba en sábado

De nuevo la tensión en torno al cumplimiento del sábado. Esta vez no por las espigas que comían por el campo, sino por una curación hecha en la sinagoga precisamente en sábado.
Jesús se da cuenta del dolor de aquel hombre. El enfermo con el brazo paralizado no le dice nada, pero se debía leer en su cara la súplica. Los fariseos están al acecho para ver qué hará. Jesús "sabía lo que pensaban", y primero les provoca con su pregunta: "¿qué está permitido en sábado?". No contestaron. Entonces Jesús, "echando una mirada a todos" (Lucas no dice, como Marcos, que esta mirada estuvo "llena de ira y tristeza"), curó al buen hombre.
La reacción no se hizo esperar: "ellos se pusieron furiosos".
Es evidente que Jesús no desautoriza aquella institución tan válida del sábado, el día dedicado al culto de Dios, a la alegría, al descanso laboral, a la oración, a la vida de familia, al agradecimiento por la obra de la creación. Más aún, parece como si él ese día acumulara sus gestos curativos y salvadores.
Lo que critica es una comprensión raquítica, más preocupada por cumplir unas normas, muchas veces inventadas por las varias escuelas, que por el espíritu de fe que debe impregnar la vivencia de este día. No se podrá trabajar en sábado, y por tanto no habrá que hacer curas médicas a no ser que sean necesarias. Pero extender el brazo y decir una palabra de curación ¿es trabajar? El recoger unas espigas y comer sus granos al pasear por el campo, ¿es un trabajo equiparable a la siega?
Las escuelas de los fariseos habían llegado a interpretar el sábado convirtiéndolo en día de preocupación casuística en vez de en día de libertad. Jesús enseña actitudes más profundas, más preocupadas por el espíritu que por la letra. Y nosotros tendríamos que aplicar esta enseñanza a muchos detalles de nuestras normas de vida. Las normas están muy bien, y son necesarias, pero sin llegar a un legalismo formalista. No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre (cf. Mc 2,27).
Hay instituciones muy válidas y llenas de espíritu: el domingo cristiano, la celebración de la Eucaristía, el rezo de la Liturgia de las Horas. Realidades que tienen importancia para la vida de fe, y que necesitan, dado su carácter de comunitarias, unas normas para su realización. Pero no se tenían que haber rodeado, en la historia, de normas tan estrictas y minuciosas que a veces ahogan la alegría de su celebración. En vez de esponjar el ánimo y alegrarse con Dios y dedicarle una alabanza sentida y celebrar su comida pascual en el día consagrado a él, a veces nos hemos limitado a crear un clima de mero cumplimiento exterior.
Lo mismo pasa con la relación entre el culto (la celebración de la sinagoga en sábado) y la caridad fraterna (¿puedo curar a este buen hombre?). Para Cristo hay que saber conjugar las dos cosas. Va a la sinagoga, porque es sábado, pero también cura el brazo paralítico de aquella persona. Y, por el tono del relato, se nota claramente que da prioridad a la persona que a la institución.
Los cristianos debemos rezar y celebrar la Eucaristía en domingo. Y a la vez, precisamente ese día, nos deberíamos mostrar fraternos y sanantes, con detalles de caridad y buen corazón con las personas cercanas que, aunque no nos lo pidan, ya sabemos que necesitan nuestro interés y nuestro cariño.

06/09/2026
6 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 23º DEL T.O.  CORRECCIÓN-FRATERNA:  LOS ARBOLES CRECEN DE PIE Creo que el hombre de hoy rechaza...
05/09/2026

6 DE SEPTIEMBRE: DOMINGO 23º DEL T.O.


CORRECCIÓN-FRATERNA: LOS ARBOLES CRECEN DE PIE

Creo que el hombre de hoy rechaza la corrección fraterna. Y la paterna. Y la... Hoy nadie soporta que le adviertan nada, ni que le aconsejen, ni, mucho menos, que le llamen la atención sobre algo. Como consecuencia, quienes, por su responsabilidad, están llamados a «corregir», huyen de la quema blandiendo argumentos asustados: «¡Cualquiera habla...!» «¡Que cada palo aguante su vela!» O ese tópico falaz y polivalente de nuestros días: «¡Cada cual es libre..., no se puede presionar...! vivimos en democracia!»
Efectivamente, huimos de la corrección fraterna, tanto pasiva como activamente: ni «ser corregidos», ni «corregir». Y paradójicamente rechazamos esta «corrección» en una época en la que exigimos correcciones técnicas en todo: en la puerta de mi coche, que no ajusta; en nuestro televisor, que no nos da una imagen suficientemente nítida, en la hechura del traje que nos acabamos de comprar. Se diría que, en la medida en que hemos conseguido precisiones tecnológicas increíbles a base de «corregir», en la misma medida hemos llegado a una irresponsable dejación de las conductas humanas, por «no corregir».
Pues bien. El evangelio de hoy dice: «Si tu hermano peca, repréndele a solas... Si no hace caso, llama a uno o dos testigos... Si aún no te hace caso, díselo a la comunidad». Como véis, se trata de una corrección preocupada, insisten-te, progresiva: «a solas..., ante dos..., ante la comunidad».
Y es que la mala conducta, amigos, no puede dejar nunca indiferente al cristiano. El pecado no sólo repercute en quien lo comete, sino en la comunidad a la que pertenece. Cuando un miembro de nuestro cuerpo está herido, todo nuestro cuerpo siente malestar y dolor.
Hoy está de moda la palabra «solidaridad». La solemos emplear cuando los «derechos humanos» de alguien han sido quebrantados. Pero «solidaridad» es también velar para que «los árboles tiernos --y todos lo somos-- crezcan y mueran de pie». El jardinero corrige las guías torcidas de sus arbustos. Y los padres, los educadores, los sacerdotes, los cristianos en general, somos jardineros de la viña del Señor.
Lo que pasa es que, para corregir, hacen falta dos cosas al menos:
Una, mucha humildad. El que corrige no es infalible, sino un «servidor» dispuesto, a su vez, a «ser corregido». Alguien que conoce las palabras de Jesús: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, sea vuestro siervo». Corregir, por lo tanto, no es anatematizar, humillar, apabullar, sino «valorar» al corregido. Nos atrevemos a «corregirle», precisamente porque «le valoramos».
Y, dos. La corrección ha de partir del amor. No perdamos ese punto de vista. La corrección fraterna, o paterna, simplemente cristiana, son capítulos concretos del título global de la caridad. Corregir desde otras perspectivas, puede emborronar el resultado. Y en eso fallamos. El padre que corrige porque «en esta casa mando yo»; el profesor que corrige «por razones de orden y disciplina»; el superior que corrige por «mantener un principio de autoridad», riegan fuera del tiesto. Cuando el hijo, por el contrario, constata que su padre sufre al corregirle, vamos por buen camino. ¡Que bella la «Oración de la maestra», de Gabriela ·Mistral-G!: «Aligérame, Señor, la mano en el castigo, y suavízamela en la caricia. Y que reprenda con amor para saber que he corregido amando».

5 de Septiembre: SÁBADO XXII del T.O. Santa TERESA de CALCUTATeresa de Calcuta (Uskub —actual Skopie, Macedonia del Nort...
04/09/2026

5 de Septiembre: SÁBADO XXII del T.O.

Santa TERESA de CALCUTA

Teresa de Calcuta (Uskub —actual Skopie, Macedonia del Norte—; 26 de agosto de 1910-Calcuta, 5 de septiembre de 1997), de nombre secular Anjezë Gonxhe Bojaxhiu y también conocida como Santa Teresa de Calcuta, Madre Teresa de Calcuta o Santa Madre Teresa de Calcuta, fue una monjacatólica de nacionalidad albanesa e india, que fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta en 1950. Durante más de 45 años atendió a pobres, enfermos, huérfanos y moribundos, al mismo tiempo que guiaba la expansión de su congregación, en un primer momento en la India y luego en otros países del mundo. Tras su muerte, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. Su canonización fue aprobada por el papa Francisco en diciembre de 2015, después de que la Congregación para las Causas de los Santos reconociera como extraordinaria la curación de un brasileño enfermo en estado terminal. El acto oficial de canonización tuvo lugar en Roma en la mañana del domingo 4 de septiembre de 2016.

Lucas 6,1-5:
¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?
Esta vez, la discusión es sobre el sábado.
Jesús apreciaba el sábado y, como buen judío, lo había incorporado a su espiritualidad: por ejemplo, iba cada semana a la sinagoga, a rezar y a escuchar la Palabra de Dios con los demás. Y cumplía seguramente las otras normas relativas a este día.
Bien vivido, el sábado era y sigue siendo un día sacramental de auténtica gracia para los judíos. Pero lo que aquí critica Jesús es una interpretación exagerada del descanso sabático: ¿cómo puede ser contrario a la voluntad de Dios el tomar en la mano unas espigas, restregarlas y comer sus granos, cuando se siente hambre?
El argumento que él aduce es el ejemplo de David y sus hombres, a quienes el sacerdote del santuario les dio a comer "panes sagrados", aunque en principio no eran para ser comidos así (1 Samuel 21).
Jesús habla realmente con autoridad y poder. Se atreve a reinterpretar una de las instituciones más sagradas de su pueblo. Pero sobre todo les debió saber muy mal a los fariseos la última afirmación: "el Hijo del Hombre es señor del sábado".
Es una difícil sabiduría distinguir entre lo que es importante y lo que no.
Guardar el sábado como día de culto a Dios, día de descanso en su honor, día de la naturaleza, día de paz y vida de familia, día de liberación interior, sí era importante. Que no se trabajara el sábado en la siega era una cosa, pero que no se pudieran tomar y comer unos granos al pasar por el campo, era una interpretación exagerada. No valía la pena discutir y perder la paz por eso. Es un ejemplo de lo que ayer nos decía Jesús respecto al paño nuevo y a los odres nuevos.
Cuántas ocasiones tenemos, en nuestra vida de comunidad, de aplicar este principio.
Cuántas veces perdemos la serenidad y el humor por tonterías de estas, aferrándonos a nimiedades sin importancia. Lo que está pensado para bien de las personas y para que esponjen sus ánimos -como la celebración del domingo cristiano- lo podemos llegar a convertir, por nuestra casuística e intransigencia, en unas normas que quitan la alegría del espíritu.
El domingo es un día que tiene que ser todo él, sus veinticuatro horas, un día de alegría por la victoria de Cristo y por nuestra propia liberación.

4 de Septiembre: VIERNES XXII VIERNES XXIILucas 5,33-39: Les arrebatarán al esposo; entonces ayunaránEmpiezan las discus...
03/09/2026

4 de Septiembre: VIERNES XXII

VIERNES XXII
Lucas 5,33-39:
Les arrebatarán al esposo; entonces ayunarán

Empiezan las discusiones con los fariseos: ¿por qué no ayunan los seguidores de Jesús, como hacen todos los buenos judíos, los fariseos y los discípulos del Bautista? Acusan a los discípulos de que "comen y beben", lo mismo que achacarán a Jesús (Lc 7,33s).
El tema no es tanto si ayunar o no, o si el ayuno entra en el programa ascético de Jesús.
Él mismo había ayunado cuarenta días en el desierto y la comunidad cristiana, desde muy pronto, dedicó dos días a la semana (miércoles y viernes) al ayuno. Jesús no elimina el ayuno, muy arraigado en la espiritualidad de su pueblo.
El interrogante es si ha llegado o no el Mesías. El ayuno previo a Jesús tenía un sentido de preparación mesiánica, con un cierto tono de tristeza y duelo. Seguir haciendo ayuno es no reconocer que ha llegado el Mesías. Ha llegado el Novio. Sus amigos están de fiesta. La alegría mesiánica supera al ayuno. Luego, cuando de nuevo les "sea quitado" el Novio, porque no les será visible desde el día de la Ascensión, volverán a hacer ayuno, aunque no con tono de espera ni de tristeza.
Sobre todo, Jesús subraya el carácter de radical novedad que supone el acogerle como enviado de Dios. Lo hace con la doble comparación de la "pieza de un manto nuevo en un manto viejo" y del "vino nuevo en odres viejos".
Aceptar a Jesús en nuestras vidas comporta cambios importantes. No se trata sólo de "saber" unas cuantas verdades respecto a él, sino de cambiar nuestro estilo de vida.
Significa vivir con alegría interior. Jesús se compara a sí mismo con el Novio y a nosotros con los "amigos del Novio". Estamos de fiesta. ¿Se nos nota? ¿o vivimos tristes, como si no hubiera venido todavía el Salvador?
Significa también novedad radical. La fe en Cristo no nos pide que hagamos algunos pequeños cambios de fachada, que remendemos un poco el traje viejo, o que aprovechemos los odres viejos en que guardábamos el vino anterior. La fe en Cristo pide traje nuevo y odres nuevos. Jesús rompe moldes. Lo que Pablo llama "revestirse de Cristo Jesús" no consiste en unos parches y unos cambios superficiales.
Los apóstoles, por ejemplo, tenían una formación religiosa propia del AT: les costó ir madurando en la nueva mentalidad de Jesús. Nosotros estamos rodeados de una ideología y una sensibilidad neopagana. También tenemos que ir madurando: el vino nuevo de Jesús nos obliga a cambiar los odres. El vino nuevo implica actitudes nuevas, maneras de pensar propias de Cristo, que no coinciden con las de este mundo. Son cambios de mentalidad, profundos. No de meros retoques externos. En muchos aspectos son incompatibles el traje de este mundo y el de Cristo. Por eso cada día venimos a escuchar, en la misa, la doctrina nueva de Jesús y a recibir su vino nuevo.

3 de Septiembre: JUEVES XII del T.O. Lucas 5,1-11: Dejándolo todo, le siguieron… San Lucas nos narra la llamada vocacion...
02/09/2026

3 de Septiembre: JUEVES XII del T.O.

Lucas 5,1-11:
Dejándolo todo, le siguieron…

San Lucas nos narra la llamada vocacional de Pedro y de los otros primeros discípulos: "desde ahora serás pescador de hombres". Hasta ahora aparecía trabajando solo. Ahora busca colaboradores.

Ya ayer hablaba de Pedro el evangelio: Jesús curó a su suegra de la fiebre. Hoy nos cuenta cómo, para poder apartarse un poco de la gente que se agolpaba en torno, le pide a Pedro que le preste su barca. Qué satisfacción sentiría Pedro: ese predicador que se está haciendo famoso, por su palabra y por sus milagros, le ha pedido a él su barca.

Luego, aunque a regañadientes, porque tiene la experiencia del fracaso de la noche, echa las redes "por la palabra de Jesús". Y sucede lo inesperado: la pesca milagrosa, que provoca en Pedro una reacción de espanto y admiración: "apártate de mí, Señor, que soy un pecador".

No debieron entender mucho lo de ser "pescador de hombres". Pero aquel hombre les ha convencido: "dejándolo todo, lo siguieron".

Ser "pescadores de hombres" no significa nada peyorativo. Pescar a las personas, en este sentido, no es un proselitismo a ultranza, ni hacer que mueran para nuestro provecho -en eso consiste la pesca de los peces- sino lo contrario: evangelizar, convencer, ofrecer de parte de Dios a cuantas más personas mejor la buena noticia del amor y la salvación.

En el origen de nuestra vocación cristiana y apostólica tal vez no haya una "pesca milagrosa" o algún hecho extraordinario. Pero sí, de algún modo, ha habido y sigue habiendo un sentimiento de admiración y asombro por Cristo, y la convicción de que vale la pena dejarlo todo y seguirle, para colaborar con él en la salvación del mundo.

Probablemente lo que sí hemos experimentado ya son noches estériles en que "no hemos pescado nada" y días en que hemos sentido la presencia de Jesús que ha vuelto eficaz nuestro trabajo. Sin él, esterilidad. Con él, fecundidad sorprendente. Y así vamos madurando, como aquellos primeros discípulos, en nuestro camino de fe, a través de los días buenos y de los malos. Para que, por una parte, no caigamos en la tentación del miedo o la pereza. Y, por otra, no confiemos excesivamente en nuestros métodos, sino en la fuerza de la palabra de Cristo.

Si no hemos conseguido más, en nuestro apostolado, "mar adentro", ¿no habrá sido porque hemos confiado más en nosotros que en él? ¿porque hemos "echado las redes" en nombre propio y no en el de él?

2 de Septiembre: MIÉRCOLES XXII del T.O. Lucas 4,38-44: Es necesario que evangelice también a otras ciudades…a) Lo que J...
01/09/2026

2 de Septiembre: MIÉRCOLES XXII del T.O.

Lucas 4,38-44:
Es necesario que evangelice también a otras ciudades…

a) Lo que Jesús anunció en Nazaret lo va cumpliendo. Allí dijo, aplicándose la profecía de Isaías, que había venido a anunciar la salvación a los pobres y curar a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos.
En efecto, hoy leemos el programa de una jornada de Jesús "al salir de la sinagoga": cura de su fiebre a la suegra de Pedro, impone las manos y sana a los enfermos que le traen, libera a los poseídos por el demonio y no se cansa de ir de pueblo en pueblo "anunciando el reino de Dios". En medio, busca momentos de paz para rezar personalmente en un lugar solitario.
Desde luego, el Reino ya está aquí. Ha empezado a actuar la fuerza salvadora de Dios a través de su Enviado, Jesús.
b) Buen programa para un cristiano y sobre todo para un apóstol. "Al salir de la sinagoga", o sea, "al salir de nuestra misa o de nuestra oración", nos espera una jornada de trabajo, de predicación y evangelización, de servicio curativo para con los demás y a la vez de oración personal.
¿Ayudamos a que a la gente se le pase la fiebre? ¿a que se liberen de sus depresiones y males? ¿atendemos a los que acuden a nosotros, acogiéndoles con nuestra palabra y dedicándoles nuestro tiempo? ¿nos sentimos obligados a seguir anunciando la buena noticia del Reino, sea cual sea el éxito de nuestro esfuerzo? ¿y lo hacemos todo en un clima de oración?
Podemos revisar dos significativos rasgos de esta página. a) Jesús, en medio de una jornada con un horario intensivo de trabajo y dedicación misionera, encuentra momentos para orar a solas. b) Y no quiere "instalarse" en un lugar donde le han acogido bien: "también a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios". Para que evitemos dos peligros: el activismo exagerado, descuidando la oración, y la tentación de quedarnos en el ambiente en que somos bien recibidos, descuidando la universalidad de nuestra misión.
Cristo evangelizador. Cristo liberador. Cristo orante. Fijos nuestros ojos en él, que es nuestro modelo y maestro, aprenderemos a vivir su mismo estilo de vida. Dejándonos liberar de nuestras fiebres y ayudando a los demás a encontrar en Jesús su verdadera felicidad.

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