09/08/2026
VENI SANCTE SPIRITUS!
VENI LUMEN CORDIUM!
Ven, Espíritu Santo, luz de nuestros corazones.
Ven a iluminar aquello que todavía duele, aquello que no comprendemos y aquellas heridas que otros han causado en nuestra vida.
Hay momentos en los que las personas nos hacen mucho daño. Nos pueden herir con mentiras, con injusticias, con palabras, con traiciones o hablando de nosotros sin conocer toda la verdad. Y ante el dolor aparece una tentación muy humana: querer devolver el daño recibido. Pero el cristiano está llamado a un camino diferente. San Pablo nos dice: No os venguéis vosotros mismos, queridos míos; dejad lugar a la ira de Dios.(Romanos 12,19).
Esto no significa permitir el abuso, callar ante la injusticia o renunciar a poner límites. Significa no dejar que el mal que otro nos ha hecho se apodere también de nuestro corazón.
Jesús nos mostró este camino de una manera radical. Cuando fue injustamente acusado, humillado y llevado a la Cruz, no respondió con odio. Y desde la Cruz pudo decir: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23,34).
Ese es el corazón cristiano: un corazón que puede llorar, que puede sufrir, que puede defenderse, que puede alejarse de aquello que le hace daño, pero que no quiere convertirse en aquello que le ha herido. Los santos entendieron que una de las grandes victorias del cristiano no consiste en conseguir que el otro sea castigado, sino en conseguir que el mal no transforme nuestra alma. Por eso necesitamos al Espíritu Santo.
Ven, Espíritu Santo.
Cuando quiera responder con ira, dame mansedumbre.
Cuando quiera vengarme, dame libertad. Cuando me hayan mentido, dame fortaleza para permanecer en la verdad. Cuando me hayan herido, sana mi corazón. Cuando no pueda comprender, dame confianza. Y cuando sienta que la justicia tarda, recuérdame que Dios ve lo que nosotros no vemos.
Señor, hoy pongo delante de Ti a las personas que me han hecho daño. No quiero cargar con odio. No quiero vivir pendiente de su caída ni esperar que sufran lo mismo que yo he sufrido. Te entrego mi dolor. Te entrego mi indignación. Te entrego mi necesidad de justicia. Haz Tú lo que yo no puedo hacer. Dame la gracia de perdonar sin negar lo ocurrido, de poner límites sin odio y de seguir caminando sin mirar atrás. Porque perdonar no significa decir que el mal estuvo bien. Perdonar significa dejar de permitir que el mal tenga la última palabra en mi vida. Y cuando no podamos más, recordemos que no caminamos solos. El Espíritu Santo es nuestro Consolador, nuestro Defensor y la luz que nos conduce hacia la verdad. Que podamos repetir con el corazón: “Señor, yo no me vengaré.
Yo confiaré en Ti.
Tú conoces la verdad.
Tú conoces mi corazón.
Y en tus manos dejo mi justicia.” Que María Santísima nos enseñe a permanecer junto a la Cruz sin responder al mal con mal, y que el Espíritu Santo transforme nuestras heridas en lugares de gracia.
Santa Elena Guerra, apóstol del Espíritu Santo, mujer de oración, de fuego y de confianza en Dios, enséñanos a invocar al Espíritu Santo en medio de nuestras pruebas.
Santa Elena Guerra, ruega por nosotros!
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