12/09/2026
CARTA DE DESPEDIDA
Queridas hermanas y hermanos.
Hoy os escribo estas palabras con una mezcla de sentimientos que no es fácil explicar.
Nunca imaginé que algún dia escribiría una carta como esta.
Cuando llegué a esta Parroquia de Valdepeñas de Jaén, lo hice con ilusión, con ganas de servir, de caminar junto a vosotros y sobre todo, de anunciar a Cristo, como dije el día de mi toma de posesión.
He intentado hacerlo desde el corazón, con mis aciertos, errores y limitaciones, que son muchas, porque soy solo un hombre que ha puesto su vida al servicio de Dios y su Iglesia.
Y hoy, al mirar atrás, por encima de cualquier dificultad, quiero quedarme con TODO LO BUENO.
Quiero quedarme con las personas.
Con las miradas sinceras.
Con las conversaciones.
Con la Eucaristía en COMUNIDAD.
Con las reflexiones y homilías.
Con tantos pequeños gestos de cariño verdadero, que para mi significaron muchísimo.
También hubo momentos difíciles. Muy difíciles. Y cruces.
Desde prácticamente el comienzo, algunas situaciones y actitudes de muy pocas personas, hicieron que el camino no siempre fuera fácil.
No es de cristianos ni señalar a nadie ni guardar resentimiento.
Prefiero dejarlo en las manos de Dios. Porque no quiero que aquello que puede doler y duele mucho, ocupe el lugar de todo el AMOR que he recibido. Y he recibido muchísimo.
GRACIAS
Gracias de corazón a las personas y familias que han estado conmigo, abriéndome las puertas de sus hogares y su corazón.
Gracias de forma especial a quienes quizás estaban más "alejados" de la Iglesia, pero cercanos derrochando humanidad y cariño.
A quienes no siempre encontraban su lugar dentro de un templo.
A quienes no acudían de forma habitual, pero tienen un corazón inmenso.
A quienes desde la distancia, desde sus casas o a través de las redes sociales, encontraban unos minutos para escuchar una Palabra de aliento, una reflexión, una oración.
Gracias por estar.
Porque la Fe no siempre hace ruido. Si os ha sido útil, hay que dar gracias al Dios de la Vida por ello.
También quiero dar las gracias a todos los que formáis parte de esta Parroquia y que me habéis regalado vuestro cariño, cercanía y oración.
Gracias a quienes de forma sencilla me habéis hecho sentir un valdepeñero más. Esas charlas, esas risas, esas anécdotas, esos problemas y esas cruces que con total confianza habéis depositado en mí.
Una Parroquia son sus personas.
Sus historias.
Sus alegrías y heridas.
Sus búsquedas.
Sus preguntas.
Sus lágrimas.
Por eso me voy agradecido.
No quiero que esta despedida sea una puerta que se cierra con tristeza sino una puerta que se abre a lo que Dios tenga preparado. Me voy confiando en Él.
Hay etapas que terminan y caminos que se separan. Y Dios invita a continuar de otra manera.
Me marcho sabiendo que es la mejor decisión tomada POR MI, con serenidad y con la conciencia tranquila de haber intentado servir lo mejor que he podido y he sabido, dentro de mis limitaciones.
Pido PERDÓN por mis errores.
Por mis palabras equivocadas.
Por tantas limitaciones.
Perdón sincero y de corazón. Igual que yo quiero aprender más y mejor a perdonar a ejemplo de Cristo.
Y quiero llevarme todo lo bueno de cada persona. Nunca rencores, sino nombres y corazones de valdepeñeros y valdepeñeras maravillosos.
Me voy con la certeza de que todo lo vivido ha formado parte de mi camino y de mi vocación.
No se que vendrá después a mi vida.
Pero si sé quien va delante: NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO...
Y eso me basta.
Le pido que cuide de cada uno de vosotros.
Que acompañe a quienes se sienten solos.
Que consuele a los que sufren.
Que abrace a quienes se sienten lejos.
Que encuentre a quienes lo estan buscando.
Que nunca permita que perdamos la ESPERANZA.
Gracias por encontrarnos en el camino de la vida.
Por haberme sostenido en momentos duros.
Por haberme recordado con vuestra vida que merece la pena seguir anunciando el Evangelio.
Todos pasaremos, pero Cristo y su Palabra PERMANECEN para siempre.
Que el Dios de la Vida os bendiga siempre. Que allí donde estéis, nunca os falte una razón para seguir CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO.
Aunque nuestros caminos se separen, una parte de vosotros seguirá caminando conmigo. Porque hay personas que pasan por la vida y hay personas que se quedan para siempre en el corazón.
Delante del Santísimo Cristo de Chircales, que tenemos en la Iglesia, elevo una oración por todos vosotros.
Orar también por mí cuando veáis sus brazos abiertos en la cruz.
Brazos de acogida y amor.
El banco vacío, el sol se despide y yo también.
Mi camino sigue.
Que el Dios de la Vida os bendiga siempre. Os llevaré en mi corazón.
HASTA SIEMPRE.
José Antonio, sacerdote.