24/12/2025
𝐉𝐎𝐑𝐍𝐀𝐃𝐀𝐒 𝐐𝐔𝐄 𝐇𝐈𝐙𝐎 𝐋𝐀 𝐒𝐀𝐍𝐓𝐈𝐒𝐈𝐌𝐀 𝐕𝐈𝐑𝐆𝐄𝐍 𝐌𝐀𝐑𝐈𝐀 𝐃𝐄𝐒𝐃𝐄 𝐍𝐀𝐙𝐀𝐑𝐄𝐓 𝐀 𝐁𝐄𝐋𝐄𝐍.
𝗔𝗖𝗧𝗢 𝗗𝗘 𝗖𝗢𝗡𝗧𝗥𝗜𝗖𝗖𝗜𝗢𝗡.
Señor mío Jesucristo, divino y eterno Verbo, Dios encarnado en las entrañas de María Santísima; que el amor que me tienes te llevó a bajar del Cielo a la Tierra, hasta ponerte en un establo. ¡Cuanto siento haberte cerrado las puertas de mi corazón, haciéndome sordo a tus divinas inspiraciones y llamamientos, cuando con tanto amor viniste a los desiertos de este mundo buscando la oveja perdida de mi alma para llevártela, con tantos trabajos, a los apriscos de tu Gloria! Rompe, Señor, los cerrojos de este ingrato corazón mío con la luz y conocimiento de mi aborrecible ingratitud. Si buscas pesebre donde reclinar la cabeza, pesebre de bestias es mi corazón; consume con el fuego de tu amor hasta las pajas de mis imperfecciones, y aparta de mí mis abominables culpas, que desde lo más profundo de mi ser me pesa haberlas cometido contra Ti, por ser quien eres. Y, pues, vienes a buscar no justos, sino pecadores, yo soy el mayor de todos, y el que más te ha ofendido: confio en tu misericordia, que me perdonaras y me darás tu gracia para saberte amar y servir con perseverancia hasta el fin de mi vida. Amén.
𝗡𝗢𝗩𝗘𝗡𝗔 𝗝𝗢𝗥𝗡𝗔𝗗𝗔. (24 DE DICIEMBRE).
Hemos llegado, alma mía, a la última posada y palacio que le previno el Eterno Padre a su Unigénito Hijo para su nacimiento y es una humilde cueva y pesebre de animales, donde puedes considerar, cómo habiendo llegado los peregrinos sagrados dan gracias al Eterno Padre, por aquel humilde y despreciado hospicio; después lo barren y lo asean, y a su imitación los ángeles que de guardia asistían a nuestra Reina y Señora; mira y contempla cómo el santo esposo desdoblaba el fardo, y de la humilde ropa forma el pesebre que sirvió de lecho al parto de la Reina Madre, una cama para su descaso y, habiendo hecho lumbre con los instrumentos que llevaba, se retira a un rincón del portal, y llegando la medianoche sintiendo nuestra gran Reina y Señora se llegaba la hora de su dichoso parto, hincada de rodillas, puestas las manos en el puestas la manos en el pecho, los ojos levantados al cielo, elevadas las potencias y sentidos y toda divinizada, dio al mundo Unigénito del Eterno Padre y suyo, Cristo Jesús, Dios y hombre verdadero, a quien en brazos de San Miguel Arcángel adoró, y recibiéndolo con profunda humildad y reverencia en sus santísimos brazos, le adoraron los santos ángeles (como en el altar sagrado) como a su verdadero Dios, Señor y Creador. Contempla el gozo del Señor San José cuando despertando de aquel dulce sueño (en el que estaba mirando tan soberano misterio) vio en brazos de la Aurora al divino sol de justicia desterrando las sombras de la noche, con su inaccesible luz, alegrando al mundo con su venida; y aquella humilde cueva hecha un abreviado cielo, y viéndole tiritar de frío y hacer pucheros a su Santísima Madre, quien le envuelve en aquellos humildes pañales, le abriga entre sus pechos y le regala con su dulce néctar, y le pone entre la paja y el heno, donde le adoran los animales como a su Hacedor y Señor. Y con la noticia que tuvieron los pastores por un ángel, con júbilo y alegría, vienen en busca de luz, entran en la cueva, y dando el parabién a la Santísima Madre, reciben al Niño en los brazos con singular regocijo y alegría de ver a Dios hecho niño en un establo, ceñidos los brazos, envuelto en mantillas, y al León de Judá hecho cordero hilde en una cueva.
Pídase la gracia que se desea alcanzar por medio de esta Jornada.
(CANTO PARA LA 9ª JORNADA)
La noche tiende su velo
de tupido y negro tul
y no brilla, ya, en el cielo
la inmensidad de lo azul.
En esta noche, noche de invierno
que nos envía luz y calor
con la promesa del bien eterno
y con su inmenso, divino amor,
y con su inmenso divino amor.
Pues nadie nos ha querido
como nos quiere Jesús,
porque nos ha redimido
y nos da eterna salud.
El desgraciado triste lloraba
de su pobreza la inmensidad,
que vale mucho Torrejoncillo,
porque practica la caridad,
porque practica la caridad.
Hoy sabréis que vendrá el Señor,
y mañana veréis su gloria.
¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
𝗢𝗥𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡𝗘𝗦 𝗙𝗜𝗡𝗔𝗟𝗘𝗦 𝗔 𝗟𝗔 𝗦𝗧𝗠𝗔. 𝗩𝗜𝗥𝗚𝗘𝗡 𝗠𝗔𝗥𝗜𝗔 𝗬 𝗔 𝗦𝗔𝗡 𝗝𝗢𝗦𝗘.
Soberana María, que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma, y la de todos los que en este tiempo hicieren esta jornada, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo. ¡Oh dulcísima Madre! Comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.
¡Oh Santísimo San José! Esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan altos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abraséis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, en Vos descanse en paz el alma mía.
Ave María Purísima.