09/07/2026
Desde esta Cofradía queremos expresar nuestro más sentido pésame por el fallecimiento de D. Gil Castellano a su familia y su Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Torredonjimeno.
Hombre muy querido por todos nosotros, para los que siempre tuvo grandes palabras. De fe profunda y Hábito Morado.
Hoy te recordamos Gil, y elevamos nuestra oración al cielo para que el Nazareno y su Madre reciban tu alma y le den el descanso eterno con la fe y esperanza de que la muerte no es el fin. Ya no pesa sobre tus hombros la Cruz y tu regalo es Cristo que ahora camina a tu lado.
Sigue asomándote al Balcón del Cielo cada Viernes Santo y reza por tus hermanos que no te olvidarán.
Descansa en Paz.
Así se habla de nuestra Cofradía en los pregones de Semana Santa V. Fragmento del Pregón del año 1996 por Gil Castellano Peragón.
De los cariños, afectos y devociones que en la vida se tienen, casi nunca uno mismo es el culpable. En mi caso, de la devoción a la Virgen de los Dolores, tiene buena parte de culpa, un hombre, un hombre bueno. Podría haber sido un vecino más, pero el talante de José, mi "Tato", transcendía más allá de lo puramente vecinal. Su casa era también la mía. Sús martillos, formones, gubias y cepillos también eran míos. Por tener, hasta un banquito pequeño, igual que el suyo, me hizo en una tarde perdida para que yo pudiera "ayudarle". Así pasaba el invierno. Hasta que una tarde, cogíamos las herramientas y nos íbamos cogidos de la mano a Santa María, comenzando así el rito anual de montar las "andas" de la Virgen de los Dolores. No es de extrañar, por tanto, que cada Viernes de Dolores y Viernes Santo, la Virgen vaya igual que siempre. Seguro que él, cuando la Iglesia se queda vacía, baja del cielo todos los años y repasa cada tornillo, cada clavel, cada pliegue de su manto. Como el gustaba de hacerlo. Y a mi me parezca que el tiempo no ha pasado, que ha sido él el que me ha montado en las andas cuando la "Virgen" sube la calle D. Diego.
En las bodegas de la tradición de Torredonjimeno, hay una bota, la que más años tiene, de la cual se extrae cada primavera una pequeña porción de solera añeja, de esencia misma de costumbre, que podemos degustar plenamente cuando hacia las once de la noche del Viernes Santo esta dolorosa se asoma a la puerta de su casa, casi a ras de suelo, y escucha emocionada, el aplauso unísono del gentío que esperaba ansioso esa primera bajada a las manos.
No hay Soledad más compartida que la de esta Señora de postín, que de entre los varales de sus andas nos regala aromas de aceituna y campo, de aceite y almazara, de cosas nuestras de siempre. De la soledad y el dolor, a la prisa por asomarse a la esquina al ver que su Hijo tarda, al ver que su Hijo no viene.
Del carmín de tus labios,
un suspiro se escapó,
cuando tus andas bajaron.
Yo lo cogí con las manos,
y cuando a mirarlo fui.
Un mensaje me encontré:
Si ves a mi Hijo dile,
que en su casa de San Pedro,
me rezará un cantaor.
Será el quien me transmita,
la fe ciega, impenitente.
De un pueblo lleno de amores.
Fiel a su cita de siempre,
con la Virgen de los Dolores.
Para sentir el verdadero calor que mana esa Madre transida de dolor, hay que vestirse de normalidad, acompañarla en medio del gentío, escuchar el crujir de sus varales, observar su rostro entristecido, admirar su andar sobrecogido. Y así de esta forma, cuando casi acaba la madrugada y las estrellas se van apagando, dejando que la luz de este "Lucero" sea más intensa, si cabe. Nos recogemos en torno a "Ella" y le rezamos la misma Salve que le rezaremos el año que viene.