07/03/2026
Bajé al taller del alfarero y lo vi trabajando en su rueda.
En sus manos había una vasija de barro, pero la vasija se echó a perder mientras la estaba formando.
Entonces el alfarero no tiró el barro, no lo desechó…
lo volvió a tomar con sus manos y comenzó otra vez.
Con paciencia, con cuidado, con amor…
volvió a formar una nueva vasija, tal como él quiso hacerla.
Y entonces el Señor habló a mi corazón:
“¿Acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace el alfarero con el barro?”
—dice el Señor—
“Así como el barro está en las manos del alfarero, así están ustedes en mis manos.”
Jeremias 18:3-6