SMOTH - MIT Gran Encomienda de las Islas Canarias

SMOTH - MIT Gran Encomienda de las Islas Canarias Cuenta oficial de la Encomienda de la Orden para las Islas Canarias

GRAN COMENDADOR DE LAS ISLAS CA

Queridos Hermanos y amigos del Temple, os presentamos el facebook del Maestrazgo Internacional de la SMOTH.MIT (SUPREMUS MILITARIS ORDO TEMPLI HIEROSOLYMITANI - MAESTRAZGO INTERNACIONAL TEMPLARIO). Desde esta encomienda de la orden en las Islas Canarias, es para nosotros un honor informaros de las labores y actividades que vamos realizando tanto en favor de la Iglesia como de los más necesitados.

Querido Hermano Templario, considera que cada uno de los pensamientos de nuestro Señor era una antorcha viviente y devor...
09/09/2026

Querido Hermano Templario, considera que cada uno de los pensamientos de nuestro Señor era una antorcha viviente y devoradora, una saeta de fuego puro disparada directamente desde el abismo del amor divino hacia el corazón mismo del Padre. En cada criatura que respiraba, en cada destello de la creación, Él no solo miraba; desgarraba el velo del mundo para contemplar, con una intensidad abrumadora, la majestad infinita, la gloria temible y la sabiduría eterna de Dios. Cada latido de su voluntad era un eco estruendoso de los cielos, una manifestación implacable de Su grandeza.

¿Cómo no comprender que era ese fuego sagrado el que le permitía fundirse en la negrura de la noche en oración ferviente, y permanecer clavado en la presencia de Dios incluso en el estertor salvaje de la batalla? Su alma no conocía la división: con una fuerza serena y sublime, su ser entero se derramaba de la acción a la contemplación, y de la contemplación al combate.

¡Hermanos, despierte el alma! El umbral de nuestra vida interior exige un pacto sellado en el espíritu: ¡imitar con furia sagrada, con cada fibra de nuestro ser, los pensamientos de Jesús! Este miserable torbellino de distracciones que nos arrastra, este océano fangoso de pensamientos vacíos donde nuestras almas naufragan, es la obra misma del enemigo, una trampa mortal diseñada para arrancarnos de la mirada de Dios, incluso bajo los techos sagrados. Y no hablamos solo de la sombra del pecado, sino de esa corriente incesante de trivialidades que ahoga nuestra fe. ¿Cómo osamos proclamar que amamos a Dios con todo nuestro entendimiento, si entregamos nuestra mente, sin resistencia, a la vanidad y al polvo de lo efímero?

¡Jamás conocerás el peso ni el fuego de la oración si tu alma se niega a habitar el silencio sagrado de su sagrario interior!

Pondera, Hermano, con la urgencia y la determinación de un guerrero al borde de la muerte, ¿cuáles eran los juicios del Hijo de Dios sobre el mundo? «Yo juzgo», clamaba Él, «según la verdad». ¿Y cuál era su fuente? Su mente bebía directamente de la voz viva de Dios ante cada rostro, ante cada prueba, ante cada sentencia. Por eso sus palabras cortaban como espadas, absolutamente libres de toda sombra de error.

Nosotros, en cambio, ciegos y miserables, juzgamos atrapados en la carne, en las mentiras de nuestra frágil imaginación y en el veneno de nuestras pasiones desbocadas. ¡Y lo que es peor, nos arrodillamos ante los juicios ajenos, tan ciegos y falaces como los nuestros! ¿Cómo nos atrevemos a extrañarnos de estar tan lejos de Su corazón, de llamar luz a las tinieblas, de despreciar lo que para Dios es un tesoro incalculable? Es una ilusión vana pretender transformar nuestras obras si antes no destrozamos nuestros errores y rectificamos nuestros juicios. Antes de alzar la espada, antes de tomar cualquier decisión, ¡arrodíllate en el polvo y escucha a Dios! Solo así verás la realidad tal como se te revelará en tu último suspenso, cuando estés desnudo ante el tribunal eterno de Jesucristo.

¡Hermanos, que este fuego os devore las entrañas! Recordad a qué habéis sido llamados: amar a Dios hasta el extremo, fundiros con Él, sufrir y luchar exclusivamente para Su gloria. ¡Adoremos con sangre y espíritu los sentimientos más íntimos de Jesús, su celo abrasador por el Padre, la caridad infinita que hacía estallar su pecho! ¡Adorémosle, sí, pero sobre todo, encarnémosle! Amémosle a Él y a todo lo que Él ama con locura; en ese abismo descansa toda nuestra perfección.

Toda la grandeza de un hombre se forja en el yunque de un corazón recto y valiente. Un corazón así, templado a fuego lento como el de Jesús, convierte cada fatiga, cada herida y cada obra en una ofrenda perfecta y digna del Altísimo. Solo entonces, el Espíritu de Dios rugirá, trabajará y orará en ti, convirtiéndote en espada viva de Su voluntad.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, contempla cómo nuestro Señor tronó aquella advertencia abismal: "¿Las cosas que guardaste, pa...
08/09/2026

Querido Hermano Templario, contempla cómo nuestro Señor tronó aquella advertencia abismal: "¿Las cosas que guardaste, para quién serán?". En esa pregunta lacerante que Dios lanzó al necio del Evangelio late el terror sordo de quienes caminan con los ojos vendados hacia el abismo, ignorando la muerte, hasta que se ven arrastrados a arrancarse de tajo de sus riquezas, sin tiempo para disfrutarlas, sin saber qué manos extrañas las profanarán. Es el eco implacable de la condena: ¿De quién será la casa donde te exornas y la cama donde te adormeces? ¿De quiénes serán esos ricos ropajes y las montañas de oro y plata que acumulas? ¿Dónde quedarán los falsos amigos que hoy te adulan y el poder por el que todos doblan la rodilla? ¡Miserable de ti, que amontonaste polvo sin saber para quién!

Muerde con el alma el destino del rey Baltasar, que en medio del delirio y el vino, vio despuntarse de la nada los dedos espectrales de una mano escribiendo sobre el muro: "Contó, pesó, dividió". La voz de Daniel lo rasgó como un relámpago: Dios contó tus días y se acabaron; te pesó en su balanza eterna y te halló liviano, vacío de obras, un desecho; partió tu reino y lo entregó al extranjero. Y aquella misma noche, la sangre y el polvo sellaron su ruina en una muerte vil.

Si estremezco mi propia carne con este fuego, me veo a mí mismo en la hora ciega, de súbita noche o de día impensado, cuando el dedo ardiente de la justicia divina grabe a fuego vivo en las paredes de mi conciencia este veredicto inapelable: "Dios ha contado los latidos de tu tiempo y se han cumplido, este instante es tu tumba; te he pesado en el fiel exacto de mi ley y tu peso es vano, porque huiste de tus deberes; he arrancado de tus manos todo lo que amaste para arrojarlo a otros; y he desgarrado tu ser, entregando la carne a los gusanos hambrientos y el alma al rigor de mi juicio".

Por eso, Hermanos míos, clamemos a su misericordia con lágrimas de sangre, para que nuestra vigilia sea tan estrecha y santa que, cuando la balanza cósmica nos examine, no se halle ligereza en nosotros, sino el peso macizo de la gracia y de la obra bienhechora. Que si el mundo nos arrebata su reino de barro, Él no nos proscriba jamás del Reino de su Gloria. Vivamos cada latido como si el reloj se detuviera hoy mismo en la eternidad.

No vivamos ni un solo segundo del día en un estado en el que no quisiéramos morir.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Queridos Hermanos Templarios, considerad que el latido de nuestra hermandad exige que seamos fuego vivo los unos para lo...
06/09/2026

Queridos Hermanos Templarios, considerad que el latido de nuestra hermandad exige que seamos fuego vivo los unos para los otros. Caminamos juntos en el sagrado crisol del Temple, no para el lucimiento efímero, sino para fundir nuestras almas en la santidad y edificarnos con urgencia de eternidad. Que cada paso tuyo sea espejo nítido donde los demás contemplen la gracia; porque nada empuja con tanta furia hacia la virtud como la santidad incandescente de quien la encarna.
Pero esta exigencia sagrada se clava con más fuerza según el lugar que ocupas. Si la vida te ha confiado el nombre de padre, detente a temblar ante el peso de tu sangre: ¿qué culpa arrastras si, en lugar de esculpir almas para Dios, abres con tus torpezas las puertas del abismo a quienes debías guiar hacia la luz?

Mira hacia adentro, examínate con rigor de fuego y rasga las capas de tu comodidad. ¿Es tu vida tropiezo para tu prójimo? ¿Es tu andar un escándalo silencioso que se burla de los devotos y ahoga la piedad ajena? ¿Cuántas almas habrás arrastrado quizá al precipicio por tu soberbia o tu tibieza? ¿Qué obra, qué sacrificio, qué limosna podrá jamás rescatar el valor infinito de un alma caída? ¿Cómo mirarás a los ojos a nuestro Divino Salvador, sabiendo que tus pasos torcidos le han arrebatado almas por las que Él derramó hasta la última gota de su sangre, haciendo estéril su agonía y su dolorosa pasión? Llora esta culpa con desgarro hondo, con amargura que queme tus entrañas, y emprende ya la obra urgente de reparar con tus virtudes el estrago que causó tu sombra.

Querido Hermano, escucha la advertencia implacable con que Jesucristo blande la verdad para salvarte del abismo. Si tu mano o tu ojo se convierten en piedra de tropiezo, arráncalos, córtalos antes de permitir que ese veneno te hunda en el pecado. Recuerda el filo del Evangelio: vale infinitamente más entrar manco o tuerto a la gloria eterna que descender con el cuerpo entero a la oscuridad insondable del in****no.

Tiembla antes de empujar a otro al despeñadero de la perdición, porque la ruina de tu hermano será también la tuya, y cargarás con tantas condenas eternas como vidas hayas extraviado con tu escándalo. Tu condición de Templario no es un título vacío; es un yugo sagrado que te obliga a sacudir al mundo con la rectitud de tu conducta. Cuanto más alto sea el sitial que ocupas, más feroz será la cuenta que se te exija, porque la sombra de los grandes arrastra con más fuerza que la de los pequeños. Grábate a fuego las palabras del Maestro: "Así ha de brillar vuestra luz delante de los hombres". Dios no te ha entregado autoridad sobre tus hijos, tus hermanos o tus subordinados para saciar vanidades, sino para que seas antorcha que los arranque de la noche y los conduzca a la salvación.

Acuérdate, por último, querido Hermano, de la advertencia final de los tiempos: lo primero que harán los ángeles el día del juicio definitivo será arrancar y arrojar de las puertas del Reino de Dios a los hombres de escándalo. No seas tú uno de ellos; aparta el pie del fango, porque en esta batalla no se juega una causa pasajera, sino el destino inapelable de tu alma y tu gloria para siempre jamás.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, contempla con asombro cómo Dios, en su inescrutable y altísima sabiduría, no quiso crear de l...
05/09/2026

Querido Hermano Templario, contempla con asombro cómo Dios, en su inescrutable y altísima sabiduría, no quiso crear de la nada la carne del primer hombre, sino que la labró del polvo humilde de la tierra, templado con el agua viva, al modo en que el artesano amasa el barro para moldear sus vasijas. Lo hizo así para que nuestra estirpe se cimentara en el abismo de la más profunda humildad, reconociendo el barro vil de nuestro origen, la frágil arquitectura de nuestra naturaleza y la sombra inevitable de la mortalidad que de tan humilde principio nos acecha.

Con esta verdad clavada en el alma, para aplastar las soberbias crestas del orgullo que a veces asoman, clamaré con las palabras implacables del Eclesiástico: ¿De qué se ensorbebece la tierra y la ceniza? ¡Oh miserable criatura hinchada de vanidad, de qué presumes! ¿Acaso de ese polvo miserable que el viento arrastra y dispersa? Humíllate hasta morder el polvo, porque de polvo estás hecho.

Otras veces, cuando el corazón se rebele y levante sus amargas quejas contra los impenetrables juicios de Dios porque niega lo que mis deseos reclaman, resonará en mi pecho la advertencia tajante de San Pablo: ¡Oh hombre, tú quién eres para disputar y quejarte ante Dios! ¿Se atreverá acaso la vasija de barro a desafiar al alfarero diciendo: por qué me hiciste de esta manera? ¡Ay de aquel que osa contradecir a su Hacedor siendo apenas un miserable vaso de tierra!

Otras veces, para arrancarme de la desesperanza y elevarme a una confianza ciega en ese Dios que me talló con sus propias manos de barro, haré mías las súplicas del profeta Isaías: Tú eres nuestro Padre, y nosotros la arcilla; tú nuestro divino formador, y nosotros la obra enteramente salida de tus manos. No quiebres, Señor, la frágil vasija que formaste; no nos modelaste para quebrarnos con rigor implacable, sino para que nuestra entereza te sirva de instrumento.

Otras veces, para abandonarme con un gozo inquebrantable en las manos del Altísimo y devolverle la gloria entera de cada brizna de bien que habite en mí, recordaré aquella sentencia entregada a Jeremías: Del mismo modo que el barro descansa dócil en las manos del alfarero, así estáis vosotros suspendidos en las mías.

Y finalmente, querido Hermano Templario, para huir con espanto de las garras de todo pecado, tendré siempre presente que la culpa disuelve esta obra de arcilla y la reduce al polvo ma***to del que fue extraída, cumpliendo aquella sentencia implacable lanzada contra Adán al anunciarle su retorno a la tierra: Eres polvo y al polvo habrás de volver. Como si el Creador nos dijera: Te saqué de la tierra y del polvo para que comprendieras que si quebrantas mi ley, retornarás inexorablemente al lodo primordial; pues quien desprecia a Aquel que lo rescató del fango, es de rigurosa justicia que vuelva a hundirse en las ciénagas de donde fue arrancado. Demostremos, queridos hermanos, que somos verdaderamente dignos de llamarnos Soldados de Dios.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera cómo el Salvador del mundo, tras desgarrar la muerte y alzarse impasible y glorioso...
03/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo el Salvador del mundo, tras desgarrar la muerte y alzarse impasible y glorioso, pisó esta tierra cuarenta días más. Días de fuego en los que se entregó a los Apóstoles, esculpiendo a golpe de pruebas innegables la verdad de su resurrección, abrasando sus corazones con el verbo encendido del reino de Dios.

Porque si cada palabra que brotó de sus labios en su vida mortal fue brújula hacia la gloria, cuánto más ardientes y definitivos habrían de ser sus acentos tras la victoria sobre el sepulcro. Ya se desprendía de su presencia corporal y ellos, por fin, ensanchaban el alma para beber la sabiduría de las alturas. Les abrió el arcano de su Iglesia, ese reino donde Él impera como Rey soberano, gobernando por fuera con ministros y por dentro derramando gracias que incendian el alma, la santifican y la arrastran incontenible hacia la bienaventuranza eterna.

Saturados de esa doctrina celestial y sellados a fuego en la fe de su resurrección, el divino Maestro alzó el vuelo hacia los cielos. Entró en la ciudad imperial como el más noble y augusto de los triunfadores, coronado por el botín de su propia sangre, guiando a aquel ejército de almas rescatadas porque así lo exigía su gloria y lo reclamaba nuestra salvación.

Era de justicia que aquel que se abajó hasta el fango, llegando a clamar yo soy gusano y no hombre, fuese ensalzado no sólo sobre la humanidad entera, sino por encima de las legiones angélicas, sentado a la diestra del Padre en majestad infinita.

Urgitaba a su infinita bondad arrancarnos la venda y mostrarnos que su reino no es de barro, que desprecia los oropeles efímeros de este mundo para reinar en lo eterno. Aquí no pesa el oro, ni los títulos, ni el aplauso fatuo; en los surcos de nuestra Hermandad no hay rangos que valgan, pues todos somos iguales ante el altar del sacrificio, donde la única jerarquía se escribe con la sangre del amor a Dios, la entrega al prójimo y la espada desnuda en defensa de nuestra fe y de nuestra Santa Madre Iglesia.

Su ascensión fue el grito desgarrador que nos recuerda nuestra verdadera patria: este mundo no es hogar, es mazmorra y destierro. Nuestra carne camina por el polvo, pero el alma, pura y anhelante, debe volar incesantemente hacia donde mora nuestro único Bien, allá en los cielos.
FTAT NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera cómo Dios, Trino y Uno, esculpió al hombre con el fuego de su propia imagen y semej...
02/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo Dios, Trino y Uno, esculpió al hombre con el fuego de su propia imagen y semejanza. Le insufló un alma donde arde esa esencia divina, un reflejo absoluto de su supremo intelecto y de sus perfecciones más sagradas. Seis son las grandezas; hoy nos consumiremos en las tres primeras:

La primera llama de nuestra alma es que, al igual que Dios es espíritu puro, invisible a la carne, indivisible, omnipresente, sosteniendo la vida y el pulso del universo, nuestra alma es también espíritu invisible que habita el templo del cuerpo. Entero está en los ojos, en las manos, en cada rincón de nuestra carne, sosteniendo su movimiento. ¡Sin este aliento, la carne se desmorona y vuelve al polvo! ¡Es imperativo que este espíritu, con cada fibra de nuestro ser, se convierta en fuego vivo para bendecir y glorificar al Creador!

La segunda cumbre es su inmortalidad. Tal como Dios permanece eterno e independiente aunque el mundo perezca, nuestra alma desafía la muerte. Cuando este frágil envoltorio corporal se desvanece en la tierra que lo vio nacer, el espíritu no muere; se eleva inquebrantable hacia Dios para recibir la justicia de sus merecimientos.

La tercera y más alta cumbre revela que nuestra alma, siendo una, encierra el misterio trinitario en tres potencias sagradas: el entendimiento que cruza los cielos y la tierra, la memoria que resucita el pasado haciéndolo presente, y la voluntad que arde amando u aborreciendo. Así como el Padre engendra al Verbo por el conocimiento y el Espíritu Santo brota del amor mutuo, nuestra alma, al contemplar a Dios, engendra un concepto santo y enciende un amor puro que la diviniza.

¡Aquí reside el corazón de nuestra grandeza, como bien proclamaba Santo Tomás!
Hermano, vive combatiendo sin tregua cada segundo por abrazar esa semejanza divina. ¡Qué absurdo, qué doloroso es que, habiendo sido forjados a fuego por un Padre tan benignísimo, elijamos arrastrarnos lejos de su luz!
FTAT. NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, considera cómo arde el alma al contemplar el ejemplo de amor extremo que Jesucristo nos entre...
01/09/2026

Querido Hermano Templario, considera cómo arde el alma al contemplar el ejemplo de amor extremo que Jesucristo nos entrega desde el silencio sagrado de la Eucaristía. Él mismo confió a santa Teresa que las almas abrazadas por el fuego de la tribulación son las más amadas por su Eterno Padre; por ello la Santa repetía con el alma encendida: "El padecer por amor de Dios es el camino de la virtud. Así, pues, parezca más quien tenga más fortaleza para padecer, seguro de que será más dichoso; y nunca adelantará mucho quien a esto no se resuelve." San Ignacio de Loyola proclamaba con certeza celestial: "Si Dios te hace padecer mucho, es señal de que tiene grandes designios sobre ti, y de que seguramente quiere salvarte. Y si deseas hacerte gran santo, pídele que te dé mucho que padecer; porque no hay leño más a propósito para producir en nosotros el fuego del Divino Amor que el leño de la Santa Cruz."

Nos enseña san Pablo que para alcanzar la vida eterna es necesario que nuestra alma sangre y resplandezca conforme a las huellas de Jesucristo. ¿Y cuál fue el destino de nuestro Redentor sobre la tierra? La fría gruta de Belén lo vio nacer entre pajas; el destierro y el polvo de los caminos de Egipto lo acogieron errante; el taller oscuro de Nazaret lo vio crecer pobre, oculto y olvidado; los polvorientos caminos de Judea, Galilea y Samaria lo contemplaron bañado en sudor y desfallecido de fatiga; su corazón se desmayó en Getsemaní, anegado en un océano de tristezas indecibles; en el Pretorio su cuerpo bendito se desangró bajo la furia de una flagelación inhumana; y en la cumbre del Calvario agonizó y exhaló su último aliento clavado en un madero. ¿Cómo, dime, nos atreveríamos a pretender agradar a Dios y alcanzar la gloria caminando sobre un sendero de rosas, mientras nuestro divino Capitán marchó hasta la cruz por una vía empapada de espinas y sangre?

Hermano Templario, revístete de valor y mantente firme para sufrir con orgullo por la defensa de tu fe y de la cristiandad entera, para lanzarte al combate espiritual con la fiereza y la nobleza de los elegidos, defendiendo hasta el último aliento los valores sagrados que nuestro divino modelo grabó a fuego en nuestras almas. Prepárate para el sacrificio supremo, si así lo exige la hora, para custodiar la dignidad del hombre por puro amor a Dios y al prójimo, demostrando al mundo que eres un legítimo Hijo del Altísimo, un Templario indomable. Ninguna sombra de temor puede doblegar a quien sabe que la gloria eterna de Dios aguarda al final de la batalla; dichosos los llamados a su banquete sagrado, porque en su morada contemplarán la luz sin fin. FTAT.NNDNN 🌹❤🌹

Querido Hermano Templario, contempla en lo más hondo de tu alma la grandeza de la voluntad de Dios que imploramos cada d...
29/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla en lo más hondo de tu alma la grandeza de la voluntad de Dios que imploramos cada día: esa fuerza abrasadora y perfecta que nos llega esculpida en los mandamientos de la ley, en el fuego vivo de los consejos del evangelio y en los susurros inefables del Espíritu Santo que incendian el corazón.

Mide el abismo de nuestra vocación y grita con el alma destrozada de amor ante nuestro Señor: ¡no quiero, Señor, los apetitos ciegos de mi propia voluntad, que son la ruina de mi barro; ni las rebeldías de la carne, que declaran la guerra al espíritu; ni las seducciones oscuras del demonio, que son la mentira misma; ni los vanos espejismos del mundo, que se deshacen en ceniza! que sea hecha solo tu voluntad, porque en ella habita la luz inagotable, la justicia pura y la medida de toda santidad. ¡dulce Jesús, que descendiste de los Cielos no para buscar tu propio querer, sino para entregar el alma al Padre! sácame de mis miserias con tu gracia, hazme temblar ante mi soberbia y concédeme el don sagrado de anular, arrancar y crucificar mi voluntad cada instante para someterla por entero a la tuya.

Penetra en el misterio de cómo debe cumplirse este mandato, grabado a fuego en el clamor: así en la tierra como en el cielo, imitando el temblor reverente y la fidelidad ciega con que las milicias angélicas y los espíritus bienaventurados la ejecutan en las alturas; es decir: primero, con integridad absoluta, sin negociar ni la brizna más diminuta de la ley divina. Segundo, con una intención tan transparente y pura que arda únicamente para agradar a los ojos de Dios. Tercero, con la prontitud del rayo y la puntualidad inquebrantable, sin arrastrar los pies ni vacilar ante la cruz. Cuarto, con la fortaleza de una roca batida por las olas y la perseverancia invicta hasta el último suspiro, como corresponde a un caballero de la milicia del templo. Quinto, por puro amor, envueltos en una llama fervorosa, continua e intensa, saboreando el gozo inefable de cumplir lo que el Altísimo nos manda.

Hermanos, clamemos juntos al Padre para que su gracia nos levante, nos quiebre y nos transforme, permitiéndonos servir a su divina voluntad con toda la perfección y la entrega que exige esta noble causa, no sea que por cobardía nos quedemos a mitad del camino de aquello que nuestro Señor nos pide con tanta gloria.
FTAT.NNDNN 🌹♥️🌹

Querido Hermano Templario, considera que reflexionar sobre la inmensidad divina es asomarse a un abismo de luz que desbo...
28/08/2026

Querido Hermano Templario, considera que reflexionar sobre la inmensidad divina es asomarse a un abismo de luz que desborda cualquier medida humana. Contemplar el universo, las estrellas y el aliento de la vida nos recuerda nuestra infinita pequeñez. Sin embargo, en medio de esa desproporción cósmica, el Creador nos mira con un amor que no exige perfección sino entrega. No somos meros espectadores en este vasto teatro de la existencia, ni simples criaturas abandonadas a nuestra suerte. Se nos ha concedido el don incalculable de ser sus hijos, herederos de una gracia que no merecemos pero que se nos regala.

Pero Hermano, la llamada va más allá de la filiación pacífica; se nos confiere también el honor riguroso de ser sus soldados. Servir al Altísimo en calidad de milicia espiritual implica asumir una armadura invisible forjada de fe, justicia y verdad. Cada prueba superada, cada tentación vencida y cada acto de bondad en la penumbra es una batalla librada en su nombre. En esta lucha cotidiana no combatimos contra carne ni sangre, sino contra las sombras que intentan oscurecer el mundo. Ser soldado de Dios significa mantener la guardia en alto cuando el desaliento susurra que el esfuerzo es estéril. Es una dignidad altísima que nos eleva por encima de nuestras propias miserias y nos dota de un propósito eterno. Demostrarle a Dios que somos dignos de su confianza no es buscar la vanagloria, sino pulir el alma hasta que refleje su brillo.

Cada elección recta, cada lágrima ofrecida con paciencia y cada paso hacia el bien es una prueba de amor puro. La dignidad ante los ojos del Creador se conquista en los detalles silenciosos, donde nadie más aplaude ni observa. Allí, en la trinchera íntima de la conciencia, es donde demostramos de qué pasta espiritual estamos hechos. No se trata de un orgullo terrenal, sino de la profunda humildad de saberse útil en los planes del Supremo. ¡Qué privilegio tan inmenso formar parte de sus filas y marchar bajo la bandera invisible de su providencia! La vida se convierte entonces en un campo de entrenamiento donde el espíritu se fortalece para la eternidad. Cada tropiezo es una lección de humildad y cada levantamiento, un testimonio renovado de lealtad hacia Él.

Aspirar a la gloria eterna no es un derecho adquirido, sino la recompensa natural de una fidelidad probada en el fuego. El Cielo no se abre para los indiferentes, sino para aquellos que pelearon la buena batalla con el corazón encendido. Al final del camino, cuando depongamos las armas de este mundo pasajero, escucharemos su voz reconociendo nuestra entrega. Entonces comprenderemos que cada sufrimiento terrenal valió la pena por el solo hecho de haberle servido con lealtad. La grandeza de Dios no disminuye nuestra estatura, sino que la agiganta al hacernos partícipes de su obra redentora.

Caminemos, pues, con la frente en alto y el alma dispuesta, sabiendo que somos soldados del Rey de Reyes. Que nuestra mayor ambición sea honrarlo en cada suspiro y demostrar con hechos que somos dignos de su amor. Porque servirle no es una carga pesada, sino el honor más sublime que un ser humano puede recibir en su corta existencia. Que la luz de su presencia nos guíe siempre y que nuestra marcha hacia su gloria sea firme, constante y fiel. Que cada amanecer sea una nueva oportunidad para empuñar con valentía las virtudes que Él nos legó. Porque en la milicia del Altísimo, la victoria final ya está escrita para quienes perseveran hasta el final. Que nuestra fe sea el escudo que desvíe las dudas y nuestro compromiso, la espada que venza el desamor. Saberse amado por el Creador es el motor que enciende el valor necesario para cruzar cualquier tormenta. Vivamos cada segundo de nuestra existencia con la certeza de que estamos llamados a reinar en su gloria eterna.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

Querido Hermano Templario, contempla hoy el abismo de nuestra trágica caída, el peso aplastante de una pureza que dejamo...
27/08/2026

Querido Hermano Templario, contempla hoy el abismo de nuestra trágica caída, el peso aplastante de una pureza que dejamos morir entre las sombras de nuestras propias pasiones. Si la inocencia primigenia hubiera permanecido intacta en el altar de nuestras almas, jamás habríamos pisado este calvario de espinas y sangre. Pero la perdimos, la desgarramos con el filo de un libre albedrío corrompido, y ahora la penitencia ya no es una opción piadosa, sino un grito de supervivencia eterna. Es tan implacable, tan absoluta, que una sola sombra de pecado mortal, si no es lavada en las lágrimas del arrebato y la contrición, condenará nuestra alma al fuego inextinguible, arrancándonos para siempre del abrazo de Dios y de su gloria incorruptible.

Ese eco sangrante resuena con furia a través de los siglos.

La Sagrada Escritura ruge esta verdad en cada versículo, clamando entre maderos, lágrimas de fuego, ayunos implacables y una total anulación del ego. Es el lenguaje sagrado de los profetas y de los mártires, la voz misma del Altísimo exigiendo justicia. "Haced penitencia", nos advierte el Señor con la urgencia del juicio final, "porque si no la hacéis, pereceréis sin remedio". ¿Sientes cómo ese eco estremece hasta los cimientos de tu espíritu?

Tras los apóstoles, el trueno de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia levantó la misma espada de fuego. "El pecador", proclamaron con severidad inquebrantable, "es un hombre nacido para la penitencia". ¿Acaso tu vanidad cree que la justicia de Dios puede ser burlada? No. Su castigo es una tormenta ineludible. O pagamos la deuda con el sudor de nuestra penitencia, o la pagaremos con el suplicio eterno de su venganza. No hay un tercer camino, no hay refugio intermedio.

Y si el alma aún duda, que la lógica implacable de la fe sacuda tus huesos hasta despertarte. ¿Cómo osas suplicar la gracia de un Dios cuya santidad devora el pecado, de un Dios incapaz de tolerar la iniquidad? ¿Anhelas su perdón mientras te niegas a saciar su justicia con tu propia expiación? ¡Qué locura demoníaca, qué ceguera mortal! Su infinita justicia jamás absolverá a un alma que se obstina en abrazar su culpa sin arrepentimiento.

Recuerda, Hermano en la cruz, que las puertas del cielo solo se abren ante dos rutas, y ni una más.

El camino que no es recorrido por la túnica blanca de la inocencia, debe ser cruzado a sangre y fuego sobre el dolor de la penitencia. No hay otra salida, no hay otra clemencia, no hay otra esperanza.
FTAT.NNDNN 🌹❤️🌹

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