15/08/2026
𝟏𝟓 𝐃𝐄 𝐀𝐆𝐎𝐒𝐓𝐎| 𝐋𝐀 𝐀𝐒𝐔𝐍𝐂𝐈Ó𝐍 𝐃𝐄 𝐋𝐀 𝐕𝐈𝐑𝐆𝐄𝐍
“Era un día sin tiempo, y el cielo estaba expectante.
Desde lo alto se extendía un resplandor que no pertenecía a la tierra. La Reina se acercaba. Ángeles vestidos de luz descendían como pétalos de oro, formando un camino que se perdía entre coros celestiales. María, la humilde de Nazaret, aquella que guardó en su corazón los misterios de Dios, subía envuelta en un manto de gloria. No llevaba riquezas, sino la pureza intacta de su alma y el amor inmenso de
Madre.
Los patriarcas y profetas se inclinaban, reconociendo en Ella la promesa cumplida. Los apóstoles, desde la tierra, levantaban la mirada sabiendo que su partida era, en verdad, una llegada. Al final del camino, su Hijo la aguardaba con los brazos abiertos y una corona de doce estrellas. Entonces, el cielo entero se llenó de júbilo y una sola voz resonó: ‘Bendita tú entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. La Virgen María había sido llevada al cielo en cuerpo y alma, para reinar eternamente junto a Dios.”