Parroquia San Martín de Tours, Sotrondio

Parroquia San Martín de Tours, Sotrondio Parroquia san Martín de Tours, Sotrondio. Integrada en la Unidad Pastoral del Alto San Martín. Fiesta patronal 11 de Noviembre. Patrono San Martín de Tours. D.

Parroquia San MARTÍN DE TOURS

Párroco: Rvdo. Segundo Gutiérrez Figar

Despacho Parroquial:
Martes de 12:00h. a 13:00h. Miércoles, Jueves y Viernes de 17:30 a 19 horas

Teléfono Parroquial: 647 32 82 63

Horarios de Misas:
Miércoles y Viernes: a las 18:30 horas
Sábados: a las 17:45 horas
Domingos: a las 11:45 horas

Capilla de San Martín: a las 16 horas
primer sábado de mes

19/12/2021
30/10/2021

Os recordamos los horarios de las celebraciones de los días 1 y 2 de Noviembre en nuestra Unidad Pastoral.

16/10/2021

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11/10/2021
11/10/2021

LA PANDEMIA INFORMÁTICA DE UNA TARDE

Carta semanal del Arzobispo de Oviedo
10 de Octubre de 2021

Todo se vino abajo. Los terminales de nuestros dispositivos electrónicos, de pronto nos daban la alarma fatal: no hay conexión a internet. Y así, sin previo aviso, el mundo entero entraba en una pandemia de la comunicación precisamente secuestrando el canal con el que nos poníamos en contacto. Toda una lección de la vulnerabilidad en la que esas dependencias en las que hemos entrado, pueden de modo imprevisto dejarnos al pairo en la herramienta que nos dieron, a la que nos habituaron haciéndonos diestros usuarios, expertos para nuestras curiosidades, nuestras cuitas, nuestros mentideros y nuestros engaños. Pero que, de la noche a la mañana, nos encontramos perdidos y solitarios.

Ha sido una interesante vivencia. No poder enviar ni recibir mensajes con el WhatsApp, no poder subir o bajar fotos con Instagram, no poder seguir el rastro de personas o instituciones con el FaceBook. El mundo entero, ricos y pobres, jóvenes y adultos, de toda condición social, de todo extracto económico, de todo pedigrí social, de todo credo religioso, de toda querencia política, de toda afición y divertimento… el mundo entero se vio por unas horas parado y callado. Era un sunami cibernético como si una pandemia informática nos hubiera confinado a la soledad y al silencio más inesperados.

Vendrán ahora los intérpretes y hermeneutas a darnos su versión, siempre prestada de lo último que han leído aquí o allá, o lo que han escuchado a este o aquel. Y entonces nos dirán que ha sido un ensayo general de la mano negra del gran hermano, para ver cómo resulta nuestra resistencia y nuestra resiliencia, ante el control de nuestras vidas por parte de quienes, parece ser, que nos tienen en su mano. Otros, con su comodona ingenuidad, dirán lo contrario: que no pasa nada, que aquí nadie quiere controlar nuestros pasos ni saber de nuestras andanzas. Que tan sólo ha sido el fortuito episodio de una caída de la red sin más. Y así, seguirán ingenuamente cultivando la comodidad de que aquí no hay ni moros en la costa ni extraterrestres vigilándonos.

Una pandemia vírica como la que hemos sufrido con el Covid, nos ha puesto delante la verdadera vulnerabilidad que señala nuestra pequeñez humana, especialmente cuando hemos intentado, y lo seguimos intentando, ser como dioses que logran desplazar al verdadero Dios, jugando a crear la vida según nuestros diseños, o a disponer de ella en todos sus tramos, desde la vida del no nacido hasta la vida que termina, cuando se dictan intereses políticos y económicos de partido, los cálculos demográficos egoístas e insolidarios, el empeño en deconstruir la antropología cristiana y nuestra humana tradición a través de los siglos con nuestras luces y sombras, nuestras gracias y pecados.

Y, también una pandemia informática, que nos pone en esa tesitura de incomunicación porque nos han quitado de pronto la forma que nos impusieron para comunicarnos hasta el punto que sería la única que sabríamos utilizar. Toda una estrategia de control de la humanidad en un mundo cada vez más inhumano.

Paradójicamente, esto sucedía en el día de San Francisco de Asís, el santo de la fraternidad con todos los seres en los que reconoce la huella de Dios Creador; el santo de la paz hija del desarme de todo aquello que nos enfrenta y hace daño como hijos de Dios y hermanos de los hombres; el santo de la sencillez que no busca el poder en ninguna de sus formas; el santo que supo mirar las cosas, todas las cosas, descubriendo la belleza, la bondad y la verdad que Dios ha querido poner en ellas a pesar de todo. Es una providencial coincidencia que nos señala lo verdaderamente importante, cuando un santo, Francisco de Asís, nos recuerda qué es lo que vale la pena ante Dios y ante los demás.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

07/10/2021

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07/10/2021

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07/10/2021

SALIR DE LAS TRINCHERAS

Carta semanal del Arzobispo de Oviedo
3 de Octubre de 2021

Van pasando las calendas e, imparable, el trasiego de nuestros vaivenes intenta hacerse hueco de nuevo en medio de nuestras agendas. Ya vimos a nuestros más pequeños volver al colegio, atrás quedan las vacaciones estivales, y ahora toca retomar tantas cosas que estaban en el tintero cotidiano con el que se escriben nuestras cosas a diario. No regresamos a lo habitual como quien se resigna con disgusto a un lunes ma***to tercamente laborable. Sabemos que hay un tiempo para todo, y queremos saber vivirlo con esa sabiduría que se deriva de la compañía de Dios: en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las p***s, todos los días de nuestra vida, contamos con la fidelidad del Señor.

En medio de la circunstancia que nos ha tenido en vilo durante tantos meses, van normalizándose tantos ámbitos de la vida: los deportivos o taurinos que recuperan a sus aficionados; los culturales que permiten retomar los nobles entusiasmos por lo que es bello y nos llena el alma; los sociales en tantos escenarios, en los que poco a poco recuperamos los tiempos y espacios que fueron justa o abusivamente confinados. No es menor el ámbito en el que la comunidad cristiana vive, comparte y celebra sus cosas. Porque la caridad se hizo remisa a la hora de abrir puertas y brazos para acoger a quien más lo estaba necesitando: hay que normalizar nuestros espacios para la acogida y la ayuda que brindamos a los demás. La catequesis también se vio condicionada por medidas que impedían recibir la formación debida de nuestros niños, jóvenes y adultos en el habitual formato, sabiendo que eran insuficientes los recursos telemáticos con los que hemos intentado llegar a los que no llenaban ya nuestros espacios señalados en parroquias y salones varios. La liturgia y las celebraciones también se vieron afectadas, y de qué manera, por lo que imposibilitaba la natural expresión de la fe y la recepción de las ayudas espirituales que más necesitábamos. También aquí en lo litúrgico y celebrativo, hemos tenido que inventarnos y aprender modos alternativos para acercar de algún modo las celebraciones, aunque sabemos que insuficientemente e inapropiado, con las retransmisiones en redes sociales y canales televisivos improvisados.

A la postre, reconocemos que algo se nos ha desnaturalizado y hemos pagado un precio alto que claramente nos ha desgastado y arrinconado en lo que más vale la pena de nuestra vida personal, social y eclesial. Bienvenido todo este esfuerzo, no obstante, realmente generoso en nuestros sacerdotes, religiosas y catequistas, en nuestros voluntarios de Cáritas y en tanta buena gente que ha intentado paliar de alguna manera lo que ha sido un desafío imprevisto que nos pilló mal entrenados cuando el reto de una pandemia puso a prueba tantas cosas personal y comunitariamente.

Pero es el momento de ir encauzando la vida toda en los cauces adecuados, para poder ir retomando las cosas en su sentido genuino y en su natural escenario. Porque si los estadios y plazas, los auditorios y teatros, los lugares de ocio y divertimento van entrando en una normalización en cuanto a tus tiempos y espacios, también la comunidad cristiana debe recuperar con urgencia sus propios ámbitos donde expresar la fe de liturgia y sacramentos, donde recibir la formación catequética y en donde ofrecer lo mejor de su ayuda caritativa. Los medios que hemos empleado en este tiempo de pandemia han sido instrumentos que han paliado, en parte, las penurias y carencias a las que nos hemos visto obligados. Pero una vez que, gracias a Dios y a la colaboración de unos y otros, vamos saliendo de los confinamientos diversos, hemos de recuperar con normalidad y gratitud lo que un virus extraño nos había secuestrado. No es buena cosa habituarse a la trinchera cuando la guerra ya ha terminado.

Al recomenzar así el curso pastoral, con la cautela que dicta la prudencia, hemos de entrar en la normalidad de nuestros tiempos y espacios. Allí nos espera Dios para seguir acompañándonos.

Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

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