03/06/2026
🟣 REFLEXIÓN TRIDUO EUCARÍSTICO
Vivir para Dios en el mundo actual
El Evangelio de hoy nos sitúa ante una realidad muy concreta: vivimos en el mundo, y estamos llamados a aceptarlo tal como es. Un mundo con sus luces y sus sombras, con aquello que nos gusta… y con aquello que nos cuesta comprender o aceptar.
Con frecuencia caemos en la tentación de la queja, de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, de criticar constantemente lo que nos rodea. Pero la realidad es otra: este es el mundo que nos ha tocado vivir. Un mundo diverso, donde conviven distintas formas de pensar, de creer y de entender la vida. Y en medio de todo ello, el cristiano no está llamado a imponer, sino a anunciar, a compartir, a vivir con coherencia su fe.
“Dar al César lo que es del César” es, por tanto, aceptar con responsabilidad y humildad la realidad en la que vivimos, sabiendo que también nosotros formamos parte de ella y contribuimos a construirla.
Pero el Evangelio va más allá: “dar a Dios lo que es de Dios”.
Y ahí aparece el rostro de un Dios que nunca se cansa de nosotros. Un Dios que nos mira con amor, que nos acepta tal como somos, incluso cuando nos acercamos a Él solo en la necesidad, cuando no nos queda más remedio o cuando nuestro corazón está lleno de egoísmo.
Frente a nuestras puertas que tantas veces se cierran —a las personas, a las situaciones, a lo que no nos gusta—, Dios mantiene siempre la suya abierta. Pasen los años que pasen, fallemos lo que fallemos, Él sigue esperando.
Porque Dios nos ha hecho libres, capaces de construir el mundo, pero nunca nos abandona en el camino.
Hoy, el Señor nos recuerda que siempre hay un lugar para volver. Que su puerta permanece abierta cada día de nuestra vida. Y que esa es, precisamente, su manera de amar: acoger, esperar y querer sin medida.