13/06/2026
✝️ DOMINGO XI DEL TIEMPO PER ANNUM.
Por fin un domingo “ordinario” en el Tiempo Ordinario. Después de la celebración de la Santísima Trinidad, y del Cuerpo y la Sangre de Cristo, hoy sí volvemos a la lectio continua del Evangelio de Mateo, que escucharemos en este ciclo “A” de la liturgia.
En el Evangelio, con Jesús, asistimos al nacimiento de un nuevo pueblo de Israel. Jesús, con el llamamiento y el envío declara que ha nacido otro pueblo, el de la Nueva Alianza. A diferencia de la práctica habitual, los alumnos eligen a su maestro, aquí es el Maestro, Jesús, quien elige a sus discípulos. No es un llamado general, sino que a cada uno lo llama por su nombre. ¡Este Maestro será para siempre, y no con carácter temporal! Y los llama para estuvieran con Él, vieran cómo Él hacía las cosas y después enviarlos a predicar que ya ha llegado el Reino de Dios. El anuncio del Reino será con palabras y con signos. Eso se ve en la fuerza recibida para expulsar demonios, curar enfermos y hablar en lenguas diversas. Este anuncio ha de estar marcado por la generosidad y la gratuidad.
El discipulado de Jesús implica toda la vida, no recibir una lección teórica. Se trata, pues, de ser “expertos” y no meramente “especialistas”. El ideal de este discipulado llega hasta introducirlos en el mismo círculo de relaciones que Él tenía: su vida de comunión con el Padre; sus actitudes ante las dificultades; su forma confiada de vivir, abandonándose en la providencia del Padre…
A pesar del abandono al final de su vida, Jesús los ha aceptado a fondo, sabe lo frágiles y quebradizos que pueden llegar a ser. No le importa. Él viene a establecer una relación de comunión, que quedará definitivamente restablecida con su Pascua.
Y Jesús no afrontó su misión en solitario. Si se rodeó de este grupo no era porque tuviera necesidad de admiradores que fueran jaleándolo; no necesitaba ningún coro de fans que se hiciera lenguas de su mensaje y de sus acciones. Estaban junto a Él para algo más que para ser espectadores y admiradores. Quería que fueran colaboradores directos; los quería implicar en la misma misión en que Él estaba comprometido. Por eso los hace partícipes de los mismos poderes que Él tiene: curar a los enfermos, arrojar demonios.
También a nosotros Jesús nos llama por nuestro nombre a ser sus discípulos, a vivir en comunión con Él . También nosotros somos amados por Él con un amor incondicional. San Pablo nos lo ha recordado: Dios, en Jesús, nos amó y nos reconcilió consigo cuando éramos enemigos. La calidad del amor de Dios ha de ser para nosotros también una invitación: una invitación a amar así, como Él, a amar a pesar del trato indiferente o agresivo que recibió, a pesar de que no responden a mis expectativas legítimas, a pesar de que no me entiendan, o de que me rechacen…
Jesús nos urge a colaborar con Él, desde los dones que cada uno tenemos. Dios quiere necesitarnos y, entonces, necesita unos mediadores, unas personas que anuncien su evangelio, que hagan presente su salvación. Este designio salvador de Dios, gratuito en su origen, debe por tanto ser conservado en el ámbito de la gratuidad. Esta dinámica propone una escala de valores distinta a la del mundo, una alternativa a la sociedad que, en su egoísmo, los seres humanos hemos construido.
Es un nuevo paradigma, las claves son amor, elección, generosidad, gratuidad y envío. Respondamos al Señor con confianza y entrega.
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