Abadía de Silos

Abadía de Silos Comunidad Benedictina de Sto. Domingo de Silos Ya en el año 954 se tiene constacia de una comunidad monástica en Silos.

Desde entonces hasta hoy los monjes del monasterio de Silos seguimos alabando a Dios cada día y orando desde el corazón de la Iglesia, en una vida sencilla de plegaria y trabajo.

VIERNES SANTOHoy, 29 de marzo, es Viernes Santo y toda la Iglesia se une en duelo y espíritu penitencial para conmemorar...
29/03/2024

VIERNES SANTO
Hoy, 29 de marzo, es Viernes Santo y toda la Iglesia se une en duelo y espíritu penitencial para conmemorar la Pasión y Muerte del Señor.
La liturgia de hoy, en toda su riqueza, nos depara momentos intensos en los que podremos profundizar en el misterio del sacrificio de Cristo.
En todo el mundo cristiano se llevan a cabo diversas expresiones de fe: se reza el Vía Crucis [El camino de la cruz], se escucha el “Sermón de las Siete Palabras” -reflexión en torno a las palabras que Cristo dijo en la Cruz- y se realizan procesiones o liturgias públicas semejantes, presididos generalmente por la imagen de Cristo sufriente y de su Madre Dolorosa.
En Viernes Santo no se celebra la Santa Eucaristía ni ningún otro sacramento, a excepción, claro está, del Sacramento de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos en caso de necesidad o urgencia.

UN DíA PARA PONER EL CORAZÓN FRENTE AL SEÑOR
En la tarde del Viernes Santo se realiza la Celebración de la Pasión del Señor, que conmemora los distintos momentos por los que pasó el Salvador en las horas previas a su ejecución. Ese itinerario de dolor se recuerda paso a paso a través de la lectura de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Comunión Eucarística -consagrada el día previo, Jueves Santo-.
Todas estas formas de piedad dejan en evidencia que la Iglesia, como madre buena, provee de los medios necesarios para acercarnos a Dios y conocer mejor el misterio de su amor sacrificial, que es infinito. Nunca olvidemos que Cristo no se guardó nada para sí, sino que lo dio todo por nuestra salvación.
Nosotros, los fieles, debemos responder guardando ‘silencio’ -externo e interno- o fomentando el espíritu reflexivo. Debemos unirnos al duelo por la muerte de Jesucristo. Contribuye enormemente a ese propósito que ese día cumplamos con los preceptos de ayuno y abstinencia.

LO QUE O ESTÁ ROTO SERÁ UNIDO Y RENOVADO
En Viernes Santo “celebramos la muerte de Jesús, quien ha mu**to por cada uno de nosotros y por toda la humanidad para reconciliarnos con el Padre”. Es decir, estamos celebrando hoy el amor extremo, el amor divino, el único capaz de pagar el más caro rescate por nuestra salvación: la vida del Hijo. Esto debería tener implicancias tremendas en nuestra vida diaria: gracias a Cristo, las puertas que se habían cerrado a causa de nuestros pecados han sido abiertas de nuevo para nunca jamás cerrarse de nuevo. ¿Quién, conociendo esta verdad, podría seguir viviendo igual?
Es importante, entonces, interiorizar que Jesús se entregó en la Cruz por cada uno. Esa entrega es personal: por mí, por tí, y no fue hecha de manera “masiva”. Es por eso que la Cruz es un signo de victoria: por la Cruz ‘muere la muerte’. En ella perece el pecado, su fuerza y sus consecuencias; Jesús libremente decidió ‘morir mi propia muerte’. ¿No es esta la victoria más grande de la historia? ¡Qué poco importa si a alguno le sabe a fracaso!

DOMINGO DE RAMOSEntre todas las semanas del año, la más importante para los cristianos es la Semana Santa que bien vivid...
24/03/2024

DOMINGO DE RAMOS
Entre todas las semanas del año, la más importante para los cristianos es la Semana Santa que bien vivida puede convertirse en nosotros en camino de santidad. Esta semana se conoció también antiguamente como «la semana grande” puesto que constituye el centro y el corazón de la liturgia de todo el año. La Cuaresma ha sido una especie de navío que nos ha llevado al puerto después de un largo viaje. Y ese puerto de paz es el amor que Jesús nos muestra en estos días. «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13, 1).

Debiéramos preguntarnos seriamente qué tenemos que ver cada uno de nosotros, en nuestro diario vivir, con el AMOR del Jueves Santo, la MUERTE del Viernes Santo y la RESURRECCIÓN del Domingo de Pascua. AMAR, MORIR, RESUCITAR, son como tres movimientos «in crescendo» de la Semana santa. Tres realidades que, sin duda, son las más importantes en la vida de cada hombre.

AMAR es el verbo más conjugado de la historia. El hombre está sediento de amor. Cuando lo encuentra y cuando lo da, es feliz. Pero amar como Jesús con su medida y con su finalidad, no es fácil. Amar como Él amó supone negarse, olvidarse, vencerse. Amar como amó Jesús supone considerar de verdad a los hombres, a todos los hombres, como hermanos y estar dispuesto a compartir con ellos la herencia, toda la herencia. No, no es fácil amar así. Y por eso no lo hacemos. No lo hacen los hombres en general y no lo hacemos, evidentemente, los cristianos. Por eso, fácilmente, el Jueves Santo no lo entendemos.

MORIR. ¡Qué difícil! Y, sin embargo, la muerte está ahí, dispuesta a acudir puntualmente a la cita. No queremos saber nada de ella. Viéndonos, también nosotros mismos podríamos pensar: ¡Qué terrible una muerte sin respuesta! ¡Qué angustiosa una muerte sin retorno! ¡Qué cruel una muerte sin victoria! Contemplando el modo de vida de los hombres, también quizá el nuestro, cabría preguntarse: ¿Qué esperan los hombres persiguiendo tan ansiosamente el poder, el dinero, la gloria? ¿Está ahí la meta anhelada, el fin último, la aspiración máxima? ¿Qué piensan los hombres de la muerte? No es fácil aprender a morir; sin embargo, debiéramos esforzarnos por dar, a la luz de la muerte y sin necrofilia, hondura y categoría a nuestra vida, sabor cristiano y trascendente a nuestro existir. Pensar serenamente el Viernes Santo, a la sombra de la Cruz.

RESUCITAR. Es la última palabra de la muerte. El triunfo, la gloria, la alegría. Jesús, venciendo el tedio, el dolor, la angustia, la incógnita que se alza perturbadora ante la mente humana. Su triunfo es el nuestro. ¿De verdad lo creemos así los cristianos? Quizá en el fondo de nuestro ser sí lo creemos. Nos falta avivar esa fe, hacerla realidad diaria, ponerla de relieve al enfocar la vida, al acercarnos a los hombres, al vivir con ellos. Hay que intentar resucitar cada día en un esfuerzo permanente por dar a nuestra existencia un tono y un estilo en el que se reconozca inmediatamente a Cristo, cuyo final no fue la Cruz, sino la Luz.

AMAR, MORIR y RESUCITAR: tres realidades para pensar y para vivir en esta Semana Santa y en toda nuestra vida.

DOMINGO V DE CUARESMANuestra muerte para siempre es totalmente impensable desde el amor que Dios nos tiene. Un Padre qui...
17/03/2024

DOMINGO V DE CUARESMA
Nuestra muerte para siempre es totalmente impensable desde el amor que Dios nos tiene. Un Padre quiere vivir siempre con sus hijos y desea que éstos vivan siempre felices. Me parece totalmente fuera de lógica que Dios Padre nos entregue a su propio Hijo, viva con nosotros, sufra con nosotros, muera en una Cruz y después se vaya al cielo dejando las cosas tan mal como antes de venir. La lógica del amor pide que vivamos con Dios para siempre. Nos ha comprado con un precio demasiado caro. A nosotros sólo nos queda acepar de corazón el regalo de Dios y agradecerlo.

Las tres lecturas de la liturgia de este domingo nos dan buenas enseñanzas:

PRIMERA LECTURA: LA LEY DEL CORAZÓN
El pueblo judío siempre ha estado muy pendiente de las leyes de Dios. Pero, a veces, ha olvidado que las leyes de Dios son caminos hacia el amor. Por eso ha sido necesario que los profetas nos interpretaran su sentido. Hoy, el profeta Jeremías se adelanta al Nuevo Testamento y nos habla de una “alianza nueva”. Y es que una alianza sin amor es un contrasentido. Y las leyes antiguas se habían vaciado de aquello que las sostenían: el amor. Sin amor, todas las leyes de Dios se deterioran, envejecen. Esta ley la pone Dios en el lugar de donde nunca debieron salir: el corazón. Esto nos hace pensar que las leyes de Dios, cumplidas sin amor, son un cumplimiento. Un cumplo y miento. Por eso Jesús fue tan crítico contra los judíos de su tiempo. En realidad, eran unos hipócritas. Antes de cumplir cualquier norma debemos reflexionar “desde donde” las cumplimos. Si no vienen del corazón están mal situadas.

SEGUNDA LECTURA: JESÚS APRENDE A OBEDECER
Jesús vive en una obediencia total al Padre. Esto le costará “gritos y lágrimas”. Así aprende a obedecer, es decir, aprende lo que significa ser hombre. Y asume la Encarnación con todas sus consecuencias. ¿Quién es hombre y no sufre? ¿Quién es hombre y no llora? ¿Quién es hombre y no muere? Jesús quiso ser hombre con todas sus consecuencias. Y así se hace verdaderamente “nuestro hermano”.

EVANGELIO: JESÚS TIENE UNA LEY: LA DEL GRANO DE TRIGO
Tiene que morir para dar fruto. Bello y grandioso el deseo de aquellos “griegos” que se acercan a Felipe y le dicen: “Queremos ver a Jesús”. No eran judíos, pero han entendido que Jesús es patrimonio de toda la humanidad. Todos, judíos y no judíos, tenemos necesidad de Jesús. Jesús no es un lujo sino una necesidad. Y como tenemos necesidad de comer, de beber, de dormir, de respirar, así también tenemos necesidad de Jesús.
“El grano de trigo, si no muere, no da fruto”. Si el labrador se lamentara de tirar la semilla en el campo y prefiriera guardarla en el granero, mantendría la semilla, pero no podría obtener fruto. Dar la vida, entregar la vida, gastar la vida por los demás, a todos nos cuesta. También a Jesús. Pero Jesús no mira lo que tira, sino el fruto que va a recoger. Y si yo hoy soy cristiano, si yo puedo salvarme, si yo puedo enriquecerme con los tesoros de Dios, ha sido porque Jesús, como buena semilla, se enterró en el campo, murió, pero después resucitó. La resurrección de Jesús fue la gran cosecha para todos. Es cierto que Dios no quiere el dolor ni el sufrimiento. Ni para su Hijo ni para nadie. Pero sabe que sólo a través del sufrimiento puede quitar el sufrimiento. Sólo muriendo, puede dar la vida a todos. Una vida gastada, entregada a los demás, es la mejor manera de encontrarla en plenitud.

DOMINGO IV DE CUARESMAEl domingo anterior San Juan nos hablaba de la renovación del Templo. Hoy nos habla de la renovaci...
10/03/2024

DOMINGO IV DE CUARESMA
El domingo anterior San Juan nos hablaba de la renovación del Templo. Hoy nos habla de la renovación de la ley. El verdadero Templo es Jesucristo Resucitado. Y la verdadera Ley es la ley del amor, un amor que sólo el Hijo del Hombre nos puede dar.

«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre”. En este mundo, la palabra más gastada y desgastada es la palabra “amor”. A cualquier cosa llamamos amor. Por eso, lo mismo que existen monedas auténticas y monedas falsas, el auténtico crisol para distinguir el verdadero amor es aquel que “está dispuesto a sacrificarse por la persona amada”. Lo dijo Jesús: “Nadie ama más al amigo que el que da la vida por él” (Jn 15, 13). A través de la historia se han escrito obras bellísimas sobre el amor. Pero la CARTA MAGNA del amor es la que escribió Jesús en la Cruz sin letras ni palabras. Así, en el Monte Calvario Jesús elevó el amor a la cima más alta. Nosotros los hombres no podemos hacer otra cosa que “serpentear por tierra, incapaces de elevar el vuelo” (San Juan Crisóstomo). Al final del evangelio, San Juan, en una escena majestuosa nos presenta a Jesús mu**to en una Cruz, con esta inscripción de la Biblia:” mirarán al que traspasaron” (Zac 12, 10). En Él y sólo en Él debemos ya clavar nuestra mirada contemplativa.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único… para que tengan vida en plenitud”. Dios Padre no puede entregar al Hijo sin entregarse en ese Hijo. Por eso este Hijo herido, maltratado, clavado, y despreciado es LA PARÁBOLA MÁS BELLA DEL PADRE. Lo que Cristo nos está diciendo desde la Cruz es esto: Así es el Padre. Así de escandaloso es el amor del Padre. Por eso, cuando Jesús ya no puede abrazarnos físicamente porque tiene los brazos clavados, nos está diciendo: El Padre os está abrazando a todos. Cuando Jesús ya no puede caminar por las calles de Palestina o Jerusalén, el Padre sale a buscarnos a todos por los caminos del mundo. Cuando muere Jesús y se queda solo y ya no puede hablar; cuando la misma tierra se cubre de tinieblas, entonces el Padre no sólo habla sino grita, resucitando a Jesús y llenándolo de vida. Y al resucitarle nos dice que no estaba de acuerdo con aquella muerte ni con tantas muertes y tantos sufrimientos de los hombres y mujeres de este mundo. La última palabra la tiene el AMOR. Y con ese amor aprendido de Jesús podemos tener vida en plenitud. No la vida de Nicodemo ni de tantos hombres religiosos que se han esforzado en buscar la verdad por su cuenta y se han sentido decepcionados. Sólo la vida de Jesús, EL VIVIENTE, nos llena del todo y nos hace personas plenamente realizadas.

“Dios no ha mandado a su Hijo al mundo para juzgarlo ni condenarlo, sino para salvarlo”. No estamos en la vida para juzgar a nadie ni condenar a nadie. Los cristianos estamos en la vida para agradecer al Padre el regalo de su Hijo y para llevar adelante el proyecto de Jesús de hacer “una nueva humanidad” donde nadie se crea más que nadie, donde todos nos amemos como verdaderos hermanos. El día en que experimentemos el amor que el Padre nos tiene, todo puede cambiar. No es que vaya a salir otro sol o va a cambiar el cauce de los ríos. Va a cambiar nuestra visión sobre el hombre y sobre el mundo. Nuestro corazón se convertirá en jardín donde florezca el árbol de la vida, es decir del cariño y la ternura. Y nuestra vida se llenará de plenitud porque ese corazón, libre de cosas ajenas, se dedicará a cumplir la tarea que le ha sido encomendada: amar y ser amado.

DOMINGO III DE CUARESMA“Jesús sube al Templo para destruir el Templo… Jesús, al subir hacia el Templo, es el Transfigura...
03/03/2024

DOMINGO III DE CUARESMA
“Jesús sube al Templo para destruir el Templo… Jesús, al subir hacia el Templo, es el Transfigurado de la montaña contra los escribas disecados en los pergaminos, el Mesías del nuevo Reino contra el usurpador del reino envilecido en las componendas y putrefacto en las infamias. Es el Evangelio frente a la Ley, el Futuro frente al Pasado, el Fuego del Amor frente a las cenizas de la Letra. Ha llegado el día del choque y del golpe”. (G. Papini)
El episodio del templo narrado por San Juan en este tercer Domingo de Cuaresma tiene aspectos distintos a los sinópticos que debemos tener en cuenta a la hora de descubrir la originalidad de este evangelista.

1. JUAN PONE LA ESCENA DEL TEMPLO EL COMIENZO DEL MINISTERIO DE JESÚS
Parece más lógico ponerlo al final del ministerio, como hacen los sinópticos. ¿Por qué Juan lo pone al principio? Quiere que aparezca como “programa de Jesús”. Juan quiere decirnos que Jesús viene a poner fin a las Instituciones de los Judíos por haberse quedado “viejas” “obsoletas”. Y, naturalmente, una de las instituciones más importante era el Gran Templo de Jerusalén, recién restaurado por el rey Herodes. Ese Templo ya no cumple sus fines, es más, se ha convertido en un mercado y en cueva de bandidos. Por eso el evangelista habla de “la fiesta de los judíos”. Se palpa ya una ruptura con los cristianos. El Templo no puede convertirse en un lugar de seguridad, donde se quiera comprar a Dios con sacrificios y limosnas. A Dios no se puede comprar con nada porque “no tiene precio”. Es pura “gratuidad”. A la hora de avalar el comportamiento de Jesús en el Templo, los sinópticos citan a Is. 56, 7 donde se habla de «casa de oración y de sacrificios gratos a Dios”. Pero Juan ha preferido citar a Zacarías 14, 21 donde se dice que “aquel día no habrá comerciantes en el Templo de Yahvé”.

2. DESTRUID ESTE TEMPLO Y EN TRES DíAS LO LEVANTARÉ
Ni los judíos, ni los discípulos de Jesús se dieron cuenta de la hondura de estas palabras. Todos creían que se trataba del templo material de Jerusalén. “Pero Él hablaba del templo de su cuerpo”. Los apóstoles, después de la Resurrección y el envío del Espíritu Santo, caen en la cuenta de la profundidad de las palabras de Jesús. En Juan la palabra “recuerdo” significa descubrir la profundidad de las palabras y los hechos de Jesús histórico por la fuerza del Espíritu Santo. Clave preciosa a la hora de hacer una buena exégesis de la Escritura. Sin el Espíritu no podemos comprender la Palabra de Dios. Por otra parte, el Cuerpo Resucitado de Jesús es el Nuevo Templo de Dios. Notemos algo importante: Mientras los sinópticos hablan del Templo como “casa de oración” San Juan ha interiorizado el tema y nos habla de “la casa de mi Padre”. Jesús ha tenido con el Padre unas relaciones íntimas, inefables, maravillosas. Es el Hijo amado del Padre en quien se ha complacido. Es el Hijo que sólo busca “hacer siempre lo que al Padre le agrada” (Jn 8, 29). El Padre es su “ABBA”. Es decir, su hogar, su lugar de delicias, su paraíso, su nido, su sueño. Por eso, el hablar de este Padre, el dar a conocer a este Padre, es “el celo que le devora por dentro”. ¡Preciosa misión, capaz de llenar una vida!

3. NUESTRO CUERPO ES TEMPLO DEL ESPíRITU SANTO (1Cor 6, 19)
Dentro de nosotros mismos, sin necesidad de salir fuera, nosotros tenemos un templo vivo donde habita Dios. Ahí debemos entrar para prolongar ese encuentro inefable y maravilloso de Jesús con el Padre. No ofrezcamos ahí ofrendas ni sacrificios materiales para comprar a Dios. Nosotros en este templo no buscamos los dones de Dios sino el Dios de los dones. Este Templo tiene dos puertas: una de entrada y otra de salida. La puerta de entrada es el amor gratuito y maravilloso de Dios, mi Padre, a quien intento agradar y complacer. La puerta de salida es ese mismo amor convertido en servicio y amor desinteresado a mis hermanos. Son las dos caras de la moneda.

DOMINGO II DE CUARESMAEstá claro que este relato evangélico del segundo domingo de Cuaresma apunta claramente a la Resur...
25/02/2024

DOMINGO II DE CUARESMA
Está claro que este relato evangélico del segundo domingo de Cuaresma apunta claramente a la Resurrección de Jesús. Es un Jesús transfigurado, deslumbrante. Estamos ante un evangelio de vida que trasciende la muerte y pretende mantener viva la esperanza. Pero el relato termina diciendo que los apóstoles no se enteraron de lo que Él les anunció. Se atascaban ante el anuncio de la Resurrección. Y es algo que a muchos no nos acaba de entrar en la cabeza. Jesús es el Viviente, que trasciende el espacio y el tiempo.

Este relato de la Transfiguración no se puede entender si se desconoce su sentido simbólico.
«A los seis días» El sexto día del Génesis, tiene lugar la creación del hombre. También Moisés sube al monte Sinaí y está seis días cubierto por la nube, y al séptimo le habla Dios
“El monte alto” sin nombre, es una clara referencia al Sinaí lugar de la más grande teofanía.
“La nube”. La nube trae agua, trae sombra, trae vida. Sobre todo, en el tiempo del desierto está siempre presente como signo de que Dios les acompaña.
Los vestidos blancos son signo de la divinidad.
Moisés y Elías condensan todo el A.T. Moisés (La ley) Elías (los profetas).

LLEVÓ A PEDRO, A SANTIAGO Y A AJUAN
¿Por qué a estos tres? ¿Para darles un premio? ¡No! Porque necesitan una conversión, una transformación. Pedro, después de confesar a Jesús como Mesías, al aclararle Jesús que el Mesías tenía que padecer, apartó a Jesús para quitarle esa idea de la cabeza. Jesús reacciona y le llama Satanás. Él es el Maestro y marca el camino; los discípulos deben ir detrás. Santiago y Juan, mientras Jesús va camino de Jerusalén están hablando de los primeros puestos. Y al no querer recibir los samaritanos a Jesús le han pedido que enviara sobre ellos azufre del cielo. Jesús les ha reprendido. (Lc. 9,55). Los tres necesitan alguna lección particular. Y esas lecciones se dan mejor en el Monte, más cerca de Dios, y separados de las motivaciones terrenas.

LA VOZ DE PEDRO
¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes. “Vamos a hacer tres chozas”. Pedro está en la «gloria», y pretende retener el momento. Pedro, tan espontáneo, dice lo que piensa, y manifiesta su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quiere bajar. Es verdad que se había acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Pedro se equivoca al querer hacer tres tiendas iguales. Compara a Jesús con un personaje famoso del A.T. No ha caído en la cuenta de quién es Jesús. Por eso dice el texto que Pedro “no sabía lo que decía”.

LA VOZ DEL PADRE
¡Escuchadle! Es la palabra clave. Llega el momento en que sólo hay que escuchar a Jesús. A Moisés y Elías les habéis escuchado hasta ahora. Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y los profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT, como si el mensaje de Jesús nos viniera demasiado grande. Como Pedro, a lo más que nos hemos atrevido es a poner al mismo nivel la Ley, los profetas y a Jesús. Todavía no nos hemos creído del todo que Dios sea Padre, Amor, Misericordia, Compasión. Todavía seguimos escuchando mensajes sobre un Dios lejano y castigador.

"AL MIRAR ALREDEDOR NO VIERON MÁS QUE A JESÚS"
Este es el fruto de un encuentro auténtico con Jesús.Sólo vemos bien lo que tenemos que hacer, cuando hemos escuchado bien lo que nos ha dicho el Padre: “escuchadle”. Después de un encuentro al vivo con Jesús debe quedar muy claro que ya sólo nos interesa Jesús. Él es el absoluto. No debemos tener ya otros dioses. Ni debemos equiparar a Jesús con otras personas u otros intereses. Desde Jesús vamos a ser verdaderamente libres y vamos a llevar una vida en plenitud. Sólo Él nos puede hacer plenamente felices.

DOMINGO I DE CUARESMAEn los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones....
18/02/2024

DOMINGO I DE CUARESMA
En los tres ciclos litúrgicos, se lee, el primer domingo de cuaresma, el relato de las tentaciones. Este año leemos a Marcos. Es tan breve, que los liturgistas han tenido que añadir unos versículos de relleno, con otro tema totalmente distinto. Sin embargo, la concisión de Marcos no vacía de contenido la narración, sino todo lo contrario. Es impresionante la riqueza del mensaje. Veamos.

INMEDIATAMENTE. EL ESPÍRITU EMPUJÓ A JESÚS AL DESIERTO.
Para entender este texto hay que ir al contexto anterior donde Jesús ha sido bautizado y, al final, se ha abierto el cielo y ha descendido una voz del Padre: “Este es mi Hijo Amado, en Él me complazco” (v.11). Jesús se siente inundado, desbordado por el cariño infinito del Padre, experimentado ahora en forma “creatural” y siente necesidad de silencio y soledad. Por eso, es el mismo Espíritu Santo el que le empuja al desierto donde va a ser probado. Poco puede hacer el espíritu del mal a uno que está lleno de Dios, lleno de la ternura de Dios. Notemos que, así como hay un espíritu “malo” que nos impulsa al mal, también hay un Espíritu bueno que nos empuja al bien. Y, como dice San Pablo: “La mejor manera de vencer el mal es a fuerza de bien” (Rom 12, 21). En Marcos no hay tentaciones como en Mt y Lc. En Marcos toda la vida es prueba. Y esa prueba la vence fácilmente aquel que se siente “amado y querido” inmensamente por Dios.

CUARENTA DÍAS
El número 40 tiene resonancias en la Biblia: 40 años estuvo Israel por el desierto. 40 días estuvo Moisés en la montaña (Ex 34, 28). 40 días estuvo Elías en el desierto (1Re 19, 1-8). En nuestro caso se llega más atrás. Se llega al primer hombre que también fue tentado en el paraíso. Jesús es el Hijo de Dios, pero también es el hombre verdadero que va a repetir la historia de Adán “para invertirla”. Será el iniciador positivo de la historia. Con Jesús retorna el “jardín de Dios”, un Dios que pasea con nuestros primeros padres “a la brisa de la tarde”. Con Jesús se reinicia el Proyecto Original de Dios sobre el hombre y sobre el mundo. A Jesús le acompañan fieras, los animales que hizo Dios para Adán (Gn 2, 19-20). “La expresión griega expresa la convivencia “pacífica” con los animales. Se llega a la conclusión de que el tentador ha sido vencido para restablecer la paz en la creación universal de Dios” (E. Fascher). Esa pacificación que ya estaba en Is. 11,6s. “Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito” Los animales domésticos amansarán a las fieras y nadie hará daño a nadie” Y el hombre dejará de ser “lobo para otro hombre”.

Y LOS ÁNGELES LE SERVÍAN
Jesús es el Nuevo Adán que asume y vence la prueba de Satanás que amenazaba por destruir nuestra historia. En Gn 3, 24 Dios puso delante del jardín querubines, con una espada vibrante, para guardar el árbol de la vida. Ahora hay ángeles que le sirven a Jesús en la restauración de la nueva historia. Jesús nos llama a vencer la prueba en la que sucumbieron nuestros primeros padres. Nos invita a volver con Él al Paraíso y disfrutar de esa paz paradisíaca donde estaban nuestros primeros padres antes de la prueba: en paz con Dios, en paz consigo mismo y en paz con toda la creación. En Jesús, también nosotros nos podemos convertir en “ángeles servidores de la paz”.

C  U  A  R  E  S  M  A¿QUÉ ES LA CUARESMA?La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para pr...
17/02/2024

C U A R E S M A

¿QUÉ ES LA CUARESMA?
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.
La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIOLos relatos evangélicos tienen siempre una gran carga simbólica. Quieren que nos identifi...
11/02/2024

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
Los relatos evangélicos tienen siempre una gran carga simbólica. Quieren que nos identifiquemos con la situación que narran. En este caso, con el leproso. Todos llevamos dentro algo, mucho o poco, de lo que nos sentimos culpables. Podemos negarnos a admitirlo, escondiendo la cabeza bajo tierra, como el avestruz, o podemos reconocerlo y acudir humildemente a Jesús, con la certeza de que «si quiere puede limpiarnos». Él tiene el poder y la compasión necesarios para cambiar nuestra vida.

Marcos termina su primer capítulo programático con la curación de un leproso. Al golpeado por la lepra se le considera como a un mu**to viviente (Num 12, 12). Su curación se comparaba a la resurrección de un mu**to. Notemos la situación angustiosa de un leproso: tenía que soportar una triple marginación: la física, la social, y la religiosa. Hasta ahí llega la acción de Jesús. Le cura las tres marginaciones.
Marginación física. En medio de sus tremendos dolores físicos, se le apartaba y cuando pasaba gente, tenía que gritar: ¡Impuro! (1ª lectura). Se le echaba la comida a distancia sin que nadie se acercara a limpiarle las heridas. Poco a poco, la misma enfermedad le iba comiendo la piel y la carne. Su vida no era vida; era una muerte continuada.
Marginación social. Mientras el sacerdote no le daba el certificado de que estaba curado, tenía totalmente prohibida la incorporación a la vida social. No podía tener relación con nadie. Si lo propio del ser humano es la relación, la comunicación, el aislamiento social hacía más cruel la enfermedad.
Marginación religiosa. Todavía ésta era la más honda, la más sentida. Como se creía que la enfermedad era consecuencia del pecado, el enfermo se creía también lejos de Dios. Ni siquiera podía extender a Dios sus brazos abrasados por la enfermedad. Ni siquiera podía gritar a Dios desde lo profundo del corazón.

¿QUÉ HACE JESÚS Y QUE PODEMOS HACER NOSOTROS CON LOS ENFERMOS?
Le cura las tres marginaciones.
1. Le cura la enfermedad física porque Jesús no puede ver sufrir a la gente. El dolor nos deshumaniza y el Señor quiere que le pongamos remedio a través de medicinas y, cuando fuera necesario, con cuidados paliativos.
2. Le manda ir al sacerdote para que así pueda incorporarse a la vida social, y pueda llevar una vida como los demás. Es cierto que nosotros no podemos quitar las enfermedades del cuerpo. Para eso están los médicos. Pero sí podemos quitar la enfermedad de la “soledad”. En nuestras Residencias hay muchos ancianitos que tienen cubiertas sus necesidades físicas: no les falta comida, ni calefacción, ni medicinas. Pero se quejan de la “soledad”. Muchos se sienten abandonados de sus amigos y familiares. En la cruel pandemia del COVID lo peor ni siquiera fue la muerte sino la muerte en soledad.
3. Y, sobre todo, Jesús libera de la marginación religiosa. La de creerse que la enfermedad era el castigo de algún pecado que ha cometido. Aquí Jesús hace un despliegue de publicidad: siente lástima, extiende su mano, le toca. Jesús no sólo le cura con la palabra, con la mirada, con el corazón compasivo, sino también con el “tacto” algo que estaba prohibido por la ley. Podía haberle curado como al siervo del Centurión: No soy digno de que vengas a mi casa…dí una palabra y mi siervo quedará curado. Y Jesús le curó en la distancia. Aquí quiso tocarlo. Al sentirse tocado por Jesús percibe la inmensa ternura y cercanía de Dios, que es lo que más estaba necesitando. Dios es como la madre. Ama a todos los hijos, pero se vuelca más en el débil, el enfermo, el que más lo necesita. Así es Dios. También nosotros podemos curar a la gente de la tentación de creerse lejos de Dios. Dios siempre está cerca, pero mucho más de aquellos que sufren. Un beso, un abrazo, una caricia a un hermano nuestro que sufre, puede hacerle mucho bien. Sólo a través de nuestro cariño puede llegar a comprender que Dios le sigue queriendo.

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