Monasterio Cisterciense de San Andrés de Arroyo

Monasterio Cisterciense de San Andrés de Arroyo Nuestra Comunidad está orientada a la búsqueda de Dios, en fidelidad al carisma Cisterciense, cimentadas en la Regla de San Benito.

Desde los inicios, la Comunidad se ha dedicado fundamentalmente a la búsqueda de Dios, siendo fiel así al carisma Cisterciense, que por fidelidad a la Regla de San Benito, se traduce en un ponderado equilibrio entre oración y trabajo, como se ha ido realizando a lo largo de la historia desde que San Benito en el Siglo VI escribiera la Regla y fuera cauce para vivir el Evangelio. En el momento de

la fundación del Nuevo Monasterio (Cister) en el año 1098 los primeros monjes Cistercienses quisieron vivir en toda su pureza la Regla de San Benito. Como es sabido la espiritualidad Cisterciense, cimentada en la Regla de San Benito puede sintetizarse en la expresión "Ora et Labora". Nuestra Comunidad ha intentado ser fiel a este principio a lo largo de su existencia, acomodándose a las diversas épocas de la historia. En el momento actual, y como fruto de aquello a que en su día nos exhortó el Concilio Vaticano II, la Comunidad ha procurado sentir con la Iglesia; por ello ha acomodado la Liturgia de la Horas a las disposiciones de la Sacrosantum Concilium. Así mismo ha tenido muy presente el Decreto Conciliar sobre la renovación de la vida religiosa (Perfectae Caritatis); la Declaración del Capítulo General de la Orden Cisterciense sobre los principales elementos de la Vida Cisterciense actual (1968-1969) y todo aquello que ha emanado de la Santa Sede y de la Orden para una digna y eclesial renovación de la vida Monástica Cisterciense.

17/12/2024

Buen día.
Lamentamos informarles que éste año no podremos realizar los roscones de reyes que siempre hemos vendido para la Fiesta de la Epifanía. Esperamos su comprensión.
Atte.
Comunidad del Monasterio de San Andrés de Arroyo

1º domingo de adviento 2020. “Comentando las escrituras”.En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:—Mirad, vigilad: pu...
28/11/2020

1º domingo de adviento 2020. “Comentando las escrituras”.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad! (Mt 13, 33-37)

Comentario.
Comenzamos este tiempo litúrgico de adviento, que pertenece a los llamados tiempos fuertes, tiempo especial para acercarnos a Dios, para poner más esfuerzo si cabe en ser fieles, porque, la venida del Señor se acerca y no sabemos cuándo se hará presente en nuestra vida.
El evangelio nos exhorta a estar vigilantes, despiertos, preparados. Los afanes de la vida, el egoísmo, la mediocridad, nos pueden amodorrar y hacer inconscientes, y no estar preparados cuando llegue el Señor. La vigilancia sobre nosotros mismos, es el punto más subrayado por el evangelio “lo digo a todos, ¡Velad!” (Mt 13,37).
El tiempo de adviento y Navidad es el tiempo litúrgico de María, es tiempo mariano por excelencia, ella es la Virgen que concibe por obra del Espíritu, da a luz al Rey, y lo muestra a todos. En ella el Poderoso hace obras grandes, cuando va modelando en sus entrañas la humanidad de Cristo, contando con la colaboración de su sí incondicional.
Es el Alfarero que modela de nuevo la raza humana, con perfección inmensa. “Tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.” Is. 64,8. Dios quiere hacer en nosotros también una humanidad nueva, quiere modelarnos a imagen de su Hijo Jesús, por obra del Espíritu Santo, como hizo en las entrañas de María.
“Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en Él”. (Is 64,4). Dios no se cansa de modelarnos una y otra vez, de quitar impurezas y escoria de nuestra vida, de amar nuestro barro. Dios espera nuestro sí, como el de María, para realizar obras grandes también en nosotros. Quiere salir a nuestro encuentro: “Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos” (Is. 64,5) Tu Señor, sales a nuestro encuentro para modelarnos en Santidad y justicia, tu mano de alfarero es la que nos crea y regenera, basta que seamos dóciles, que dejemos hacer a Dios en nosotros, que busquemos sinceramente su rostro, hermosa tarea para este adviento.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! (Is. 64,1). Este deseo ha de estar en el fondo de nuestro corazón, como una semilla destinada a crecer, a dar frutos de vida, de una vida renovada en el Espíritu. Ha de ser un deseo creciente, durante todo el adviento, de modo que cuando llegue el Señor, nos unamos con Él, en un gozoso y eterno abrazo.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

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27/11/2020

REPOSTERÍA "EL CÍSTER"

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Gracias.
Monasterio San Andrés de Arroyo

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. “Comentando las escrituras”.En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Cuan...
22/11/2020

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. “Comentando las escrituras”.
En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme". Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?". Y el rey les dirá: "En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis". Entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis". Entonces también estos contestarán: "Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?". Él les replicará: "En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo". Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».
Comentario.
Es muy hermosa la majestad con que el evangelio nos muestra a Jesucristo, sentado en su trono de Gloria, acompañado de sus ángeles. “El reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. (Dn 7,27).
Jesucristo es el verdadero Rey (prólogo de la Regla de San Benito) a quien servimos con las potentísimas y gloriosas armas de la obediencia. “El último enemigo que será aniquilado por este Rey, será la muerte”. 1Cor 15,26. Por eso sabemos que estamos en el bando vencedor.
Este Rey, prepara su reino para nosotros desde toda la eternidad, con inmenso cariño, porque quiere que todos seamos felices en su presencia. Nos va a examinar de algo tan humano como es el deber de socorro, por ejemplo, a un accidentado, que incluso las leyes civiles castigan también. ¿Cómo te has portado cuando has visto a tu prójimo en necesidad, accidentado por tantos atropellos como algunos pasan en la vida? Y es que el Rey está escondido en cada ser humano que sufre, que pasa necesidad de pan ó de cariño; ese día nos dirá: aquel hombre, aquella mujer, era yo.
Es el misterio de la encarnación de este Rey que se hace carne humana como la nuestra, se hace uno de nosotros, para que nosotros amemos a Dios cada vez que amamos al hermano que tenemos al lado, sobre todo si es pobre, desagradable y descartado. Nuestro Rey recibe como hecho a Él todo el bien o el mal que hagamos a nuestro prójimo.
“Bendeciré tu nombre por siempre jamás Dios mío mi Rey”. (sal.144) Esta frase ha de ser nuestra felicidad hoy y siempre, porque en el Cielo no haremos otra cosa que bendecir a Dios y proclamar su realeza, que es fuente de paz y justicia, de vida inmortal y eterna, para todos aquellos que aman a Jesucristo como a su verdadero Rey.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 33 del tiempo ordinario.La Palabra de Dios hoy. “Comentando las escrituras”. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus d...
14/11/2020

Domingo 33 del tiempo ordinario.
La Palabra de Dios hoy. “Comentando las escrituras”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje,
llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos
de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que
recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió
dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno, hizo un hoyo en la
tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de
aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había
recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me
dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y
cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de
tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos
me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel
y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete
de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía
que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve
miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió:
"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y
recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al
volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que
tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará
hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y
el rechinar de dientes."» (Mt 25, 14-30).
Comentario.
El evangelio de hoy nos habla del Servicio Divino que hemos de prestar a Dios, como
respuesta a los dones recibidos. “Servid al Señor con temor, rendidle homenaje
temblando”. Salmo 2. Se puede temblar de miedo y se puede temblar de amor, y ese es el
temor de Dios, que es un don del Espíritu Santo; lo tiene aquel que ama tanto, tanto, que
tiembla de amor ante la Majestad Divina, aquel que por nada del mundo haría algo que
pudiera disgustar a Dios lo más mínimo. Ese temor Santo es principio de la sabiduría,
pr.1,7 porque nos lleva a buscar en todo momento cómo agradar a Dios, como hacer el
bien, cómo cumplir su voluntad, porque la verdadera sabiduría no es otra que seguir los
caminos de Dios. (Salmo 127).
Dios da sus dones según la capacidad de cada uno. Y unos muy contentos, en seguida,
ponen sus talentos naturales y todo don recibido de Dios, a su servicio, y son felices así,
buscando aumentar lo que han recibido, porque aman los dones recibidos, y a Aquel que
se los ha dado.
El que ha recibido 2 talentos no envidia al que tiene 5, no se plantea que Dios le aprecia
menos por haber recibido menos, no; sencillamente se dedica a hacer multiplicar lo que
tiene, con la ilusión de poder entregar un día todo lo que haya conseguido, porque es un
honor, y no pequeño, estar al servicio de este Señor, a quien mucho ama.
El que recibe un talento lo desprecia, lo entierra, en definitiva, no lo ama. La sabiduría
viene del temor del Señor, y de la falta de amor viene el desconocimiento de Dios, el
pensar en Dios como un amo exigente, y explotador, que siega donde no siembra. El Dios
déspota, opresor, cicatero y vengativo no existe, el único Dios que existe es el Dios bueno
que nos deja unos talentos preciosos, para que los hagamos producir, en bien nuestro y de
los demás.
Nos pide que seamos fieles, en esos dones que nos ha dado, porque quiere darnos
muchos más, y, por si fuera poco, nos quiere felices con él para siempre en el banquete
del Cielo.
El Señor echa fuera al empleado inútil, no porque no ha dado la talla, sino porque no ha
hecho nada de nada, ni siquiera poner el dinero en el banco para que de intereses. Dios
no nos pide imposibles, nos pide según nuestra capacidad. Enterrar el don es algo muy
serio, porque demostramos que Dios no cuenta para nosotros nada en absoluto.
Todos tenemos una vocación particular a la que Dios nos llama, y nos ha concedido
infinidad de gracias para poder hacerla realidad. Descubramos esa vocación y pongamos
todo nuestro ser en hacer realidad ese sueño de Dios de que trabajemos para su Gloria y
para bien de todos. Que ninguno de los dones que Dios nos ha dado, se quede sin invertir,
sin poner en acción; Dios ha invertido mucho en cada uno de nosotros, seamos fieles.
“Eres un empleado fiel y cumplidor, pasa al banquete de tu Señor.”

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 32 del tiempo ordinarioLa Palabra de Dios hoy. “Comentando las escrituras”.En aquel tiempo, dijo Jesús a sus dis...
08/11/2020

Domingo 32 del tiempo ordinario

La Palabra de Dios hoy. “Comentando las escrituras”.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» Mt 25,1-13.

Comentario.
El evangelio nos narra esta preciosa parábola de las vírgenes que salen a esperar al esposo. Y sucede que unas se preparan bien, y otras no. ¿Qué mujer no cuidaría hasta el último detalle de su boda? Pues parece que algunas no están por la labor, y se dejan el aceite.
Para entender mejor esta parábola del evangelio, podemos imaginar un tren que está llegando a la estación y que alguien se acerca a uno de los viajeros que van a subir al tren, y le dice que le dé un trozo de billete para viajar. Le respondería seguramente ¿De qué vas…? Si quieres billete cómpralo en la taquilla, cada uno va con su billete. Por descontado el otro pierde el tren, porque no llega a tiempo para comprarlo. Hay que estar preparados.
Hay personas que viven en la inconsciencia de Dios, que viven como si Dios fuera algo secundario, algo más de la agenda de actividades, o como trabajadores a sueldo, y no como Hijos que viven en casa con su Padre.
El aceite de la lámpara son las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad; Eso es algo personal e intransferible, que cada uno tiene que cuidar y hacer crecer; porque del aceite de esa lámpara depende todo, el amor ha de arder, si no, perdemos el tiempo.
En el Cielo tendremos el grado de felicidad y de Gloria que corresponda al amor con que hayamos amado a Dios y a los hermanos durante nuestra vida en la tierra. El amor a Dios es la clave secreta para entrar en el Cielo.
Las vírgenes se duermen todas esperando al esposo, sensatas y necias. Dios comprende y perdona nuestras debilidades; lo que no tiene remisión es que no amemos, que tengamos la lámpara del amor apagada. Dios no puede admitir en su compañía a los que no le aman, y por eso les dice a las vírgenes necias “No os conozco”.
No basta parecer que amamos, todas las vírgenes fueron a esperar al esposo, es necesario un deseo profundo de agradar a Dios, con un amor operante, ardiente y perseverante, como la mujer que prepara su boda con mimo, hasta el último detalle. El amor a Dios, ha de ser fuego que arda en el corazón, de modo que sea luz y fuerza para nuestra vida y para la de los que nos
rodean. Un amor en acción, que nos prepare al encuentro con el Señor con el corazón radiante de gozo.
El sueño también es símbolo de la muerte natural. Qué hermoso es despertar de la muerte con esta bellísima noticia: “Que llega el Esposo, Salid a recibirlo”. Pensemos en la muerte de esta forma y vivamos amando a Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser. (Mt 22,37).

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Solemnidad de todos los Santos. 1 noviembre 2020. “Comentando las escrituras”.había una muchedumbre inmensa, que nadie p...
01/11/2020

Solemnidad de todos los Santos. 1 noviembre 2020. “Comentando las escrituras”.

había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. (Ap 7, 9-14)
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. (1Jn3, 1-2).
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos , porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (Mt5, 3-5)

Comentario
“Somos Hijos de Dios” vivir como Hijos de Dios comporta recorrer un camino de Santidad, un camino personal, único e irrepetible, en santidad todos somos originales, no hay fotocopias.

Esas incontables maneras de ser Santo, se van desgranando en las bienaventuranzas, que nunca se agotan, porque cada tiempo histórico y cada persona concreta, al ponerlas en práctica, las renueva una y otra vez.

Los Santos son muchedumbre inmensa, son muchos más de los que pensamos o imaginamos. Algunos son muy destacados porque han recibido carismas especiales, pero la inmensa mayoría son anónimos, pero no por eso menos santos. Vienen de la gran tribulación. Los Santos han sufrido, han amado, han caído en pecado y se han levantado, y han lavado sus vestidos en la Sangre del Cordero para purificarse, acercándose a los sacramentos, a la Palabra de Dios y a la oración, por eso son Santos, no porque hayan nacido perfectos. No son superhéroes, son como tú y como yo, de carne y hueso. Viven confiando en la misericordia y en la Gracia de Dios, fieles en medio de muchas pruebas.

Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe. (Catecismo de la Iglesia Católica 1719)

Levantemos nuestra mirada hacia la multitud de Santos del Cielo, deseemos ardientemente su compañía y su felicidad, busquemos nuestro propio camino de Santidad y recorramos ese camino con gozo y esperanza, sabiendo que vale la pena el esfuerzo, porque “Los sufrimientos del tiempo presente, no pesan lo que la Gloria que un día se nos descubrirá” (Rom 8,18).

Los Santos nos acompañan en nuestro caminar hacia el Cielo, interceden ante Dios por nuestras necesidades y nos estimulan con su ejemplo. Serán nuestros amigos y compañeros en el Cielo junto a Dios por toda la eternidad. Pidamos su ayuda y protección en nuestras necesidades, nos quieren y nos esperan, confiemos en su valiosa intercesión.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 30 del tiempo ordinario.La Palabra de Dios hoy. "Comentando las escrituras"«Maestro, ¿cuál es el mandamiento pri...
25/10/2020

Domingo 30 del tiempo ordinario.

La Palabra de Dios hoy. "Comentando las escrituras"

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas». (Mt 22,35-40)

Comentario.
Amar a Dios es el mandamiento principal, es lo más importante. Que nuestra vida sea una continua búsqueda de Dios, que nuestro deseo sea agradar a Dios con nuestras obras, glorificarle con nuestras alabanzas, y gastar y desgastar nuestra vida en su servicio. “Señor 5 talentos me dejaste, mira, he ganado otros 5”. (Mt 25,14-30).
Jesús es el Amor de Dios hecho hombre, nosotros somos la imagen del Amor de Dios, por la Gracia del Bautismo y el Don del Espíritu Santo, que nos hace hijos en el Hijo. «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad” Ef 1,3ss.
Amar al prójimo es amar la imagen divina que cada ser humano lleva en su alma, es amar a los hijos de Dios.
Si somos Hijos de Dios, somos herederos de la promesa. Gal 3,29) Si yo veo a un Hijo de Dios en la persona del que tengo cerca, procuraré hacerle todo el bien que pueda, procuraré hacer felices a los que están a mi lado.
Formas concretas de amar al prójimo es el cuidado por la casa común, por la tierra en que vivimos. El respeto a las leyes civiles que no se opongan a la Ley de Dios. Prestar la ayuda necesaria en la familia, el trabajo, y en toda convivencia humana.
Una excelente forma de amor al prójimo es la práctica de las obras de misericordia. Las repasamos:
Obras de misericordia corporales: –Visitar y cuidar a los enfermos –dar de comer al hambriento –dar de beber al sediento –dar posada al peregrino –vestir al desnudo -Visitar a los presos –enterrar a los mu***os.
Obras de misericordia espirituales: -Enseñar al que no sabe –Dar buen consejo al que lo necesita –Corregir al que se equivoca –Perdonar las ofensas –Consolar al triste –Sufrir con paciencia los defectos del prójimo –Rezar a Dios por los vivos y difuntos.
La medida del amor a Dios es amarle sin medida (San Bernardo de Claraval) y en el amor al prójimo no hay posibilidad de excesos.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 29 del tiempo ordinario. "Comentando las escrituras".En aquel tiempo se retiraron los fariseos y llegaron a un a...
18/10/2020

Domingo 29 del tiempo ordinario. "Comentando las escrituras".
En aquel tiempo se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.» (Mt 22,15-21).
Comentario.
El evangelio de hoy nos muestra como tienden a Jesús la trampa perfecta. “¿Pagamos o no pagamos el tributo al César?” Escoja lo que escoja, está pillado. Si dice que no, lo detendrán por opositor al poder romano, si dice que sí los judíos lo mirarán como traidor.
Jesús no solamente responde, sino que da la vuelta a la cuestión. El César tiene un señorío que le permite cobrar tributos. Pero además de los Señores de la tierra, está el Señor de Cielos y tierra, que tiene una dignidad como nadie, y derecho sobre todos como Creador y continuador de todos los seres.
“Dar a Dios lo que es de Dios” es lo que nos pide hoy el evangelio, y comporta ser muy valientes.
-Valientes en entregar a Dios el homenaje de nuestro entendimiento y voluntad, cultivando y cuidando cada día la fe en Él. “Vivo de la fe en el Hijo de Dios que me amó hasta entregarse por mí”. (Gál 2,20)
-Valientes en esperar contra toda esperanza, porque es fiel quien hizo la promesa. (Heb. 10,23)
-Valientes en amar: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. (Lc 10,27).
-Valientes en perdonar las ofensas recibidas. “No debías tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?” (Mt 18,33)
-Valientes en manifestarnos como cristianos sin miedo al qué dirán, dando a Dios el culto que merece, con nuestra oración, recepción de los sacramentos, y obras de misericordia y caridad. “Y os digo, que a todo el que me confiese delante de los hombres, el Hijo del Hombre le confesará también ante los ángeles de Dios.” (Lc 12, 8-9.)
-Valientes en anunciar el evangelio, en dar a conocer que Jesús que es quien da sentido a nuestra vida, que vale la pena seguirlo, amarlo y adorarlo. “Te ofreceré Señor un sacrificio de alabanza” (salmo 115) “Bendice alma mía al Señor, Dios mío que grande eres, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto”. (Salmo 104)
M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 28 del tiempo ordinario "Comentando las escrituras".En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en p...
11/10/2020

Domingo 28 del tiempo ordinario "Comentando las escrituras".

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios;
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" (Mt 21,1-14).

Comentario.
El evangelio nos narra una preciosa parábola, en la que Dios, como Rey, nos invita a todos a la boda de su Hijo. Los invitados se excusan, y Dios insiste una y otra vez, venid a la boda, todo está a punto.
Es la libertad humana, la que decide el lugar que ocupa Dios en su vida; decide si Dios está por encima de las cosas, de nuestras cosas, o las cosas están por encima de Dios, y rechaza entonces la invitación a ir a la fiesta de bodas.
Las cosas no son Dios, y preferir nuestros asuntos, a la invitación que Dios nos hace, de participar en su gozo eterno, es un desprecio muy grande a Dios, una idolatría, porque preferimos otros dioses, otras cosas, al verdadero Dios. Nuestro Dios es un Dios celoso de su Gloria. “Yo soy el Señor y no hay ningún otro” (Is 45,5) “Ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua alabará a Dios. (Rom 14,11).
Dios nos invita a entrar en su fiesta, a estar en comunión con Él, con sus sentimientos, con sus deseos, con su voluntad. Ese es el traje necesario para entrar en la boda, tener a Dios en el primer lugar, su reino y su justicia, para que Él sea lo primero en mi vida.
La invitación es para todos malos y buenos, el traje de fiesta, es la Gracia de Dios, el bautismo, la vida nueva en Cristo Jesús, siempre podemos cambiar, la invitación y la misericordia de Dios permanecen, buenos y malos, purificados con la Gracia de Dios pueden entrar en el banquete.
“Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a Él y él te daría agua viva” (Jn 4,10) Si supiéramos lo que Dios nos ofrece, no seríamos capaces de rechazar su invitación, pero no lo comprendemos, estamos en el tiempo de la prueba, para que resplandezca más la fe, la esperanza y el amor, de los que son fieles a Dios.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
(San Andrés de Arroyo) Palencia.

Domingo 27 del tiempo ordinario "Comentando las escrituras".Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viñ...
04/10/2020

Domingo 27 del tiempo ordinario "Comentando las escrituras".

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos. (Is 5, 1-7).
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. (Mt 21, 33 y ss.)
Hoy la Palabra de Dios, nos habla de un canto de amor de Dios por su viña, que somos cada uno de nosotros. Dios enamorado de su viña, plantó buenas cepas, en tierra fértil, la cuidó con mimo, quitando piedras, regándola, cercándola. Viene a buscar fruto y encuentra agrazones.
La vida del hombre está envuelta en el misterio del bien y del mal, de la luz y la tiniebla, del trigo y de la cizaña, de las uvas maduras y dulces y de las agraces. Solamente una respuesta de amor, puede madurar la uva de la cepa, un amor apasionado por el bien, la verdad, la justicia, la vida, como el dueño de la viña. La Gracia de Dios quiere hacer de nosotros uvas maduras que destilen dulzura para que la paz de Dios esté con nosotros y con los que nos rodean. El fruto del pecado son los agraces, es la amargura, la tristeza, la acidez de una vida egoísta, y sin sentido lejos, de Dios y de sus cuidados.
Dejémonos traspasar por la amorosísima queja de Dios, ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué esperando uvas dio agrazones? Dejémonos traspasar por el grito de Cristo en la Cruz, que muere fuera de las murallas de Jerusalén, fuera de la viña, por nuestra salvación.
Dios nos ha dado todo en su Hijo Jesucristo, dispongámonos a dar buen fruto, a ser fieles de ahora en adelante, a preocuparnos unos de otros como Dios cuida de su viña, a levantarnos una y otra vez de nuestras caídas, porque Dios siempre es fiel, y no se cansa de perdonarnos, y de enviar criados a recoger el fruto que debemos dar. Dios insiste ayer y hoy por medio de sus profetas y enviados para que demos fruto, de otro modo “se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”. Dios respeta nuestra libertad, nosotros elegimos.

M. Mª del Carmen Gordaliza.
Abadía Cisterciense de Santa María y San Andrés
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