28/04/2026
A veces el sueño, el cansancio, el trabajo y los deberes del día a día se convierten en cargas tan pesadas que terminamos usándolas como excusa para dejar de buscar a Dios.
Sin darnos cuenta, caemos en una trampa silenciosa: pensar que cuando tengamos más tiempo, más fuerzas o menos problemas, entonces buscaremos su presencia, pero la verdad es otra.
No es cuando todo está en calma que más necesitamos a Dios, sino precisamente cuando estamos cansados, ocupados y cargados. Ahí es donde su presencia renueva nuestras fuerzas, trae paz a nuestra mente y dirección a nuestro corazón.
No dejes que el cansancio te aleje de Aquel que puede darte descanso.
Hoy, antes de seguir con todo lo que tienes que hacer, detente un momento... y busca a
Dios.