09/01/2023
En Mateo 14:22-33 encontramos a los discípulos en una situación complicada: estaban en una barca y el viento y las olas del mar eran tan fuertes que luchaban contra ellas. Sin embargo, en medio de la oscuridad aparece Jesús caminando sobre las aguas y lo primero que les dice es "No tengan miedo ¡tengan ánimo! Yo estoy aquí" (NTV). Curiosamente, algunos de los sinónimos de la palabra miedo son duda y desconfianza pero uno de sus grandes antónimos es la palabra paz. La RAE define la paz de la siguiente manera: Estado de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud. Es decir, que Jesús, en otras palabras, les estaba diciendo: no importa lo que están viviendo, mantengan su interior en paz y no se turben ni inquieten, porque yo estoy aquí.
La historia continúa con Pedro pidiéndole al Señor ir hacia él sobre las aguas y cuando comenzó a caminar, en un momento dado, el viento fue tan fuerte que sintió miedo, y en ese temor apartó la mirada de Jesús, lo que provocó que comenzara a hundirse. Esto nos puede resultar muy familiar: enfrentamos una situación complicada y apartamos la mirada de Jesús, comenzando a hundirnos en nuestras preocupaciones, dudas y miedos. No obstante, Pedro clamó por ayuda y cuando Jesús le tendió la mano para sacarlo del mar, le dijo: "Pedro, tú confías muy poco en mí. ¿Por qué dudaste? (TLA)." Y quizá Dios te está diciendo esto hoy a ti, y preguntándote ¿por qué dudas de mí? ¿por qué temes? ¿acaso no te he dicho que Yo estoy aquí? ¡TEN ÁNIMO!
El problema o situación que estemos enfrentando puede estar en su máximo apogeo y aun ahí, nosotros tener paz y vivir confiados en Dios y sin temor alguno (Juan 14:27) y la clave para ello siempre será hacia dónde estamos enfocando nuestra mirada: si hacia el mar embravecido o hacia el Dios que nos hace caminar sobre las aguas.