03/04/2026
En una atmósfera de recogimiento y profunda espiritualidad, la comunidad se congregó ayer jueves santo para participar en una misa celebrada de manera especial, evocando el gesto humilde y lleno de amor de Jesús al lavar los pies de sus apóstoles. Este acto, cargado de simbolismo, invitó a los fieles a reflexionar sobre la entrega, el servicio y la fraternidad, valores esenciales del mensaje cristiano.
Durante la ceremonia, el silencio reverente y la solemnidad del rito permitieron a los presentes adentrarse en un momento de íntima conexión con lo divino. El lavapiés, recreado con devoción, recordó que la grandeza se encuentra en la humildad y en el servicio desinteresado hacia los demás.
Una vez finalizada la Eucaristía, se procedió a portar el Palio, en un gesto solemne y significativo. Bajo él, se ofreció respeto y profunda devoción al Santísimo Sacramento, en un ambiente de recogimiento donde cada mirada, cada gesto y cada silencio expresaban la fe compartida de la comunidad.
Acto seguido, dio comienzo la procesión del silencio, a cargo de la cofradía del Cristo del Silencio. Las calles, envueltas en penumbra y apenas iluminadas por la tenue luz de los cirios, se transformaron en escenario de meditación y respeto. El paso avanzaba lentamente, acompañado únicamente por el sonido acompasado de los pasos y el eco del silencio, que hablaba más que cualquier palabra.
Así, entre la solemnidad de los ritos y la emoción contenida de los fieles, la jornada se convirtió en un testimonio vivo de fe, tradición y profundo recogimiento espiritual.