17/03/2026
TRIDUO EN HONOR A SAN JOSÉ ESPOSO DE
NUESTRA SEÑORA DE BELÉN Y PATRIARCA DE LA IGLESIA. PATRÓN DE LA VIDA CONSAGRADA, DE LAS FAMILIAS, DE LOS TRABAJADORES Y DE LA ORDEN DE HERMANOS DE BELÉN
Tema del Triduo: Los paralelismos entre San José y Pedro de San José
Primer día Los sueños. –
Desde su infancia el Hermano Pedro tendrá “sueños”, al igual que los de San José hay que entenderlos en el lenguaje figurado para expresar las intuiciones, inspiradas por Dios,
que habla en el silencio al que confía y, por eso, con sencillez, se duerme.
El Hermano Pedro, como San José, confían en el Señor, que les guía mientras ellos dejan sus inquietudes, sus afanes y trabajos, mientras “duermen”.
A este tipo de sueños, como los de San José pertenecen los encuentros y lo que le dijeron al Hermano Pedro el anciano, la Virgen María del Rosario en Petapa y el Nazareno de la
Merced en Antigua.
El silencio que deberíamos practicar, hablando solo cuando es necesario, sin ruidos de nuestros pensamientos, sin ansiedades, inquietudes o distractores, equivale a “estar
dormidos”, descansando en el Señor. Así, en la entrega confiada podrá Dios hablarnos como a San José o al Hermano Pedro.
Estar durmiendo o dormido, aunque puede entenderse como si fuese lo mismo no lo es en realidad. Durmiendo, es un gerundio e indica una acción, es lo que se hace. Dormido es
un participio, nos habla de cómo se está, del dejarse llevar, del entregarse.
Cuando estamos dormidos abrimos nuestros limites, que, como en la oración silenciosa y contemplativa, nos permite recibir con claridad, sin obstáculos ni moldes, la voz de Dios.
Todo sueño en el Señor es un éxtasis o traspaso de los límites, en el que lo espiritual, el amor, queda libre de lo sensible, de lo corporal, de lo racional, para entrar en el encuentro con lo divino libre de nuestros propios límites.
El lugar de los sueños para el betlemita son la contemplación del Niño en Belén, la celebración de la Liturgia, la adoración eucarística, el trabajo orante, y, sobre todo, en la Obediencia, ya que es la escucha confiada y, para oír a Dios hay que
entregarse confiadamente a estar dormido para poder entender lo revelado en el sueño.