04/05/2026
Hay momentos en los que el tiempo se detiene y el corazón de una hermandad late al unísono. Ayer, el barrio de La Villa no solo fue gitanillas y cal; fue el altar viviente de una fe que se hereda de padres a hijos.
Nuestra Virgen de los Desamparados, Madre de la Caridad, ha cruzado el dintel de su hogar para hacerse vecina en nuestras calles. Verla avanzar por los rincones de su barrio es recordar que nunca caminamos solos, que bajo su manto siempre hay refugio para el que sufre y consuelo para el que busca.
Al llegar a la calle Villalta, la emoción se hizo visible. En una inmensa petalada que parecía no tener fin, el cielo se tornó en seda para acariciar su rostro. Cada pétalo caído era una oración silenciosa, un “gracias” por su protección y un “te quiero” gritado desde el alma de su juventud.
Arropada por su devoción, como solo nosotros sabemos hacerlo: con el silencio respetuoso, el vello de punta y las lágrimas que brotan sin avisar.
Gracias siempre a todos los que lo hicieron posible y acompañaron a la madre De Dios.
Por siempre VOLVER a caminar al latido de tus pasos.