21/06/2026
XII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre… ”
COMENTARIO LITÚRGICO
https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/21-6-2026/
Las lecturas de este domingo nos ponen ante un tema difícil de entender y de aceptar: Si vivimos el Evangelio y sus valores, tarde o temprano, aparecerán el conflicto y la persecución. Y en ese punto debemos seguir confesando nuestra fe y no negando a Jesucristo.
Escuchamos la palabra angustiada del profeta Jeremías –perseguido– quien pide a Dios que le proteja de quienes le persiguen y se manifiesta seguro de su relación con Dios: «El Señor está conmigo», proclamando así su total confianza en la salvación de Dios.
En el pasaje de la carta de san Pablo a los Romanos podemos entender mejor las razones de la confianza en la salvación que Dios nos ofrece. Por un hombre (Adán) entraron en el mundo el pecado y la muerte; pero no hay proporción entre el delito y la gracia de Dios que nos otorga por un hombre, Jesucristo, y se desborda sobre todos.
La confianza en la gracia de Dios puede lograr que la reacción humana ante la persecución sufrida por proclamar el Evangelio y seguir a Jesucristo no sea el miedo. Por tres veces nos pide hoy Jesús en el evangelio: «no tengáis miedo».
Confianza en Dios aun en las circunstancias más difíciles, agradecimiento por la gracia que desborda sobre nosotros y superación del miedo a vivir como seguidores de Jesucristo, esas son las líneas maestras que este domingo nos ofrece la Palabra de Dios para crecer en nuestra fe.
Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Almería)
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13
Dijo Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”, delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes. Acabarán avergonzados de su fracaso, con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor, que libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
SALMO
Salmo 68
R/. Señor, que me escuche tu gran bondad.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.
R/.
Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.
R/.
Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.
R/.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15
Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
PALABRAS DEL SANTO PADRE
https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2026/06/21.html
El Evangelio de este domingo (cf. Mateo 10, 26-33) recoge la invitación que Jesús dirige a sus discípulos a no tener miedo, a ser fuertes y confiados ante los desafíos de la vida, advirtiéndoles de las adversidades que les esperan. El pasaje de hoy forma parte del discurso misionero con el que el Maestro prepara a los Apóstoles para la primera experiencia de proclamar el Reino de Dios. Jesús les exhorta con insistencia a “no tener miedo”. El miedo es uno de los enemigos peores de nuestra vida cristiana, y Jesús exhorta: “No tengáis miedo”, “no tengáis miedo”. Y Jesús describe tres situaciones concretas a las que se enfrentarán. (…) Son como las tres tentaciones: edulcorar el Evangelio, aguarlo; la segunda, la persecución; y la tercera, la sensación de que Dios nos ha dejado solos. También Jesús sufrió esta prueba en el huerto de los olivos y en la cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, dice Jesús. A veces sentimos esta aridez espiritual; no tenemos que tenerle miedo. El Padre nos cuida porque nuestro valor es grande a sus ojos. Lo importante es la franqueza, es la valentía del testimonio de fe: “reconocer a Jesús ante los hombres” y seguir adelante obrando el bien.
(Francisco - Ángelus, 21 de junio de 2020)