02/03/2022
El Miércoles de Ceniza marca el inicio de los 40 días de Cuaresma, en los que la Iglesia Católica convoca a los fieles a la conversión y a la preparación para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.
La práctica de la Cuaresma data del siglo IV. Los evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo por Juan: “Impulsado por el Espíritu” al desierto, Jesús permanece allí sin comer durante cuarenta días; vive entre los animales y los ángeles le servían.
“Cuarenta días pasó Jesús en el desierto ( Mt 4,2) y tras su crucifixión, el tiempo en el que se apareció a sus discípulos fue precisamente de 40 días ( Hch 1,3) antes de la Transfiguración.”
La imposición de las cenizas en la frente simboliza la palabra de Dios, invitando a la conversión y a la penitencia a través de la oración, el ayuno y la moderación, significando el inicio del ayuno cuaresmal y la preparación para la Pascua.
Al imponer las cenizas, el sacerdote expresa algunas de las frases extraídas de las Sagradas Escrituras:
“Convertíos y creed en el Evangelio (Mc. 1,15).
Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás (Gn. 3,19).”
El Miércoles de Ceniza se debe considerar como un día de contemplación de las trasgresiones, mediante el ayuno y la abstinencia de la carne o consumo de proteína animal (aves y mamíferos). Esta práctica es extensible a todos los viernes durante la Cuaresma.
Las cenizas utilizadas en la misa provienen de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior. Se queman los restos de las palmas, se rocían con agua bendita y luego son aromatizadas con incienso. Es una costumbre no lavar la ceniza de la frente hasta que ésta desaparezca por sí misma, aunque no es de carácter obligatorio.