03/04/2025
LA FUNDACIÓN FUSTEGUERAS NO ES LA IGLESIA
..había que escribirlo para que se entienda...
El hecho de que la Fundación Fundación Fustegueras esté integrada en su mayoría por párrocos, el tratamiento que se ha dado a la finca de San Blas como una propiedad privada, desatendida, maltratada y abandonada a su suerte, desoyendo al pueblo y los movimientos sociales que demandan su cuidado y entrega al disfrute público, y la creencia popular equivocada, o cuando menos imprecisa, sobre la voluntad testamentaria de Miguel Fustegueras, han hecho que la imagen pública de la Fundación Fustegueras, encargada de administrar los bienes de la herencia Valdés, sea la que es.
Es frecuente escuchar comentarios de rechazo y desprecio hacia la Fundación, y hacia los curas, porque Miguel Fustegueras donó todo su patrimonio a la ciudad de Ponferrada y sus gentes, y esa voluntad no ha sido ni está siendo respetada, !con la iglesia hemos topado!“.
Para hacernos una idea y poder opinar con conocimiento de causa, es preciso conocer un poquito la enmarañada historia de la herencia Valdés.
El último descendiente de la familia, Miguel Fustegueras Alvarez, falleció el 19 de abril de 1961, habiendo otorgado testamento con anterioridad, con claras instrucciones sobre el destino de la fortuna amasada por sus antepasados durante los últimos dos siglos.
Y efectivamente, su voluntad escrita fue donar todo su patrimonio a la ciudad de Ponferrada. Sí, pero con condiciones, entre ellas las siguientes:
1ª) Que se creara una fundación formada por todos los párrocos de la ciudad, el párroco del pueblo de Campo y el alcalde de la ciudad, para hacer cumplir su voluntad y administrar su herencia.
2ª) Que se vendieran todos sus bienes, a excepción de su casa familiar de la calle Diego Antonio González -hoy calle Paraisín- y la finca de San Blas para que, con el capital que se obtuviera de las ventas, se fundara un Asilo de Ancianos regentado por monjas para los naturales del partido de Ponferrada.
3ª) Que el Asilo de Ancianos se fundara en su casa de la calle Diego Antonio González, y si no se permitiese la existencia de dicho asilo en el interior de la población se fundara en la finca de San Blas, y que la finca de San Blas se conservara para que con sus huertas, jardín y tierras, se siembre en ellas lo necesario para el consumo del asilo, hasta donde alcance.
Pero la herencia era muy golosa y una vez fallecido aparece un segundo testamento, amañado para hacer el reparto de sus bienes de forma diferente, la mitad a una obra pía (institución piadosa), y la otra mitad repartida entre sus administradores, sus sirvientas, médicos y abogados.
El Ayuntamiento de Ponferrada, enterado de la existencia del primer testamento, y consciente de la importancia del legado, inicia las actuaciones judiciales y las gestiones para anular el segundo testamento, lo que dio lugar a un largo litigio de casi 15 años, y al estancamiento de la herencia durante todo ese tiempo, hasta conocerse la sentencia, de 27 de diciembre de 1975, declarando como único testamento válido el primero.
Hubo que esperar 18 años, hasta 1979, para que la Fundación Fustegueras obtuviera su clasificación como de beneficencia particular y pudiera ponerse a trabajar en la subasta de bienes y la búsqueda de una finca idónea para la construcción de la Residencia, 18 años en los que la finca de San Blas y su castillo, sin dueño, estuvo abandonada y accesible a las gentes del pueblo. Y luego, otros 19 años, para ver cumplida la voluntad principal del testamento, la construcción de la Residencia de Ancianos de Campo y el comienzo de su actividad en 1998.
El inmenso patrimonio inventariado de la herencia incluía, en el Bierzo cerca de 450 fincas rústicas repartidas por hasta 26 localidades, y otras 50 fincas urbanas en Ponferrada, además de varios pisos y casas en Madrid. Valorado todo ello en 1977 en unos 600 millones de pesetas de la época.
Durante todos esos años de litigios, espera, incertidumbre y pasividad, la herencia Valdés, sin propietario ni administradores, fue maltratada y saqueada. Sirvientes, un párroco de confianza, oportunistas, ladrones, engaños y una fortuna de por medio. Esquilmaciones de patrimonio, dinero, muebles, joyas, ayuntamientos que expropiaron bienes por cuatro perras gordas, vecinos que absorbieron o movieron lindes de terreno. A la relación de los bienes que finalmente recibió el patronato, habría que añadir la historia de los bienes que no recibió.
El propio Ayuntamiento de Ponferrada sucumbió a la tentación de utilizar las propiedades de “Valdés”, apropiándose de los terrenos más valiosos, entre ellos buena parte del Polígono de las Huertas (unos 100.000 m2), la zona de las piscinas municipales y el campus universitario (42.000 m2), o los solares donde hoy se ubican el matadero municipal y el colegio San Antonio, así como la recalificación del 96% del terreno urbano del que disponía el patronato, para uso como zonas verdes o de equipamiento, provocando la lógica desconfianza de los párrocos que veían cómo el Ayuntamiento se aprovechaba gratuitamente de unos bienes que estaban destinados a ser vendidos para obtener el dinero necesario para la construcción de un Asilo de ancianos.
Finalmente, después de muchos avatares, se logra dar cumplimiento a la voluntad principal del testamento, la fundación de una Residencia de Ancianos, en Campo, inaugurada en 1998.
Pero es evidente que la voluntad testamentaria no ha sido respetada rigurosamente, primero porque la Residencia no ha sido construida ni en su casa de Ponferrada (cerrada y sin uso), ni en la finca de San Blas, como se recogía en su testamento, sino en una finca anexa a San Blas, denominada “Marquesa”. Y segundo, porque a la Finca de San Blas no se le ha dado el uso pretendido por el testador de “para que con sus huertas, jardín y tierras, se siembre en ellas lo necesario para el consumo del asilo”, ni se cumplen tampoco las obligaciones estatutarias de los patronos de “administrar los bienes, mantener plenamente su rendimiento y utilidad, y mantener en buen estado de conservación y producción los bienes y valores de la Fundación”.
Una vez en funcionamiento la Residencia, se comprueba que los ingresos que generan los residentes, y algunos fondos de reserva, son suficientes para el mantenimiento de la actividad, por lo que, desde principio de siglo, se paraliza la venta de fincas, y los trabajos de la Fundación en ese sentido se limitan a llevar el control de todas las inventariadas, vigilar su estado de conservación y evitar intrusiones o apropiaciones indebidas. Algunas han sido cedidas para otros usos, o arrendadas para su aprovechamiento agrícola, ganadero o forestal, con rentas simbólicas, por lo reducido de sus cuantías. Emblemáticas fincas de la Fundación en Ponferrada son todavía en Puente Boeza su campo de fútbol; en San Lorenzo las zonas verdes, parque y prado de las fiestas; o los terrenos cedidos para uso de aparcamiento junto el antiguo cementerio del Carmen, incluidos desde hace años en el desarrollo de un plan de urbanización de la zona que no termina de llegar.
Desde el fallecimiento de Miguel Fustegueras hasta conseguir primero la formación y legalización de la Fundación, y después la construcción de la Residencia de Ancianos, los alcaldes de Ponferrada tuvieron que emplearse a fondo para hacer cumplir la voluntad del testamento, inventariado de los bienes, trámites, negociaciones, nombramiento de administradores judiciales, innumerables trabajos jurídicos, inmobiliarios, notariales y registrales.
El primero al que le tocó lidiar con el embrollo de la herencia Valdés, fue D. Luis García Ojeda, alcalde de 1962 a 1974. Posteriormente, en 1976, siendo alcalde D. Juan Fernández Buelta, se dio fin al interminable pleito, se aprobaron los estatutos de la fundación y se hizo el inventario de bienes de la herencia. Los cargos del patronato se repartían así: Presidente, el Alcalde, Juan Fernández Buelta; Administrador, el rector de la Encina, Miguel Rodríguez de Miguel; Secretario el párroco de San Antonio, Francisco Beltrán Beltrán, y vocales, todos los demás.
En 1977, le sucede en el cargo de presidente, el alcalde José Morán Rodríquez, bajo cuyo mandato y para paliar el déficit acumulado durante todos esos años (contribuciones pendientes, impuestos municipales y fiscales, sueldos, abogados), se tomó la desafortunada decisión de la tala y venta de la mayor parte de la arboleda de la finca de San Blas.
El siguiente alcalde y presidente fue D. Celso López Gavela, de 1979 a 1995, quien consiguió el reconocimiento de la fundación como entidad benéfica de carácter particular, para poder desarrollar su actividad. En opinión de Francisco Beltrán, secretario de la fundación de 1976 a 1992, “Celso López Gavela se volcó en el tema del Patronato, desde las gestiones para su calificación hasta las realizadas en las ventas de los inmuebles de Madrid o la recalificación de terrenos en la revisión del PGOU, con una nueva distribución del suelo más justa, permitiendo a la Fundación una negociación con varias fincas de Ponferrada y ver con más optimismo el futuro. Al revisarse el Plan, se salvó Valdés”.
Como veis, el alcalde jugaba un papel fundamental, era a su vez alcalde y presidente de la fundación durante su mandato, y así fue durante los primeros 20 años de su existencia (Juan Férnández Buelta, José Morán Rodríguez, Celso López Gavela), hasta la llegada al poder de D. Ismael Alvarez Rodríguez, en junio de 1995, en que se cambia de criterio y el presidente pasa a ser un párroco. El primero es D. Julio Bueno Pérez, de la parroquia Jesús Redentor de la Placa, relevado en 1998 por D. Jose Antonio Arias Redondo, párroco de San Ignacio, quien incompresiblemente se mantuvo aferrado al cargo de presidente durante más de 20 años, hasta su jubilación como párroco octogenario en 2021 y, por tanto, la pérdida de su condición de miembro del patronato.
Jose Antonio Arias Redondo será recordado, además de por su buena gestión de la Residencia de Ancianos de Campo -con unas instalaciones envidiables y los precios más económicos de la Comunidad-, por ser quien más ha contribuido a esa mala imagen pública de la fundación, por su actitud autoritaria e intransigente, defensor a ultranza de la propiedad privada de la finca de San Blas y su castillo. Contra él se estrellaban todas las demandas sociales, los ofrecimientos desinteresados de asociaciones como Promonumenta para la limpieza de la finca de San Blas, y todos los intentos de acercamiento y diálogo, municipales o particulares.
En agosto de 2012, bajo el mandato de D. Carlos López Riesco, tras las obras de remodelación de la Avenida de Valdés, el Ayuntamiento de Ponferrada rinde homenaje, más que merecido, a D. Miguel Fustegueras, con la colocación de una estatua, en la misma calle, frente al Edificio Minero.
En 2014, siendo alcalde D. Samuel Folgueral Arias, surge el movimiento social denominado “Salvemos el Castillo de San Blas y su entorno”, y se hace en el castillo de San Blas la presentación de la novela negra “El hombre de la máscara de espejos”, uno de cuyos episodios está inspirado en el lugar. El acto estuvo apoyado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Ponferrada, con la presencia de sus autores, prensa y medios de comunicación, y con el anuncio del inicio de conversaciones con la Fundación para tratar de que, sin perder sus derechos sobre el castillo, cediese su explotación a la administración local, conseguir su puesta en valor y aprovechamiento para la realización de actividades culturales o de diversa índole. Todo ello no fue del agrado del presidente de la Fundación, que lo vio como una intromisión en propiedad privada.
Fue en el verano de 2016, cuando la Fundación Fustegueras presenta en el Ayuntamiento de Ponferrada una Declaración Responsable de Obra Menor para la ejecución de un cierre en la finca de San Blas, de 120 metros, con malla de simple torsión (en realidad fueron 200 metros ejecutados con malla electrosoldada sobre murete de hormigón). En pocos días, de forma sibilina y sorpresiva, sin esperar por la licencia municipal, se construye la polémica valla, provocando en aquel momento sorpresa, indignación y alarma social entre los muchos conocedores del valor del lugar y partidarios de la recuperación del Castillo de San Blas para el disfrute público, con repercusión en la prensa y en las redes sociales, al comprobarse lo inapropiado del cierre construido, completamente disonante con el entorno rústico en el que se ubica, cerrando además un camino vecinal existente que cruzaba bajo el puente sobre el río Boeza.
El despropósito de lo ejecutado dio lugar a la creación de nuestra Asociación, la Plataforma San Blas - Sumando sueños, como apoyo al movimiento social anterior, y para dar más fuerza al viejo sueño de la rehabilitación del castillo de San Blas y su entorno para el disfrute público.
Investigando sobre la decisión de la construcción de la valla, resulta que la mayoría de los párrocos miembros de la Fundación no tenían conocimiento de tal acción. Incluso la entonces alcaldesa Dª Gloria Fernández Merayo, y por tanto, miembro también de la Fundación, por no saber no sabía ni que existía el Castillo de San Blas. Todo apuntaba a una rabieta de su entonces presidente, mal aconsejado por alguno, en respuesta al movimiento social “Salvemos el castillo de San Blas y su entorno”, imponiendo su autoridad para proteger la “propiedad privada” de la finca.
Finalmente, se emite el esperado informe de los Servicios Técnicos Municipales declarando la imposibilidad de acceder a lo solicitado: Se incumplen las condiciones de cierre impuestas por el Ayuntamiento en cuanto a materiales y posición, (art. 7.1.8 apdos. 3 y 4 de la Normas Urbanísticas), las condiciones de la Confederación Hidrográfica, y las de la Sección de Explotación y Conservación de Carreteras de la Junta de Castilla y León.
El Concejal Delegado de Régimen Interior dicta un Decreto resolviendo denegar lo solicitado y, en contestación a nuestra denuncia de ilegalidad, se nos comunica que, con fecha de 21 de junio de 2017, ha sido incoado expediente sancionador por infracción urbanística (Expediente 2017/55).
La Administración nos daba la razón pero no se tomaba medida alguna. Ante nuestra insistencia, se nos revela que el expediente fue requerido desde la Alcaldía a la Sección de Infracciones Urbanísticas, y nunca más se supo. Y aquí no ha pasado nada.
Ya bajo el mandato de D. Olegario Ramón Fernández, con una pandemia de por medio, y con un nuevo presidente de la fundación, D. Herminio González Martínez, párroco de San Antonio, de carácter más receptivo y abierto al diálogo, se abre una nueva etapa y se anuncia lo que parece un principio de entendimiento entre Fundación Fustegueras y Ayuntamiento, con la cesión del jardín de la casa de los Valdés para la celebración de los conciertos de música de cámara Corteza de Encina - 2020, y las conversaciones entre ambas partes para dar un uso cultural a la casona de los Valdés, al servicio de la ciudad.
Las negociaciones se enfrían y tras la publicación en prensa, en diciembre de 2021, de las intenciones de esta Plataforma de convocar un “abrazo multitudinario al castillo” en señal de protesta y reivindicación, se nos pide paciencia para dejar que la Fundación hiciera trabajos de tala de vegetación y limpieza en el entorno del castillo. Ciertamente, durante el otoño de 2022 se acometió una importante tala de árboles, chopos en su mayoría, especies invasoras y vegetación incontrolada en la zona que envolvía y ocultaba su castillo, ganándole a la finca una superficie de unos 4.000 m2. Posteriormente, en la primavera de 2023, se eliminó una antigua caseta de bombeo que afeaba el entorno del castillo y se hizo una limpieza basta del terreno y su allanamiento, dejando al descubierto el antiguo estanque y algunos muretes ocultos, pero causando también algunos destrozos, como el relleno y anulación del cauce que desviaba el agua del Boeza para fertilizar la finca y dar servicio a su estanque y su molino, o las rodadas de la maquinaria utilizada.
Y ese ha sido todo el cuidado que se le ha dado a la finca en los últimos años. Al no haber una continuidad ni un plan de mantenimiento, pasado un año el terreno vuelve a estar selvático e impracticable, con el mismo abandono de siempre. Únicamente se ocupan de reparar la valla heredada de su anterior presidente, reventada y arrancada cada dos por tres, la que muchos ven como una agresión al pueblo, por su ilegalidad consentida y el empeño de mantener la finca como una propiedad privada.
Actualmente, el Patronato de la Fundación Fustegueras está compuesto por 12 miembros, de los cuales 11 son los párrocos de las distintas parroquias de Ponferrada y la de Campo, y el otro es el alcalde de Ponferrada. La designación o nombramiento de los patronos está ligada al desempeño del cargo de párroco, o de alcalde, y lo son quiénes en cada momento desempeñan dichos cargos, de tal forma que por el mero hecho de ser párroco, o en su caso alcalde, les cae el cargo de patrono.
Los trabajos de administración, gerencia y mantenimiento son encomendados a personal contratado: un gerente de la Residencia de Ancianos, un encargado de mantenimiento y un veterano ingeniero agrícola, desde los comienzos de la fundación, que se ocupa del asesoramiento y administración de las fincas de la herencia, y de dar cumplimiento bajo su criterio a las órdenes de su presidente.
En el patronato hay tres cargos de mayor responsabilidad, el presidente, quién ostenta la representación de la fundación, el secretario y el tesorero, ocupados respectivamente en la actualidad por D. Herminio González Martínez, párroco de San Antonio, D. Francisco Fernández Franco, de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús del barrio de la Estación, y D. Jose Antonio Madero Rodríquez, de la parroquia Santiago Apóstol de Flores del Sil. El resto, en su mayoría de edad avanzada, ni saben del castillo de San Blas, ni conocen los estatutos de la fundación ni las obligaciones inherentes a su cargo de patrono, son meros vocales figurantes que a la hora de votar apoyan las decisiones de su presidente, algo así como la disciplina de partido en la política.
Como en toda organización mucho depende de las cualidades y el talante de las personas que la componen y la dirigen. En realidad, los patronos, administradores de esta fundación, son párrocos en su mayoría, como pudieran ser de cualquier otro oficio o colectivo, lo que hay detrás son personas con nombres y apellidos. Sin olvidarnos de la figura del alcalde de Ponferrada, que ha jugado un papel importante a lo largo de esta historia.
Lo que está claro es que la Fundación Fustegueras no es la Iglesia ni es una fundación eclesiástica. Es una fundación clasificada como de beneficencia particular que, por definición, tiene su patrimonio afectado a la consecución de fines benéficos de interés general, y el interés general mucho tiene que ver con el bien común de toda la sociedad para la que fue creada.
Tan responsables de la desidia, el abandono y el maltrato a la Finca de San Blas, son los Párrocos como lo es el Alcalde de Ponferrada. Tan responsables son unos por construir una valla ilegal e insistir en la propiedad privada de la finca, como el otro por consentirlo y no aplicar la ley, como a cualquier ciudadano.
Tan responsables son unos como otro de no cumplir con sus obligaciones estatutarias de “mantener en buen estado de conservación, rendimiento, utilidad y producción, los bienes y valores de la Fundación”. De no tomarse en serio sus obligaciones, de hacer oídos sordos a los movimientos sociales del pueblo, de no sacar tiempo para reunirse, dialogar, tratar el asunto y alcanzar un entendimiento en beneficio de la ciudad.
Unos por otros la casa sin barrer.
Es el alcalde, la máxima autoridad municipal, y de él depende más que de nadie, la iniciativa de proponer un buen proyecto de rehabilitación del castillo San Blas y de recuperación medioambiental de la finca, porque el Ayuntamiento sí que puede disponer de recursos humanos y técnicos, acceder a ayudas y subvenciones. Sin ir más lejos, seguro que los del Anillo Verde podrían hacer un trabajo bonito y estarían encantados de que se les permitiera intervenir en la finca de San Blas. No así la Fundación Fustegueras, que no dispone de recursos, ni personal cualificado, y que centra sus prioridades en la buena gestión y el servicio que ofrecen a los residentes de la Residencia de Ancianos.
Lamentablemente, hasta la fecha, el actual alcalde, Sr. Marco Morala, y su equipo de gobierno, no han demostrado el más mínimo interés en el asunto.
Y ahora sí, que cada cual saque sus propias conclusiones.