17/05/2026
Entre nubes de gloria y luz eterna, Cristo asciende a los cielos, dejando en la tierra la promesa de su amor infinito. Sus manos abiertas no se despiden, bendicen; su mirada no se aleja, permanece sobre quienes creen. El cielo se abre como un reino de paz, mientras la humanidad contempla el triunfo de la vida sobre la muerte.
La Ascensión no es ausencia, es esperanza. Es el momento en que lo divino eleva lo humano y recuerda que, aun en medio de las sombras, existe un camino hacia la luz. Cristo asciende rodeado de resplandor, pero su presencia queda viva en cada oración, en cada acto de fe y en cada corazón que busca el cielo.
Y mientras se eleva entre rayos dorados y silencio sagrado, el mundo comprende que el amor verdadero nunca desaparece: se transforma en eternidad